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La Traca

Notodo Notodo 16/11/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "La Traca" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "La Traca"

Texto: Irene Galicia
Cómo se construye la sátira
El gran acierto de la exposición y su catálogo es mostrar sin tapujos la construcción de una cultura popular alternativa en la Valencia de los años treinta, recuperar una extensa documentación que no se ha mostrado públicamente (portadas y números completos de la publicación y ejemplares de gran valor que tuvieron la suerte de ser rescatados y la convierten en un verdadero objeto de culto) y en definitiva, rendir homenaje al conjunto de la cultura popular satírica valenciana. La traca es también un eufemismo para designar la capacidad de crítica de una sociedad con sus propias limitaciones y de reivindicar lo popular en pos de construir alternativas.

La muestra La traca. La transgresión como norma que acogerá hasta el 15 de enero el espacio La NAU de la Universitat de València hace especial hincapié en el artífice de todo este tinglado: el que fuera el editor del momento, Vicente Miguel Carceller.


De la imprenta al paredón
Carceller, aparte de un empresario de prensa, fue un republicano apasionado de Blasco Ibáñez, un hombre inquieto y amante del teatro y la literatura. La exposición nos brinda la oportunidad de conocer un poco más a este hombre de talento y su especial relación con La Traca. Pero sobre todo cuenta cómo el destino de ambos se vio truncado por compartir un compromiso antifascista.

Que La Traca fuera casi la única publicación en caricaturizar la figura de Franco (incluso travistiéndolo) tuvo fatales consecuencias: Carceller fue fusilado en los bochornosos muros del Cementerio de Paterna y la misma suerte corrieron algunos de sus dibujantes; otros salvaron la vida, pero quedaron en el ostracismo y por ello no ha sido fácil organizar esta exposición.

El franquismo no solo eliminó a Carceller, también quisieron borrar toda traza de su obra. No olvidemos que el humor y el poder, con frecuencia, se repelen.


Siempre nos quedará Mongolia
El ejemplo contemporáneo de esto lo tenemos en la revista El Jueves, víctima de la censura más salvaje en plena democracia del siglo XXI, obligada por RBA a retirar 60.000 ejemplares con una portada sobre la abdicación del rey, por no hablar de la que se lio en 2007 con los entonces príncipes de Asturias en pleno apareamiento. Ocho dibujantes se negaron a bajarse los pantalones y dejaron la publicación a la deriva, convirtiéndose esta en una publicación basada en criterios de marketing que supuso básicamente el fusilamiento de la revista.

Por desgracia, lo que pasó en El Jueves no es anecdótico ni fruto (como La Traca) de tiempos de represión. Se trate de censura o autocensura, algo muy grave sucede en la prensa de este país desde el momento en que todo el kiosco rivaliza en materia de pleitesía monárquica con La Razón, el ¡Hola! y el ABC. Siempre nos quedará Mongolia…

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