Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

La pelota está en el tejado y algunos están mal de la azotea

Logotipo de El Mundo El Mundo 01/10/2017 BENJAMÍN PRADO

Uno podría despachar este asunto diciendo que estamos rodeados de cínicos de manual y dictadores de guante blanco, hombres de paja agarrados al clavo ardiendo de su ahora o nunca, independentistas por accidente o conveniencia que se han fabricado su guerra de las Malvinas local para cubrirse las espaldas y tratar de echar tierra en los agujeros que ellos mismos le han hecho a Cataluña con su legendario saqueo del tres por ciento, su Palau de la Música, la herencia de cartón piedra de los Pujol y demás atracos a mano amada, es decir, sin erre pero con bandera, cometidos contra el pueblo que ayer se manifestaba contra ellos con tal grado de indignación que el entonces presidente de la Generalitat tuvo que acceder al Parlamento en helicóptero y que hoy mandan a las trincheras, montándose una algarabía patriótica que nos haga mirar para otra parte y les permita ganar tiempo, seguros de que no hay nada mejor que tirar una bomba de humo sobre el escenario para salirse por la tangente o escapar de tus acreedores por la puerta de atrás: a río revuelto, ganancia de pescadores.

Pero hay algo que te frena o, al menos, te hace reducir la marcha: ver que personas admirables como Lluís Llach o Pep Guardiola están con esa gente, apoyan su proceso, defienden que deshagan la ley para hacer la trampa. ¿Cómo hemos llegado a esto? La respuesta es de pura lógica: en esta película de terror, sin duda de serie B e interpretada por actores de tercera, hay muchos malos y ningún héroe, así que más que elegir bando, se exige agravio, algunos se quejan de lo que la España del PP le quitó a Cataluña y los demás de lo que la Cataluña de Junqueras, su Puigdemont y su CUP, donde cada día parece más claro quién es Mari Carmen y quiénes son sus muñecos, nos intenta robar a todos.

El mundo del deporte no es que se meta donde no le llaman, es que está ahí, justo en el centro de atención, que es un sitio muy parecido al ojo del huracán, y lo forman personas que no sólo pueden expresar sus opiniones, sino que resulta realmente difícil que se las puedan guardar, siempre con un micrófono cerca y una cámara al acecho. Habla Rafa Nadal, habla Mireia Belmonte, habla Pau Gasol o habla Gerard Piqué y las páginas de fútbol, tenis, natación o baloncesto parece que se manchan, que el incendio de la política las quema. Los aficionados se enfurecen, algunos piden que quienes no desean estar en España no sigan tampoco en sus selecciones. Son palabras que dejan heridas, cosas que ayudan más a construir barricadas que a tender puentes, pero a la vez son una demostración de que se equivocan los que dicen que esto no es una democracia o que aquí no hay libertad de expresión, por lo general son los mismos que se saltan a la torera las normas y ponen palos en las ruedas de la convivencia.

© Proporcionado por elmundo.es

Yo sí creo en la libertad, sin distinciones, y mantengo que la frase más hermosa pronunciada en este desdichado planeta es la de Voltaire: «No comparto ni una sola de sus ideas, pero daría mi vida por defender su derecho a expresarlas». Ninguno de los boxeadores que pelean en este combate podría decir lo mismo y por eso estamos donde estamos. La pelota está en el tejado, y aunque algunos estén mal de la azotea, el lunes volverá a estar en los terrenos de juego. Y nadie habrá ganado. Y habrá que volver a sacar de centro. Y Piqué seguirá con la misma camiseta roja que Sergio Ramos: son la mejor pareja de centrales del mundo y sólo un necio querría separarlos.

Leer

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más el El Mundo

image beaconimage beaconimage beacon