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La moda musulmana «arrasa» en Francia

ABC ABC 04/04/2016 Juan Pedro Quiñonero

Una familia musulmana en un centro comercial de París. © Diario ABC Una familia musulmana en un centro comercial de París. La proliferación de una «moda musulmana» en varias cadenas de venta de ropa femenina, en toda Francia, ha abierto un nuevo debate de fondo, culturalmente sensible, políticamente inflamable. Abrió el «fuego» el diario popular independiente «Le Parisien», contando una realidad emergente: «Las grandes marcas de la distribución de ropa femenina se están abriendo a la moda islámica».

¿Qué es la «moda islámica»? La adaptación de prendas básicas (leggins, bañadores, «sudaderas», lencería íntima) al gusto y las «normas» de las mujeres musulmanas más o menos piadosas. Tal adaptación coincide con una ofensiva comercial importante. Las tiendas especializadas en la venta de velos islámicos y lencería para bailar la «danza del vientre» ha proliferado en varios barrios parisinos con mucha población musulmana, no solo inmigrante.

Entre 5 y 6 millones de franceses se dicen confesionalmente musulmanes. El proceso va mucho más allá de los barrios no siempre periféricos. La cadena sueca de distribución H&M hace tiempo que distribuye en sus tiendas parisinas prendas «adaptadas» a la piedad musulmana. Incluso ha ido más lejos: en una de sus campañas publicitarias, destinadas a la promoción de prendas femeninas, realizadas con productos «reciclados», utilizó a una maniquí que lleva un velo islámico «muy moderno».

Mark & Spencer, la cadena inglesa implantada en París desde hace décadas, incluso ha lanzado modelos «propios» de «burkinis» (una combinación «sencillita pero mona» de legging, túnica y velo hidjab). Mark & Spencer y H&M afirman ser independientes, y solo aspiran a «abrir nuevos mercados».

En un país con 5 o 6 millones de musulmanes, la tentación de la «moda islámica» es un mercado que grandes marcas consideran «esperanzador». No es un secreto que las grandes arterias del lujo parisino, los Campos Elíseos, la Avenue Montaigne y el Faubourg Saint-Honoré tienen muchos clientes musulmanes adinerados. Basta con pasearse por esas avenidas cualquier viernes o sábado para cruzarse con señoras acomodadas que llevan su velo en tejido de lujo.

El proceso de la introducción «emergente» de la moda islámica, en París, había sido cubierto con un púdico velo de silencio, hasta que la ministra de la familia, Laurence Rossignol, ha puesto el grito en el cielo, declarando: «Está claro que muchas mujeres eligen libremente ese tipo de ropa. Pero, desde mi punto de vista, las marcas y distribuidores de esos productos están haciendo la promoción del encierro del cuerpo de la mujer en una suerte de cárcel del islam político».

Pierre Bergé, antiguo amante y empresario de Yves Saint-Laurent ha entrado en el debate de la crisis, denunciando a las compañías que hace negocio con la «moda islámica», en estos términos: «La moda está para embellecer a la mujer. Hacer negocio con esos arcaísmos me parece un horror. Debemos pedir a esas compañías que tengan convicciones».

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