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La Palma de Oro se complica

EL PAÍS EL PAÍS 23/05/2014 Tommaso Koch

Andrey Zvyagintsev. Para los menos cinéfilos no será más que un trabalenguas. Pero en Cannes el nombre del director ruso es sinónimo de calidad y expectación. Los consensos cosechados por sus anteriores trabajos, como El regreso y Elena, avalan su trayectoria. Hasta el punto de que, en una edición especialmente reñida del festival, muchos confiaran en él para despejar por fin las incógnitas sobre la Palma de Oro. Pero habrá que esperar, al menos a juzgar por los aplausos al final de la proyección de Leviathan:una acogida positiva pero no fuera de lo normal.

Así, el nuevo filme de Zvyagintsev se coloca en unas quinielas que, entre los periódicos, las opiniones de los críticos y los tuits, incluyen prácticamente la mitad de las películas proyectadas en la sección oficial. Y lo hace con una historia que narra la trágica destrucción de una familia, entre amantes, vodka, referencias bíblicas y políticos corruptos.

“Leí la historia de un tipo en Colorado cuya casa iba a ser expropiada por una compañía. Alquiló una grúa, destrozó varios edificios y se acabó suicidando. Pudo ocurrir en todo el mundo pero para mí lo más cercano es Rusia“, explicó el cineasta, que acude una vez más a los conflictos entre seres queridos, auténtica constante de sus trabajos. Él mismo relató en varias entrevistas que nunca tuvo una familia completa y que su padre le abandonó cuando tenía seis años.

El cineasta dedicó parte de la rueda de prensa a una pelea interna que dejó boquiabiertos algunos de los periodistas rusos presentes. “En todo el mundo hay problemas de libertad y es un deber de todos combatir por ella. Querría hablar de nuevo de estos asuntos con el ministro de Cultura [Vladimir Medinsky]. Después de que viera el filme, dijo que tenía talento pero no le gustó. Lo entiendo, tiene mucho trabajo para hacer del mundo un lugar mejor”, aseguró Zvyagintsev, antes de que el productor de Leviathan apagara los fuegos y recordara el importante apoyo económico que la obra ha recibido por parte del Estado ruso.

Una vez abierta la caja de Pandora, más preguntas investigaron sobre la libertad con la que cuenta un director en Rusia. El cineasta suspiró. “¿Dónde está el bar?”, bromeó uno de los actores. “Hay que recibir las cosas a medida que ocurren. La película ha sido hecha, presentada al ministerio, nos financiaron y hasta ahora todo está bien”, contestó finalmente Zvyagintsev.

Medinsky salió citado de nuevo en un debate que aparentemente no tenía mucho que ver con él: la afición de los personajes por la vodka. “Me pareció divertido que el ministro de Cultura dijera que en Rusia no bebemos tanto como se ve en el filme”, señaló Zvyagintsev. Y a su lado, Aleksey Serebryakov, el actor principal de Leviathan, relató otra pelea, bastante menos seria: “Para Andrey el cine es más importante que la vida. Para mí no, así que a veces no estábamos muy de acuerdo”.

Antes de Zvyagintsev Cannes acogió a los protagonistas de la última proyección de la sección oficial. Sils Maria, del francés Olivier Assayas, mete a Juliette Binoche en el papel de una actriz que se enfrenta al paso del tiempo y al regreso de un espectáculo que le dio el éxito a sus 20 años y que ahora le piden que vuelva a interpretar. A su lado, su fiel agente, interpretada por Kristen Stewart, en una película que juega con la tensión sexual, el enloquecido mundo de las estrellas y el teatro.

La película también desvela un fascinante fenómeno que las nubes y la naturaleza escenifican cerca de la localidad suiza que da el nombre al filme. “Suiza ha sido fuente de inspiración para poetas y escritores [Allí Nietzsche concibió Así habló Zaratustra]. Quería mostrar el contraste entre un paisaje maravilloso y la preocupación de los personajes por el paso del tiempo”, relató Assayas. Y Binoche explicó su interés por su papel: “Siempre busco algo nuevo. Sería aburridísimo hacer siempre lo mismo. Con los años maduras y te vas perfeccionando porque la vida te esculpe y evolucionas”.

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