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La vergüenza de España

Logotipo de El Mundo El Mundo 17/06/2014 LUCÍA MÉNDEZ

«No sabes lo que es el hambre hasta que pasas hambre. Más de tres millones de personas en España no tienen acceso diario a la alimentación básica». No es un eslogan de Podemos. Es una campaña de un banco que golpea nuestro estómago lleno con el puño cerrado. La Caixa anuncia así una recogida de alimentos para distribuirlos a través de la Cruz Roja entre las familias «en situación de pobreza». Vaya faena. Entre los detalles de la coronación del nuevo Rey y las cuitas del PSOE, de pronto se cuelan de rondón la pobreza y el hambre en esta España de la recuperación.

La defensora del pueblo, Soledad Becerril, ha dirigido una recomendación a las comunidades autónomas para que abran los comedores escolares este verano con el fin de garantizar que los niños españoles -todos- coman, al menos, una vez al día. En el curso lo tienen garantizado. En verano les tienen que dar de comer sus familias y algunas quizá no puedan. Los profesores son quienes saben -y denuncian- que muchos niños van sin desayunar al colegio. Soledad Becerril no es antisistema ni tiene aspecto de haber votado a Pablo Iglesias. Si ha hecho esa petición es porque ella sí sabe que hay un problema real en España que el Gobierno prefiere ignorar porque estropea la foto de la recuperación. Sólo seis comunidades -Canarias, Andalucía, Cataluña, Aragón, Murcia y Extremadura- le han hecho caso. Portavoces del PP de Galicia y La Rioja han reaccionado como damas ofendidas diciendo que en sus comunidades no hay desnutrición infantil. Y si la hay no se le debe dar excesiva «visibilidad» para no «estigmatizar» a quienes sufren estas carencias. Es mejor no hablar mucho de estas cosas. Es desagradable, populista y bolivariano. Da mala imagen de España. Vale que vayan al banco de alimentos a recoger la comida recolectada por La Caixa, pero que lo hagan con discreción.

Y, sin embargo, cada poco tiempo viene alguien a amargar la fiesta oficial con datos, cifras y experiencias propias. Cáritas, Cruz Roja, Ayuda en Acción... Hasta el Instituto Nacional de Estadística (INE) ha certificado que el 21,6% de los españoles vive por debajo del umbral de la pobreza. «Un trozo invisible de este mundo», como la obra teatral de Juan Diego Botto que arrasó en los Premios Max y en la cartelera madrileña. Dicen que hasta la Princesa Letizia, futura Reina, se acercó a ver este drama sobre la inmigración, la marginalidad, la desesperanza y la desigualdad. Pero también sobre la indiferencia del primer mundo hacia quienes con su sola presencia nos estropean los selfies de nosotros mismos.

Da vergüenza pensar que en la España de hoy alguien pueda pasar hambre. Da vergüenza que sean los Bancos de Alimentos y las ONG, y no las instituciones públicas, quienes den de comer a los españoles en riesgo de exclusión, que es como se llama ahora a los pobres para no llamarles pobres. Y da más vergüenza que las nuevas formas de pobreza -que incluyen a los que ganan 400 euros para mantener una familia- se excluyan del debate político. No hay ni puede haber una causa más urgente que la de garantizar que todos los niños españoles hagan tres comidas al día. Produce sonrojo y bochorno tener que poner negro sobre blanco una cosa así.

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