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La piedra oscura

Notodo Notodo 08/09/2016 Miguel Gabaldón
Imagen principal del artículo "La piedra oscura" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "La piedra oscura"

"No voy a desaparecer del todo, ¿verdad?", pregunta el personaje de Rafael, tembloroso al enfrentarse a la muerte en La piedra oscura. Pero Rafael no tiene miedo a la muerte. Tiene miedo al olvido. Sebastián, su guardián, le mira. La Piedra Oscura es una pieza de cámara acerca del miedo. Acerca del amor. Sobre la perdurabilidad del arte y de las relaciones humanas. Los horrores de la guerra y el encuentro con el “otro”.

Pablo Messiez dirige el texto de Alberto Conejero en el Teatro Galileo más de un año después de su primera residencia en Madrid tras una larga y exitosa gira que encontró el reconocimiento de crítica, público y de los Premios MAX, donde consiguieron algunos de los galardones más importantes: cinco concretamente, incluido el premio a Mejor espectáculo de teatro. Un texto que fabula acerca de la última noche del que fuera el secretario del grupo de teatro La Barraca y compañero sentimental de Federico García Lorca en sus últimos años: Rafael Rodríguez Rapún.

Conejero ubica a Rapún (que en realidad murió por las heridas de un bombardeo) en una celda a la espera de ser ejecutado por el bando franquista. Sebastián, apenas un chaval, es el encargado de vigilarle. Fuera, golpes y el mar. Dentro, ellos dos y la figura del poeta sobrevolándoles, invisible pero presente. Aunque no es ésta una obra sobre Lorca, sino que indaga en el acercamiento paulatino entre estos dos personajes. Y que consigue emocionar y conmover profundamente.

Todo, el fantástico y sutil texto, la comprensiva y delicada dirección de Messiez, la perfecta ambientación y la cercanía de la sala conforman una pequeña maravilla, sin grandes pretensiones pero preciosa y emotiva. Sin olvidar, por supuesto, la perfecta labor de sus dos y únicos protagonistas: Daniel Grao como Rafael (se te resquebraja el alma en los momentos en que se rompe) y Nacho Sánchez como el joven Sebastián (con una maravillosa composición de personaje). Dos actores llenos de verdad en un espectáculo rebosante de sensibilidad (que es una auténtica piedra preciosa) cuyo fin último es transmitirnos eso de que "Nadie puede desaparecer del todo..."

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