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La soledad es multitud

Logotipo de El Mundo El Mundo 04/10/2017 ANTONIO LUCAS

La soledad es multitud. (Le tomo por un rato esta frase a un joven y ágil compañero de ABC, Jaime G. Mora). Me gusta lo que esas palabras traen por dentro, su manera de apuntar al lugar de los solos. No únicamente quienes no tienen compañía, sino los solos. Una mujer o un hombre que reconoce en su ánimo la vergüenza, la derrota, el fracaso, la trampa, el engaño que alrededor le imponen, le ofertan, le estampan. Una mujer o un hombre que no hace juego con algunas cosas de su tiempo, de su ahora, de su minuto, de su instante. Hoy me he visto a mí mismo fastuoso de soledad, como un mendigo. Asqueado por el mercadeo delincuencial e impotente de unos y de otros. Por este desastre vencido, por este museo de odios que está reflotando.

No creo que exista solución posible. Lo más excelso que veremos será una demora de meses en lo inevitable. Cuarenta años de política y democracia (tantas veces de bajura) han servido para que en el momento de más alta tensión en las últimas décadas los hombres de Estado ni valgan el agua (del grifo) que beben ni muestren más seducción, inteligencia, valentía y reflejos que un anuncio de escabeches. La soledad es comprender eso. Y sospechar lo que acampa en el vertedero de la política española. Lo que queda por llegar. Lo absurdo del tiempo que estamos perdiendo no sólo para lañar el furioso e ilegal delirio independentista (no habrá paso atrás), sino para nuestra biografía. Para las cosas que importan. Para lo que impulsa a un país y hace que no pienses en marchar porque quienes gobiernan dejan sitio, sin demasiada interferencia en tu intimidad, en tu pequeña jurisdicción, en tu proyecto. Llevamos 10 años infestados de política, arrollados de política, encolerizados de política, incluso esperanzados de política. Demasiado tiempo para esto. Después de tanto todo para nada (José Hierro). Y eso es estar solo. Como escuchar mil veces la palabra patria. O nación, tan de renta antigua. O lliure, tan bastardeada hoy. Es un lenguaje político y arterial como de hacer prisioneros.

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No quiero compartir con esa gente nada. A cierta edad conviene tener claro de quién desconectarse. Pues ese espacio recobrado está lleno de simiente. El día en que descubran que la soledad es una multitud de ciudadanos convencidos de estar menos representados a cada hora será de nuevo tarde. Para nosotros. Nos habrán vuelto a precintar otro poco de futuro. Porque estos mendas ya no valen.

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