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La sonrisa del viernes por la tarde

El Mundo El Mundo 08/06/2014 ESTHER ALVARADO | FEDERICO CHICOU (vídeo)

Para algunas personas el viernes es sinónimo de juerga, de relax, de ocio cultural o deportivo... Para otras, como Elisabeth Oliva, significa que ha llegado el mejor día de la semana, el día en que, cuando acabe su jornada de trabajo abre turno donde se regalan las sonrisas más bonitas del mundo: la planta de pediatría del hospital.

No tiene hijos, pero es como la 'tía guay' que malcría a los sobrinos y cada viernes por la tarde 'adopta' a unos cuantos pequeños durante unas horas en el hospital Universitario de Móstoles. Elisabeth es ese alma buena que se encarga de vigilarlos, ayudarlos y jugar con ellos cuando ya pueden salir de la cama pero no están lo suficientemente bien como para irse a casa o bajar al parque. ¿Dónde? En el Ciberaula que ha equipado la Fundación LaCaixa en la cuarta planta de este centro clínico.

Lo peor que le puede pasar a un crío es tener que estar hospitalizado. Son horas y más horas no haciendo nada salvo leer, ver la televisión, enredar con el móvil y dormir. Malo es que tengan que estar allí, pero peor es que se aburran y por eso gran parte de los hospitales españoles tienen programas y espacios para que esos días de hospitalización pasen más rápido. Lo malo es que a veces no hay suficiente personal para atenderlos y suelen caer en el desuso o, en el mejor de los casos, en manos de alguna ONG. El de Móstoles lo gestionan voluntarios de Cruz Roja y de La Caixa. Concretamente por estos últimos lo hace Elisabeth Oliva, trabajadora de una sucursal de la entidad bancaria que, como no tiene bastante con el día a día, le roba esas horas a su fin de semana para estar con los pequeños desde después de la merienda hasta la hora de cenar.

Hay seis ordenadores con conexión a internet, un proyector de vídeo, películas, cientos de libros (en español y en inglés) y juegos a montones.

"Lo primero que hago cuando llego es pasar por el control de enfermería para ver cuántos niños hay y quiénes son", explica Oliva. No entra en detalles de enfermedades con las enfermeras, pero es fundamental saber a quién puede abrir el aula y en qué casos es mejor que haga una visita 'a domicilio' porque el paciente no puede relacionarse con los demás. "Cuando tienen fiebre o están recibiendo quimio es mejor pasar por su habitación o que los padres les lleven algo".

La enfermedad queda fuera

Una vez traspasan las puertas del Ciberaula la enfermedad de los niños queda fuera. "No les hablo de por qué están aquí o qué enfermedad tienen; bastante hospital ven fuera del aula", comenta, pero sí contribuye a familiarizarles con el entorno que les rodea mediante un kit de la Caixa que consiste en un juego de parejas con imágenes del instrumental médico. "Sirve para que vayan conociendo los elementos y procesos del hospital", asegura.

Lo mejor que te puede pasar es ver sonreír a los pequeños. "En este hospital llevo tres años aproximadamente, pero antes estaba en otro Ciberaula del Hospital Clínico". "Los niños me gustan mucho -añade- y además a mí me operaron aquí hace unos años y cuando pude andar paseaba por aquí con mi madre porque es una planta con muchos colores y dibujos y me gustaba mucho", recuerda.

"El rato que están aquí están jugando, vienen sus familiares, sus amigos del cole, interactúan entre ellos, se relacionan...". Elizabeth Oliva es la 'profe' para los chavales por extensión de la actividad que se desarrolla en el aula por la mañana, cuando una profesora les imparte lecciones para que no pierdan demasiados días de clase.

Pero los chavales prefieren a la 'profe' de los juegos (obvio), porque les deja jugar con lo que quieran con la única condición de recogerlo todo después.

Bruno, que tiene algo más de un año y marca sus pañales a través del pijama del hospital ha conquistado una casita de esas en las que caben de pie niños de hasta seis años, y se entretiene en meter y sacar por la puerta un carrito de la compra. José Javier (seis años) es algo mayor y juega a los bolos como lo hacía su abuelo, que era un auténtico campeón. Natalia (nueve años) y su madre van de las muñecas al pirata saltarín y de ahí a una versión de mesa del concurso '¿Quieres ser millonario?'. Y Adrián, ayudado por su padre, pega imanes de Bob Esponja en un paisaje magnético.

Las Ciberaulas están repartidas por los hospitales. Voluntarios Caixa dinamizan las del Clínico y la de Móstoles, pero otros hospitales tienen idénticos servicios. "Si no son muy pequeños los padres pueden dejarlos solos y aprovechar para salir a tomar un café y descansar un rato", añade Elisabeth Oliva. Para ellos este trabajo y este lugar es muy importante porque descomprime un poco la presión y el miedo de tener un hijo enfermo, y porque allí también se ven, de vez en cuando, esas generosas sonrisas de padres. Las segundas mejores sonrisas del mundo.

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