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La oposición argelina advierte a Buteflika contra el fraude electoral

EL PAÍS EL PAÍS 15/04/2014 Javier Casqueiro

Nunca en la historia se había hablado tanto de España ni habíamos jugado un papel tan extraño en una campaña electoral en Argelia. Las urnas para elegir presidente de la República están convocadas este jueves pero en las últimas horas y días solo se discute sobre el uso que el actual mandatario hizo el sábado de la recepción oficial que le deparó por sorpresa al ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, y de lo que se puede o debe considerar como “terrorismo” en la disputa dialéctica, en un rescate tenso de una palabra tabú en un país que vivió hace poco una guerra interna cruel y sigue padeciendo esa lacra en determinadas zonas.

Por supuesto, el presidente y principal candidato a la victoria para un cuarto mandato de cinco años sigue siendo Adbelaziz Buteflika, de 77 años, que ni ha hecho mítines, ni habla y solo aparece en muy contadas ocasiones en audiencias elegidas para la televisión pública. En este caso tres: la del secretario de Estado norteamericano John Kerry, la del emisario de la ONU para Siria, Lakhdar Brahimi, y, la última, la del ministro español José Manuel García Margallo. Así ha transcurrido toda esta campaña en busca de otra transición para Argelia, que terminó el domingo, pero en realidad también todo este último año, desde que le dio un ictus en Francia que le mantuvo hospitalizado 88 días y del que se desconoce realmente cómo se ha recuperado. Sin embargo, estos días de la basura, teóricamente para la reflexión, continúan siendo campaña para todos los demás.

Este martes fue la jornada destinada sobre todo para que el principal rival de Buteflika, Ali Benflis, compareciera para defenderse de las acusaciones que el presidente le lanzó ante la cara pasmada de Margallo el sábado en una audiencia oficial. Buteflika lamentó que algunos políticos hubiesen aprovechado sus visitas a las regiones en esta campaña para amenazar a los gobernadores y a sus hijos si se producía el jueves algún fraude electoral. Consideró esas declaraciones televisivas de Benflis “terrorismo vía televisión”, pero fue solo a través de ese medio como se conocieron sus palabras, que ni siquiera pudieron escuchar en directo los periodistas españoles que acompañaron en su gira al ministro.

Ali Benflis convocó este martes a los medios a una rueda de prensa en su cuartel general, en el barrio de Ben Aknoun, a las afueras de Argel, que se convirtió en todo un combate. La cita era a las 10.30, empezó a las 11.25 y duró hasta las 14.00 horas. Primero propinó un discurso en árabe de 80 minutos y luego aceptó 10 preguntas. Unas pocas en francés y alguna de periodistas mujeres ante las reclamaciones en la propia sala de más paridad. La carpa exterior estaba abarrotada con 200 personas apiñadas. El candidato entró trajeado y risueño y acabó empapado en sudor y aliviándose las gotas con un pañuelo ante las cámaras tras la disputa y los duelos dialécticos que mantuvo con varios periodistas. Alguno fue incluso abucheado.

Benflis quiso entrar rápidamente al tema de la utilización de la visita de Margallo por Buteflika pero le dio a su respuesta un cariz de máxima gravedad: “Es una vergüenza. Nuestro pueblo, sin excepción, no puede tolerar ni aceptar que su jefe de Estado se permita este tipo de comportamientos contrarios a las reglas más elementales de la diplomacia”. E instó a los presentes a comprobar cómo habían sentado esas palabras de Buteflika entre los jóvenes y en las redes sociales porque habían herido con ello “el honor y el orgullo de la nación” al tratar un asunto de política interna con un diplomático extranjero.

La comparecencia dio para mucho más. Benflis y cualquier político argelino tiene enorme pavor a que se le pueda asociar en estos momentos con el término “terrorismo” por lo que significa internamente y por la “inseguridad e inestabilidad” que provoca también fuera, en los mercados y entre los socios que buscan en Argelia una alternativa fiable al suministro de hidrocarburos por el sur hacia Europa. Por eso se quiso presentar como “pacifista y pacífico” y realizó un enfático llamamiento a evitar la violencia en las calles incluso si cae derrotado el jueves, como ya sucedió en las dos anteriores elecciones. Benflis fue tres años primer ministro de Buteflika y éste le ofreció incluso dirigir una de sus campañas, hecho que rechazó porque ya veía la actual falta de libertades que ahora tanto crítica.

Lo que no quiso olvidar este martes el único candidato con opciones reales a disputar las elecciones al presidente fue su eterna acusación de fraude electoral: “Yo no preparo una revuelta pero no me voy a callar. Tengo más de 68.000 observadores en todos los colegios para vigilar el fraude. Mi divisa es la estabilidad pero el fraude es un tipo de terrorismo”. El Ejército salió ayer mismo al paso para asegurar, en boca del general Ahmed Salah Gaid, que se cumplen todas las condiciones para que nadie boicotee la cita electoral.

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