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La Unión Europea se prepara ante otra guerra del gas con Rusia

EL PAÍS EL PAÍS 28/05/2014 Lucía Abellán

La Unión Europea teme convertirse en la víctima colateral del enfrentamiento entre Rusia y Ucrania. Si Moscú cumple su amenaza de cortar el gas a su vecino ucranio, esa interrupción afectará necesariamente a Europa, pues la mitad del gas que recibe de Rusia circula por Ucrania. Para suavizar el problema, la Comisión Europea presentó este miércoles un conjunto de medidas destinadas a reducir la dependencia energética del exterior, principalmente de Rusia. La UE compra fuera de sus fronteras el 53% de la energía que consume, un porcentaje que no ha dejado de crecer en los últimos años.

Protesta este miércoles junto a un gasoducto para que la República Checa no dependa del gas ruso. © Vaclav Salek Protesta este miércoles junto a un gasoducto para que la República Checa no dependa del gas ruso.

Esa falta de autonomía se ha agravado con la tensión derivada del conflicto ucranio. “Queremos acuerdos fuertes y estables con suministradores importantes, pero debemos evitar ser víctimas de chantaje político y comercial”, aseguró el comisario de Energía, Günther Oettinger. El documento que ha elaborado su departamento propone, en primer lugar, hacer unas pruebas —como las de esfuerzo de la banca europea— para evaluar qué ocurriría en los países comunitarios si se quedaran sin suministro ruso.

Ese ejercicio, que tendría que estar listo antes del invierno, está aún por definir. Fuentes de la Comisión Europea explican que se podría hacer de dos maneras: evaluando los riesgos de toda la UE o solo de los países más expuestos al gas ruso. Hay seis Estados (Estonia, Letonia, Lituania, Finlandia, Eslovaquia y Bulgaria) cuyas compras de gas las satisface al 100% Rusia. En función de los resultados, Bruselas debería crear mecanismos de emergencia que permitieran responder a esa eventual interrupción de los flujos desde Moscú. Una de las soluciones para aliviar el problema a corto plazo es aumentar las reservas de gas. Después de un invierno suave, los almacenes comunitarios están bien nutridos, al 59% de su capacidad, pero si se cortara el suministro esta cantidad apenas bastaría para asegurar el abastecimiento durante varias semanas de verano. Paradójicamente, el aumento de las reservas beneficiaría a Gazprom, uno de los principales vendedores potenciales de ese gas destinado al almacenamiento.

La propuesta, que los jefes de Estado y de Gobierno pidieron a Bruselas y sobre la que tendrán que pronunciarse a finales de junio, prevé también reducir el consumo de gas en ciertas actividades. La Comisión pone como ejemplo las calefacciones, que podrían funcionar más con petróleo en lugar de alimentarse principalmente de gas, como ocurre ahora. Otra opción, que Bruselas lleva tiempo desarrollando, es el llamado flujo inverso: que un país con un suministro fiable pueda redirigir la energía que recibe a otro Estado sometido a restricciones.

A más largo plazo, el Ejecutivo comunitario ve con buenos ojos la propuesta lanzada por Polonia de crear una central de compras de energía para toda Europa. Esa fórmula permitiría conseguir mejores precios y negociar con mayor fuerza frente a terceros. “En los países donde menor es la dependencia de Gazprom, el precio del gas es más bajo. La idea sería alcanzar un mercado único que permitiera igualar precios”, ilustró el comisario Oettinger en la presentación de esta iniciativa.

Una de las alternativas más fiables para la UE es Noruega, que ya le suministra el 34% del gas (muy cerca del 39% de Rusia). Pero la capacidad noruega para aumentar su producción es ahora mismo limitada, explican fuentes de la Comisión, aunque existen proyectos para potenciarla. La mejora de las interconexiones entre países y una mayor eficiencia energética en el continente completan el paquete de propuestas de Bruselas.

Aunque la dependencia energética es mucho mayor en el petróleo (el 88% de lo que necesita Europa viene de fuera) que en el gas (66%), a Bruselas le preocupa mucho más este segundo recurso porque el suministro depende casi exclusivamente de gasoductos, mientras que el petróleo viaja en barco y el margen para negociar precios y buscar otro proveedor es mayor. El otro extremo, el de la independencia energética, lo ofrecen las renovables, producidas en un 96% en los países comunitarios.

Los primeros problemas de suministro ruso podrían comenzar la semana que viene. Bruselas negocia este jueves in extremis con Rusia y Ucrania para evitar el anunciado corte del grifo del gas a partir de junio si Kiev no paga a Gazprom la millonaria suma que le adeuda. Oettinger ha propuesto una solución intermedia, hasta ahora sin respuesta.

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