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La radio del padre de Pelé

EL PAÍS EL PAÍS 13/06/2014 Antonio Jiménez Barca

Entonces, dicen, le prometió que en cuanto creciera ganaría la Copa del Mundo. Lo cumplió ocho años después. El padre de Pelé, desolado ante una radio de las de entonces que retransmitía las palabras incrédulas de un locutor que describía cómo los jugadores brasileños lloraban abrazando a los atónitos jugadores uruguayos (que también lloraban tal vez por saberse usurpadores), es todo un símbolo de un país que psicológicamente se hundió aquel día. Un cronista brasileño de la época definió aquel partido maldito para Brasil de manera contundente: “Esto es nuestro Waterloo”.

Pelé, durante la final del Mundial de 1958 contra Suecia. © Proporcionado por El Pais Pelé, durante la final del Mundial de 1958 contra Suecia.

Desde entonces, la historia política de Brasil se ha mezclado siempre con el recorrido de la selección en los mundiales de fútbol. No es del todo una casualidad que las elecciones generales brasileñas, que se convocan cada cuatro años, coincidan sucesivamente con los mundiales. Este año también coinciden.

Pero volvamos atrás. Con la intención de alcanzar por fin el título que se les había escapado en Río ocho años antes, en 1958, un grupo de elegidos (entre los que se contaba el niño que oía los partidos al lado de su padre compungido) partió hacia Suecia. Además de los jugadores y los preparadores físicos, el equipo contaba, entre otros, con un masajista, un dentista, un psicólogo y un podólogo.

En Brasil hubo cachondeo con lo del podólogo. También con lo del dentista, que antes de comenzar los partidos extrajo una media de 3,5 muelas por jugador. Desconozco los dientes que le sacaron a Pelé a sus 17 años. El trabajo del psicólogo —más que el del podólogo— era importante porque se consideraba que los integrantes de la selección, según explica el periodista e historiador Marcos Guterman en el interesante libro O futebolexplica Brasil, flojeaban más de la cabeza que del pie. A juicio del especialista, Pelé era “obviamente infantil y sin espíritu de lucha” y Garrincha poseía una inteligencia “por debajo de la media” y carecía de “agresividad”. Felizmente, el entrenador no le hizo mucho caso y Brasil conquistó no sólo la Copa del Mundo sino la autoestima perdida como nación en el Maracaná.

Ahora también todo se mezcla y los politólogos y sociólogos discuten y peroran sobre qué influencia tendría una hipotética derrota de Brasil (que Brasil no gane es una derrota) en las elecciones generales de octubre y hasta qué punto Dilma Rousseff, la actual presidenta de la nación, se la juega no sólo en las urnas y en las protestas en la calle, sino también en el campo.

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