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La UE debe avanzar más rápido y con mayor firmeza

Logotipo de El Mundo El Mundo 30/09/2017 elmundo.es

En plena crisis, Jacques Delors reprochó a los dirigentes de la Unión Europea su falta de "liderazgo" y su parálisis a la hora de tomar decisiones. Las diatribas de quien fue el padre de la unión monetaria que derivó en el euro ilustran las rémoras que arrastra el proyecto comunitario. La ambigüedad de sus líderes, la indeterminación a la hora de afrontar retos como la inmigración o el cambio tecnológico y el desafío que supone el Brexit han erosionado el sueño europeo hasta el punto de exigir ambiciosas reformas en aras de la refundación de la UE. No basta con cambios cosméticos o con implementar medidas paliativas. El objetivo de los Veintisiete debe ser que la UE recupere la hegemonía global que ahora ha perdido.

El eje París-Berlín parece ser consciente de esta exigencia. Y de ahí que en la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno, celebrada ayer en Tallin, tanto Merkel como Macron hayan coincidido, aunque con matices en la velocidad a la hora de ejecutar cambios, en la necesidad de reforzar la construcción europea. Un propósito al que, pese a la ausencia de Rajoy en la capital estonia por el desafío independentista catalán, se ha sumado España en el grupo de cabeza.

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La Cumbre de Bratislava de hace un año forzó el repliegue de la UE como consecuencia del auge de los populismos. Por eso ha generado malestar en muchas capitales el hecho de que Macron asegure que "todos los líderes están convencidos de que la UE tiene que avanzar más rápido". En realidad, lo que se visualizó en el cónclave desarrollado en Estonia fue la eterna división de líderes entre ambiciosos y pragmáticos. En su reciente discurso en La Sorbona, Macron puso encima de la mesa varias reformas de calado para refundar la UE a través de un presupuesto común, competencias reforzadas en Defensa y una fiscalidad compartida. Pero Merkel, pese a su firme vocación europeísta, quiere ir más despacio. "Europa no puede seguir igual", admitió el domingo tras imponerse en las elecciones alemanas, aunque después de sufrir un severo retroceso. En Tallin se limitó a tachar las propuestas de Macron como "una buena base para trabajar", consciente de que debe encarar un escenario de inestabilidad que hasta ahora no tenía en la política doméstica.

Es una mala noticia que el eje Berlín-París, pese a la excelente relación personal de la canciller y el presidente francés, no muestre unidad a la hora de marcar el paso al resto de países. La Europa de las dos velocidades es un hecho. Y la locomotora francoalemana resulta imprescindible para relanzar el proyecto comunitario, especialmente, en un momento en el que las negociaciones entre Londres y Bruselas continúan sin ofrecer "progresos suficientes" -tal como admitió Juncker- ni en lo que respecta a garantizar los derechos de los ciudadanos afectados por el 'Brexit' ni en el monto a pagar por Reino Unido por su retirada.

La UE se ha parapetado durante los últimos en una lentitud exasperante, cuando no en la inoperancia. Salir del marasmo pasa por acometer una profunda renovación de las estructuras de la Unión. Tusk exigió a los líderes que canten "al unísono" al afrontar el debate sobre el futuro comunitario. Desde luego, la UE no debe ser concebida como una competición. Pero es evidente que cualquier proyecto de refundación europea pasa por que París y Berlín entonen la misma sintonía.

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