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Las claves del referéndum del Kurdistán iraquí

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 FRANCISCO CARRIÓN

Durante los últimos días los dirigentes del

Kurdistán iraquí

se han dedicado a deshojar la margarita. Han aplazado 'sine die' ruedas de prensa y replicado vagamente a las preguntas de los periodistas acerca del referéndum de independencia que la región celebra este lunes. Bajo una intensa presión internacional exigiendo la suspensión del plebiscito, han circulado continuos rumores de una posible cancelación en las tres provincias y las zonas cuyo control se disputan históricamente Bagdad y Erbil.

"Se celebrará en todas las provincias del Kurdistán. Ningún líder puede detener ya este proceso", declaró el presidente regional Masud Barzani en una rueda de prensa prevista a mediodía que finalmente tuvo lugar a última hora de la tarde. Unos cinco millones de kurdoiraquíes están llamados a las urnas en una cita censurada por el Gobierno central iraquí en la que el "sí" a la independencia rozará previsiblemente la unanimidad.

A pesar del celo con el que las autoridades han guardado los detalles de la consulta, los centros electorales en la región autónoma del Kurdistán iraquí abrieron hoy sus puertas a las 08.00 hora local (05.00 hora GMT) para votar a favor o en contra de la independencia en un referéndum marcado por la tensión entre Bagdad y Erbil, la capital kurda.

En el colegio Hedi, en el oeste de Erbil, las filas para entrar al centro de voto justo antes de su apertura se dividían en dos: los hombres a la derecha, mientras que las mujeres y los niños se ubicaban en la izquierda. Tras votar sí en la urna, Husein Abdelsharif, de 44 años, aseguraba a Efe que quiere la independencia porque su deseo es que, al fin, "el Kurdistán se convierta en un país".

"La independencia está hoy más cerca de lo que jamás lo estuvo. El planeta nos conoce y se ha hecho fan de nuestra causa", advierte feliz a EL MUNDO Sadi Peri, un alto cargo de la Unión Patriótica del Kurdistán, la formación que se reparte el poder regional con el Partido Democrático del Kurdistán del clan Barzani. La

consulta

-convocada sorpresivamente el pasado junio- está jalonada por una severa crisis política interna y una extensa retahíla de amenazas regionales e internacionales, temerosos por el seísmo que provocaría el nacimiento de un nuevo Estado en un Oriente Próximo en llamas.

Amenaza al statu quo regional

Excepto

Israel

, ningún país ha proporcionado apoyo público al plebiscito. Los más contundentes en su oposición han sido el Gobierno central iraquí -que califica la consulta de "ilegal" y ha alertado del conflicto armado que podría desatar cualquier paso hacia la independencia- y los vecinos

Irán y Turquía

, inquietos por el efecto de la cita en sus comunidades kurdas y en las aspiraciones independentistas del mayor pueblo sin Estado del planeta presente, además, en Siria.

© Proporcionado por elmundo.es

Para ambos, el plebiscito es una asunto de "seguridad nacional". "Tanto Ankara como Teherán podrían responder tratando de aislar políticamente al Gobierno regional pero resulta improbable que recurran a la violencia. Sólo añadiría una nueva capa a las crisis que ya existen en la región", aventura a este diario Dlawer Ala Aldin, presidente del Instituto de Investigación de Oriente Medio, con sede en Erbil. Turquía, que tilda la cita de "ilegítima y nula", inició la semana pasada maniobras militares en la frontera con el Kurdistán iraquí.

Las sanciones económicas de ambos países, importantes socios comerciales de una región regada por el petróleo pero dependiente de la exportación de crudo a través de Turquía, también despuntan por el horizonte. Ayer, a petición de Bagdad, Irán -que amenaza con clausurar la frontera- anunció el cierre del tráfico aéreo desde y hacia el Kurdistán iraquí. Poco después, en un discurso a la nación, el primer ministro Haidar al Abadi advirtió de que tomará "las medidas necesarias" para preservar la unidad del país. "Rechazamos el establecimiento de un Estado racista", añadió.

A última hora de la tarde, Bagdad ordenó a la región autónoma la entrega del control de los puestos fronterizos y los aeropuertos. "Tras la reunión del Consejo de seguridad nacional, el Gobierno iraquí pide a los países vecinos y todos los países del mundo que traten exclusivamente con el Gobierno federal en todo lo relacionado con los puertos y el petróleo", precisó el Ejecutivo en un comunicado.

Repulsa internacional

Uno por uno, todos los países occidentales -incluida España- y los organismos internacionales han mostrado su negativa al plebiscito. El jueves el Consejo de Seguridad de la ONU se mostró a favor de "la soberanía, la integridad territorial y la unidad de Irak" en una contundente declaración que ha encendido los ánimos de Erbil, que insiste en el derecho del pueblo kurdo a ejercitar el derecho a la autodeterminación reconocido por el organismo. La comunidad internacional ha defendido con cerrada unanimidad el acuerdo Sykes-Picot que hace 101 años sirvió a franceses y británicos para trazar a base de escuadra y cartabón el mapa de Oriente Próximo.

El diseño partió en cuatro el sueño del Kurdistán. Para EEUU y los países miembro de la coalición internacional que combate al autodenominado Estado Islámico en Siria e Irak, la consulta es "inoportuna" en plena batalla contra los últimos bastiones del grupo yihadista. En la recta final, la ONU y los países occidentales presentaron a Erbil una oferta a cambio de suspender el plebiscito. Su contenido, que no ha trascendido públicamente, no consiguió su objetivo.

Refriega interna

La cita kurda ni siquiera cuenta con el respaldo completo de la escena política kurda. Dos influyentes partidos, Gorran (cambio, en kurdo) y el islamista Komal, han boicoteado hasta última hora el proceso enfrentados a Barzani y su Gabinete. Komal instó a votar "sí" anoche, cerrada la campaña. En los dos últimos años la región ha vivido una aguda parálisis política. El mandato del presidente expiró en agosto de 2015 y, a juicio de su detractores, retiene desde entonces el poder ilegalmente. Un período similar ha estado cerrado a cal y canto el Parlamento, reactivado hace dos semanas.

"El objetivo de todos los kurdos es establecer su propio Estado pero no puede ser mediante un proceso guiado exclusivamente por el interés personal de un clan gobernante que no cree en la democracia y busca monopolizar el poder", explica a este diario Birzo Majid, jefe de Gorran en el Hemiciclo. "Antes de organizar un referéndum con garantías, hay que resolver los problemas internos", agrega.

El día después

Los kurdos han insistido en que nada cambiará, de momento, tras el referéndum. Barzani ha señalado que no buscarán una "declaración de independencia inmediata" sino que, obtenido el mandato popular a favor de la independencia, iniciarán "conversaciones serias" con Bagdad. No contemplan, sin embargo, reeditar el acuerdo que tras el ocaso de Sadam Husein sirvió para redactar una Constitución que establecía un Irak federal e incluía la celebración de una consulta pospuesta indefinidamente para dirimir la disputa sobre varias zonas fronterizas de las provincias de Kirkuk,

Sinjar

o Nínive. Citan, como ejemplo de esta inevitable ruptura, el hecho de que desde 2014 Bagdad ni siquiera envíe dinero para pagar los salarios de los funcionarios.

No existe hoja de ruta clara sobre el posible calendario de la "desconexión". En sus encendidos sermones públicos, Barzani ha llegado a sugerir que la independencia podría ser una realidad en el plazo de dos años. Ayer reconoció que será "un proceso largo". Presionado por el poder chií, Al Abadi ha ido radicalizando su postura rechazando incluso la posible organización de un plebiscito pactado. Ayer alertó de que, en ningún caso, reconocerán los resultados. "Los kurdos, como los árabes suníes, han perdido la fe en Bagdad. No ven que haya ningún marcha atrás en las policías sectarias y autoritarias que comenzaron en 2006", concluye Ala Aldin.

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