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La Roja nos saca los colores

EL PAÍS EL PAÍS 06/06/2014 El País

Como si España fuera el país más rico del mundo. Como si los jugadores de la élite futbolística no estuvieran ya suficientemente bien pagados. La decisión de la Federación Española de Fútbol de compensar a cada uno de los jugadores de la selección con 720.000 euros si ganan el Mundial de Fútbol ha causado bochorno, incluso indignación.

Cuando se conoció la cuantía de la prima, las ondas radioeléctricas se llenaron de críticas, improperios e incómodas comparaciones. Por ejemplo, ¿por qué tienen que ser los jugadores españoles los mejor pagados del mundo? ¿Y por qué han de recibir más del doble que los de la segunda selección mejor pagada, que es la brasileña (330.000 euros), y los de la alemana, que cobrarán 300.000? Especialmente corrosiva resulta esta segunda comparación.

Alemania es el motor de Europa y con frecuencia es criticada por imponer a los países del sur duras políticas de ajuste y contención del gasto. La noticia ratifica los tópicos —alimentados de realidades— que tanto daño han hecho a la imagen de España. ¿Qué mensaje se está dando con tan generosas retribuciones? El de que seguimos actuando de forma irresponsable como conspicuos derrochadores de lo que no tenemos.

Es cierto —y no es asunto menor— que el dinero no lo van a poner los contribuyentes, sino la FIFA; es la Federación la que decide cómo repartir a los jugadores la cantidad que recibirá de ese organismo. Y también lo es que ganar la Copa del Mundo viene a ser como comprar una gallina de huevos de oro: no deja de producir beneficios. Pero no pasaría nada si, además, se buscaran formas de dedicar parte de ese dinero a otras causas. Por ejemplo, el deporte de base.

Si se quiere que La Roja simbolice algo, no se puede ignorar de esa forma la realidad. En el Mundial de Suráfrica ya se pagó una prima muy cuantiosa (600.000 euros por jugador) y hubo un cierto escándalo, pero se diluyó pronto en la euforia de haber ganado la copa. Esta vez, sin embargo, puede ser muy diferente, incluso en el caso de que la selección ganara el Mundial. En 2010, la crisis acababa de empezar, sus peores efectos no habían llegado y se creía —bueno, algunos— que duraría cuatro días. Ahora es muy distinto. La crisis sigue ahí; el paro, con mucha gente pasándolo mal, también.

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