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Las princesas encerradas en palacio

El Mundo El Mundo 31/05/2014 ROSA MENESES

Estaban destinadas a pasar sus vidas entre vestidos de seda y palacios con adornos de oro, a emprender lujosos viajes y a tardes de compras sin fin. Pero Sahar, Maha, Hala y Jawaher al Saud, cuatro princesas que un día soñaron con tiaras de diamantes y una boda con con gallardos príncipes, son hoy cuatro mujeres prisioneras sin derecho a cumplir sus sueños. Las hermanas son hijas del rey Abdulá de Arabia Saudí y hace unas semanas su madre denunció que llevan 13 años encerradas en un desvencijado palacio, privadas no sólo de libertad sino también de comida, agua y electricidad.

Su madre, Alanoud al Fayez, huyó a Londres después de que el rey Abdulá se divorciara de ella. No pudo llevarse a sus hijas y desde entonces mantiene una lucha callada para liberarlas. Sahar, de 42 años, y Jawaher, de 38, están encerradas en un ala del complejo real de Al Murjan, un barrio de clase alta del norte de Yeda. Ellas mismas tienen que limpiar las dependencias en las que viven y comparten la escasa comida de la que disponen con sus mascotas, dos perros y un gato. Las otras dos hermanas, Maha, de 41 años, y Hala, de 39, están separadas en otra parte del palacio y son las que se encuentran en peores condiciones de salud, según la madre. Tienen estrictamente prohibido recibir visitas, aunque se trate un médico. Fuera, efectivos de la Guardia Nacional vigilan los accesos al recinto.

Al Fayez asegura que, desde que a mediados de marzo, desvelara su cautiverio, sus condiciones de encierro se han visto empeoradas. Denuncia que apenas les dan comida y que el rey las está matando de hambre poco a poco. Ayer, en una breve conversación telefónica con LOC, Al Fayez afirmó que se las está "matando de hambre". Desde hace más de un mes, las princesas no han probado un menú completo y su dieta se compone de comida enlatada, según ha publicado la prensa británica.

Palacio ruinoso

La electricidad y el agua corriente sufren cortes a discreción y no hay aire acondicionado en un país donde las temperaturas pueden alcanzar en verano los 50 grados. Aunque se dice que viven en un palacio, no se imaginen que están encerradas en una jaula de oro. Las habitaciones a las que han sido confinadas están en estado ruinoso.

Las cuatro son sometidas a torturas psicológicas y físicas por parte de sus propios familiares, según han declarado Sahar y Jawaher, quienes tienen acceso a Skype y a Twitter a pesar de su aislamiento. "Nuestros hermanastros entran y nos golpean. Nos gritan que moriremos aquí", ha afirmado Sahar. Uno de sus medio hermanos es el príncipe Faisal, presidente de la Media Luna Roja saudí.

¿Qué ha motivado su cautiverio? No está claro. Pero la terrible historia de las hijas comienza con la de su madre. Al Fayez es hija de una prominente familia jordana de origen saudí. La primera vez que vio a Abdulá -entonces príncipe- ella tenía 15 años y él, 48. Fue entonces cuando su familia le contó que iba a ser dada en matrimonio a aquel hombre, según su relato. Era 1972. Casi inmediatamente, se quedó embarazada de su primera hija. La vida en palacio era lujosa, pero monótona. Abdulá tenía otras esposas que atender y los años pasaron para Al Fayez sin preocupaciones. Transcurrieron cuatro años y Al Fayez dio a luz a cuatro hijas. Para el rey, eso era inaceptable: ella era incapaz de producir un heredero y, por ello, la repudió.

Finalmente, Abdulá se divorció de ella, aunque Al Fayez no se enteró hasta años después. En Arabia Saudí, el marido puede divorciarse de su esposa cuando quiera y sin su conocimiento. Este país, que atesora las reservas de crudo más grandes del mundo, es uno de los más injustos del planeta en cuestiones de derechos de la mujer. De hecho, el calvario de estas cuatro princesas no es nada excepcional.

"Arabia Saudí es una sociedad muy conservadora, donde es común la restricción de movimientos a las mujeres por parte de sus guardianes", explica a EL MUNDO Adam Coogle, investigador de Human Rights Wacht, organización que está investigando el caso de las princesas.

Las saudíes dependen en todo momento de sus tutores hombres -sus padres, sus maridos o sus hermanos- para obtener el permiso que les permita acceder a la educación, obtener un pasaporte, viajar, abrir una cuenta corriente o acceder a algún tipo de tratamiento médico. Las mujeres saudíes tienen prohibido conducir. Deben cubrirse siempre de la cabeza a los pies y no pueden hablar con ningún varón que no sea de su familia. "Hay una sistemática discriminación a las mujeres [en el reino] y este caso es el ejemplo de la falta de libertad de movimientos de las saudíes", confirma Coogle en conversación telefónica desde Amán.

Al Fayez logró huir del palacio a principios de la década pasada, ayudada por uno de los guardias de seguridad de Abdulá, según ha contado ella misma al diario 'New York Post'. Desde el aeropuerto de Yeda, con la ayuda de una organización de defensa de los derechos de las mujeres, voló a Londres, donde reside desde entonces. Huía ya de una situación extrema. Su ex marido había confiscado los pasaportes de sus hijas y las había separado de su madre. "Dejar a mis hijas fue muy difícil, pero nunca pensé que serían sometidas a esto", afirmó. "Después de todo, son las hijas del rey", añadió. "Cuando descubrió que me había ido, prometió que mataría a las niñas lentamente", recuerda Al Fayez. Eso fue a principios de la década del 2000. Hacia 2005, Al Fayez comenzó a temer seriamente por la vida de sus hijas.

18.000 millones

Por esas fechas, su ex marido se convertía en monarca, tras la muerte de su hermanastro el rey Fahd. Abdulá bin Abdelaziz al Saud, de 89 años, ha tenido más de 30 esposas -a las que ha tomado en matrimonio y de las que se ha ido divorciando a conveniencia- a lo largo de su vida y es padre de más de 40 hijos. Su fortuna personal se estima en 18.000 millones de dólares (algo más de 13.000 millones de euros).

Sorprende el ensañamiento del rey contra las hijas de Al Fayez. Otras hijas del monarca tienen cargos en la administración. Es el caso de Adela, casada con su primo Faisal, que preside varias fundaciones sociales y es una de las defensoras del derecho de las mujeres a conducir. Otras princesas destacan por su imagen moderna, como Amira al Tawil, filántropa y esposa del magnate Al Walid bin Talal, sobrino del rey.

Alanoud al Fayez, de 57 años, es incansable: mantiene una activa campaña por la liberación de sus hijas. Utiliza Twitter -el hashtag #Freethe4 es viral- y otras redes sociales para denunciar su caso. Organiza protestas semanales frente a la embajada saudí de Londres e incluso ha apelado al presidente de EEUU, Barack Obama, que visitó recientemente Arabia Saudí. También ha escrito al Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU denunciando el cautiverio de sus hijas. Este periódico se puso en contacto el pasado jueves con la embajada de Arabia Saudí en España, pero no obtuvo ninguna declaración sobre la situación de las cuatro cautivas.

El caso de las cuatro princesas no es aislado. Es un síntoma muy grave de lo que pasa a diario en Arabia Saudí, un país aliado de EEUU y Europa, donde las mujeres -princesas o plebeyas- carecen de derechos. Sus penurias reflejan también las de la sociedad saudí, sometida a la brutal autoridad de un régimen que no permite la mínima disensión.

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