Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

La moda romántica

Notodo Notodo 23/11/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "La moda romántica" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "La moda romántica"

Del mismo modo que hoy en día la moda textil es uno de los modos más vacuos de expresión de la sociedad, la moda es sin duda, uno de los fenómenos sociales más interesantes del siglo XIX. En este siglo, triunfan los primeros grandes sastres con firma propia, aparecen las revistas de moda, y damas y caballeros sucumben a los cambios de temporada y a sus nuevas tendencias. Pero el auténtico interés que se desprende de la moda del romanticismo tiene mucho que ver con la literatura. Las fuentes literarias aportaron una prolija documentación para evocar el pasado. La literatura española del siglo XIX, desarrolló un concepto de historia vinculado a los ideales del romanticismo basados en la coherencia de valores expresados a través de una cotidianeidad aprendida y estudiada, que se materializó en aspectos muy descriptivos y puntillosos en cuanto a la ambientación.

No olvidemos además que el deseo de diferenciación dentro de las mismas clases sociales será lo que provocará la aparición de nuevas modas. “El cambio de moda es el impuesto que la industria del pobre carga sobre la vanidad del rico”, decía Nicolas Chamfort. La evolución de la moda del romanticismo vino de la mano de la revolución industrial y el desarrollo de la industria química que permitía trabajar con nuevos tintes y estampados y utilizar tejidos no usados en ropa hasta la época. La moda romántica estuvo, dentro de esa vanidad que menciona Chamfort, marcada por la influencia del reinado de Isabel II, mujer rompedora en cuanto a moda y creadora de tendencias, en parte por ser la primera mujer que comenzó a utilizar el cuadro escocés hasta entonces solo reservado para hombres.


Década a década, la silueta femenina sufre espectaculares cambios que la transforman: desde el traje imperio, fruto del furor neoclásico con el que se inicia el siglo, hasta las impresionantes y voluminosas faldas ahuecadas con crinolinas, pasando por la austeridad o el desarrollo del busto y las prominentes mangas. El traje masculino permanece, sin embargo, casi inmutable durante la centuria. El pantalón llega para quedarse y utilizan una indumentaria más sencilla como contrapunto a la época anterior, haciendo protagonista indiscutible al chaleco, Que mostraban con la levita abierta y era más creativo. Aparece aquí el concepto de dandy con silueta entallada cuyo máximo exponente es Mariano José de Larra, a quien el comisario de la muestra no duda en calificar como hipster.

Y todo esto en un contexto decimonónico, pues la muestra se enmarca dentro de la recreación de un palacete burgués de la época del Romanticismo en cuyas salas proponen un recorrido por las estancias características de estas viviendas, como el lujoso salón de baile, la alcoba femenina y el dormitorio masculino o el comedor, que nos permiten imaginar perfectamente a las señoras sentadas con su carnet de baile esperando a que las sacaran a bailar, escuchar el crujir de las telas en movimiento del traje de sociedad o conmovernos frente al vestido de novia en el oratorio. Así, entre fracs, levitas y chalecos de caballero, trajes femeninos de paseo, goyescos, de baile o de novia e incluso algunos modelos infantiles, el espectador se encontrará inmerso casi sin darse cuenta, en un viaje en el tiempo que cobra vida.








Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de Notodo

image beaconimage beaconimage beacon