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La revista musical

Notodo Notodo 14/09/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "La revista musical" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "La revista musical"

El teatro de revista, perteneciente al denominado teatro frívolo, como la opereta o el cabaret, ha sido siempre uno de los géneros menos atractivos para la investigación académica, pero no sería justo pasar por alto que -a pesar de desprender un tufillo machista y rancio y de que el admirador serio del género me suscita la misma grimilla que Pérez Reverte, Dragó o Garci hablando de Ava Gardner-, por el hecho de haber sido un fecundo testimonio de las modas, gustos, cambios y acontecimientos sociales, políticos y culturales de toda una época y un medio de crítica en tiempos de la dictadura, con una híbrida morfología a caballo entre el teatro musical y el declamado, bien merece una exposición que, sin duda alguna, será nostálgica para algunos y terriblemente kitsch para otros. 

La muestra que acoge la Sala Cripta del Centro de Historias de Zaragoza hace un repaso al género importado de Francia y que pretendía ofrecer al espectador una variada gama de sucesos que habían acaecido a lo largo del año en curso, a través de dos recorridos: uno cronológico, que va desde el surgimiento de la primera revista hasta nuestros días, y otro que permite conocer, mediante diferentes decorados y escenografías – diseñadas por el francés Franck Delorme-, el interior de un teatro de revista, con y tramoya incluidos. Lo que comenzó siendo un género que “pasaba revista” en tono crítico y satírico a los acontecimientos del año e incluso a la prensa, a la guardia civil, la política o las costumbres, y cuyos dobles sentidos estaban marcados por una implacable censura que decidía las canciones, controlaba los escotes y aplicaba pañuelos en pechos y pubis, acabó evolucionando hacia otros matices totalmente diferentes al abrazar unos argumentos más frívolos hacia los años ochenta.


En sus inicios fue fruto de la influencia del sainete, el vodevil, la zarzuela, el music hall, el cabaret, el burlesque, la opereta y el cuplé, influencias todas ellas que irán conformando el género tal y como hoy lo conocemos. Pero la llegada de la televisión y los cambios en los gustos del público provocaron, desde la década de los sesenta, un declive del género que se aceleró con la llegada de la democracia: la relajación de la censura y el fenómeno del destape fueron la puntilla de la revista, ya no era necesario sugerir o insinuar. Con el destape como el nuevo leitmotiv de la revista surge el agotamiento argumental del género. Y con este, desgraciadamente, la cosificación de la mujer y su descenso a los límites más burdos y dantescos posibles en el siniestro mundo del entretenimiento catódico.

En palabras de Marian Nadal, ex vedette y comisaria de la exposición, “la revista es desconocida para los jóvenes” y señala que quienes la recuerdan tienen “una idea bastante casposa de la misma, ya que la asocian a los tiempos del destape o a los años de la dictadura”. Pero lo cierto es que, aunque la exposición puede sin duda considerarse divertida, la revista sí está ligada primero, a los años de la dictadura, y en segundo lugar al destape, y eso es irrevocablemente sinónimo de caspa; máxime si pensamos en ella como el espejo en el que se miraron después las mujeres florero como las Mama Chicho o las Cacao Maravillao. Esperanza Roy, Celia Gámez o Queta Claver dieron paso a la Cantudo, Concha Velasco o Lina Morgan, y más adelante fueron las azafatas del Telecupón o las modelos de Bellezas al agua las encargadas de difundir la palabra de Berlusconi en una grotesca reinvención del destape que, de un modo u otro, todos contemplamos boquiabiertos.


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