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'La vie en rose' del Zuloaga más europeo

Logotipo de El Mundo El Mundo 26/09/2017 PEDRO DEL CORRAL

Existe un episodio en la vida de Ignacio Zuloaga que marcó el debate entre la España blanca y la España negra: en uno de sus regresos, desde París, a Andalucía vive como una de sus obras más costumbristas y sociales, Víspera de la corrida, es rechazada por el Comité Español para participar en la Exposición Universal de París de 1900, en la que Sorolla, por el contrario, cosecha grandes éxitos. Resulta curioso, en ese sentido, que mientras el pintor vasco gozaba de gran reconocimiento en Europa, en esta época, nunca expone en España. "Existe un rechazo hacia él. Siempre ha sido víctima de un debate que nunca fue suyo sobre cómo debe entenderse España", explica Pablo Jiménez Burrillo que, junto a Leyre Bozal, presenta la exposición de Zuloaga en el París de la Belle Époque (1889-1914), en la Fundación Mapfre.

La muestra, que estará abierta al público hasta el 7 de enero, ofrece una nueva visión del pintor, cuya obra se muestra en sintonía con el mundo moderno en el que se inscribe, tanto por temática como por forma. Pues la pintura de Zuloaga, a medio camino entre la cultura francesa y la española, excede de los límites que la historiografía del arte ha establecido: una obra convencionalmente ligada a la Generación del 98. "Esta es la historia de un pintor español que nos ha costado mucho trabajo entender: un artista pintando españoladas", añade Jiménez Burillo. Por eso, el objetivo de ambos es mostrarle en un contexto más amplio e incorporarle a un debate europeo que se plantea frente al vértigo del mundo moderno y la imagen de un mundo que mantiene una espiritualidad intacta. "Zuloaga vivió esto como una crisis personal. Cuando llegó a la capital francesa, rápidamente, quiso introducirse en la moda, pero tuvo un conflicto interno cuando le pidieron obras centradas en el concepto español".

A París viaja, por primera vez, a finales de 1889 donde vivirá, por periodos, durante más de 25 años. Allí, se encuentra con Santiago Rusiñol, Isidre Nonell, Hermenegildo Anglada-Casamara, Joaquín Sunyer o un joven Pablo Picasso. "No sólo es uno de esos artistas españoles que, desde mediados del siglo XIX, visita París, sino que vive allí, se casa con una francesa y es aceptado en su sociedad. Todo ello tiene unas consecuencias importantes en su obra". La exposición pretende mostrar cómo la producción artística del pintor vasco combina un profundo sentido de la tradición con una visión plenamente moderna, especialmente ligada al París de la Belle Époque y al simbolismo que aprende en aquellos años. "De hecho", comenta Leyre Bozal, conservadora de colecciones, "comienza a desarrollar un impresionismo de interior, más espiritual y más intimista. Al integrarse en esta sociedad expone con los más importantes pintores de la época".

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Las más de 90 obras expuestas -tanto de Zuloaga y como otros artistas como Pablo Picasso, Henri de Toulouse-Lautrec, Giovanni Boldini, Jaques-Émile Blanche, Auguste Rodin o Émile Bernard- confirman las relaciones del pintor de Éibar en este periodo, así como la influencia que su paso por la capital francesa deja en su trabajo. Pero, también, dentro de su particular gusto por el retrato, Zuloaga no olvida la tradición española, lo que ha motivado que se dedique una de las salas a su colección. "Compró su primer cuadro a los 20 años, de El Greco", señala Bozal sobre una colección en la que destacan autores como Zurbarán o Goya.

Según ha destacado Jiménez Burillo, se trata de una exposición "complicada", ya que se ha contado con el apoyo del Museo d'Orsay, así como con la colaboración de más de 40 prestadores, entre instituciones y colecciones particulares como la Fundación Zuloaga, el Museo de Bellas Artes de Boston o el Museo Picasso de París. Y todo para traer no sólo la mejor representación del Zuloaga "internacional", sino para ponerlo a "dialogar" con otras obras de sus coetáneos, como La Celestina de Picasso, un autorretrato de Gauguin, o varios lienzos de Maurice Denis o Paul Sérusier. "Cuando lo pusimos en la misma sala que Picasso o Rodin, no sabíamos qué iba a pasar. El resultado ayuda a ponerlo en el lugar que ocupó dentro de un arte europeo que se interesó por España".

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