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La 'supuesta' enfermería de Arena ni siquiera tenía agua corriente

El Mundo El Mundo 11/06/2014 QUICO ALSEDO, PABLO HERRAIZ

Por no haber, no había ni agua corriente para atender a las heridas. El juez que instruye los hechos, Eduardo López-Palop, entró en la presunta enfermería "y lo que me encontré fueron tres niñas tiradas en el suelo y cubiertas con mantas, allí no había nada que hiciera parecer aquel lugar una enfermería", ha comentado el magistrado en varios de los interrogatorios.

El trágico 1 de noviembre de 2012, en el pabellón municipal Madrid Arena: a) no había en realidad más que una enfermería «supuesta», b) no había un equipo médico capaz de hacer una reanimación cardiopulmonar sostenida en el tiempo, c) no se levantaron partes de las actuaciones sobre los cuerpos de las chicas heridas antes de la llegada del Samur, y d) no hay evidencia de que se le aplicaran a las cinco jóvenes posteriormente fallecidas por una avalancha las maniobras cardiopulmonares necesarias.

© Proporcionado por elmundo.es

Lo dice todo ello la Clínica Médico Forense, institución médica dependiente de la Comunidad de Madrid, en el informe pericial solicitado, para el proceso que se desarrolla en el Juzgado de Instrucción número 51 de Madrid, por la Fiscalía de Madrid.

El documento, al que ha tenido acceso este diario y que tiene un peso pericial importante por no haber sido solicitado a instancia de parte, ridiculiza con todas las letras el dispositivo montado para atender a las en principio 10.500 personas que debían llenar el recinto aquella noche, y que finalmente se convirtieron en más de 22.000 según las pesquisas policiales, doblando el aforo permitido por el Ayuntamiento de Madrid -quien, por otro lado, no fiscalizó en absoluto lo que allí sucedía-. He aquí los puntos clave del documento.

  1. Quizás el pasaje más sangrante es el referido al propio equipo médico capitaneado por el ex concejal Simón Viñals y contratado por Miguel Ángel Flores, el promotor de la fiesta y presunto responsable del hacinamiento que derivó en tragedia. «Un equipo asistencial compuesto por cinco personas, dos de ellas médicos, otro de 81 años cuya única formación 'es un cursillo recibido en 1947 como mozo sanitario, sobre cómo sacar a heridos de los vehículos', no puede llevar a cabo una RCP [reanimación cardio pulmonar] avanzada, si acaso una RCP básica mediante la práctica inicial de maniobras de comprensión torácica (...), y aún entonces, si es preciso prolongar durante un tiempo considerable dichas maniobras, el número de integrantes resulta insuficiente para asegurar un correcto relevo entre sus miembros y la calidad de la compresión a nivel torácico necesaria». El informe, como se observa, se ceba incluso con la figura de Cecilio Page, compañero de andanzas de Simón Viñals habitualmente en sus trabajos para Miguel Ángel Flores.
  2. Viñals fue quien dio por buena la supuesta enfermería, en la que, según la Clínica Médico Forense, tendría que haber un punto de luz de 2.000 luxes, más de 200 centímetros cúbicos de plasma, un frigorífico para su conservación y una camilla móvil. En su lugar, con «ausencia de ventilación y agua corriente», había «una camilla fija, varias sillas, una mesa y cubos de basura para vómitos». El juez le llegó a echar en cara la situación a Flores durante uno de los interrogatorios, como se puede observar en las grabaciones: "Señor Flores, en un hospital de campaña de guerra lo primero que se pone es agua. ¿Me está diciendo usted que en su enfermería, en Madrid, en pleno siglo XXI, no había siquiera agua corriente?".
  3. El informe deplora la ausencia de parte de lesiones: «Cualquier intervención en el campo de la salud, llevada a cabo por un profesional médico, debe quedar plasmada en la correspondiente documentación clínica». Viñals «debería haber puesto en conocimiento de la autoridad judicial la asistencia practicada», subraya, sin ningún género de duda, el documento.
  4. El demoledor informe llega incluso a poner en duda que los Viñals intentaran reanimar a las jóvenes: «No existen datos que avalen la realización de maniobras de reanimación», se dice en otro pasaje. Lo que es más: «En los casos de Katia Esteban y Cristina Arce no aparece en la fotografía ningún signo terapéutico distinto de los que corresponden al tratamiento aplicado por el Samur», remata el texto, que pone en duda las declaraciones de los Viñals: «No se ha aportado soporte alguno (documentación clínica) que permita acreditar documental ni objetivamente que los doctores Simón Viñals Pérez y Carlos Viñals Larruga hayan llevado a cabo intervención médica alguna sobre las finalmente fallecidas, ingresadas en la supuesta enfermería del recinto en situación de parada cardiorrespiratoria», sentencia el informe.

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