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Las redes se enfrentan a quienes venden datos de usuarios

Logotipo de La Vanguardia La Vanguardia 30/09/2017
Las redes sociales se enfrentan a las maniobras de algunas empresas que quieren recabar datos de los usuarios. © Image LaVanguardia.com Las redes sociales se enfrentan a las maniobras de algunas empresas que quieren recabar datos de los usuarios.

Las redes sociales se están blindando contra la vigilancia a la que pueden ser sometidas por terceros. Así, los responsables de medios 2.0 como Facebook, Instagram o Twitter, donde los internautas cuelgan abundante material y opiniones, se están esforzando por preservar estos datos frente a la curiosidad o el interés de empresas e instituciones que les son ajenos. Tanto si la exploración a la que son sometidas estas páginas se debe a algún negocio lucrativo o a una investigación policial, los propietarios de estas plataformas quieren tener un mayor control sobre lo que se hace con la información de sus usuarios.

De hecho, a lo que realmente aspiran es a impedir que se pueda llegar a este contenido. El freno que reivindican los gestores de las redes va mucho más allá de lo que públicamente cuelgan quienes tienen allí cuentas o perfiles activos. Se refiere a los programas específicamente creados para supervisar datos menos obvios y superficiales. O para recoger masivamente información de millones de personas a través de procedimientos denominados de “minería” (data mining). A los dueños de los medios sociales les molesta sobremanera que, después, estos detalles sean vendidos y redistribuidos con fines publicitarios, políticos, etc.

Twitter se ha enfrentado a la compañía Dataminr cuando ésta iba a vender informes a la agencia de inteligencia del gobierno de Donald Trump. © Proporcionado por La Vanguardia Ediciones, S.L. Twitter se ha enfrentado a la compañía Dataminr cuando ésta iba a vender informes a la agencia de inteligencia del gobierno de Donald Trump. Twitter se ha enfrentado a la compañía Dataminr cuando ésta iba a vender informes a la agencia de inteligencia del gobierno de Donald Trump.(Kacper Pempel / Reuters)

Aducen que deben garantizar la privacidad de sus usuarios. Recientemente, Facebook ha colaborado con organizaciones como la Unión americana de libertades civiles (ACLU, por sus siglas en inglés), el Centro para la justicia de los medios y Color del cambio para evitar que las autoridades puedan rastrear datos de internatuas. Esta medida se ha adoptado tras lo sucedido con los activistas del movimiento internacional Las vidas negras importan, quienes, según denunciaron en ACLU, fueron espiados a través de esta plataforma.

Esta entidad, que impulsa campañas contra la violencia racista, ha intensificado su labor por los últimos casos de ciudadanos afroamericanos fallecidos tras recibir los disparos de agentes estadounidenses de diferentes áreas. Los directivos de Twitter hicieron lo mismo el año pasado al enfrentarse a la compañía Dataminr cuando ésta iba a vender informes a la agencia de inteligencia del gobierno de Donald Trump. El criterio de los jefes del principal espacio de microblogging del mundo coincidió con el de sus colegas de Facebook e Instagram al limitar la acción de Geofeedia, una startup de vigilancia de las redes sociales.

Varias asociaciones contrarias a los ataques racistas en Estados Unidos han descubierto que sus activistas estaban siendo investigados en Facebook

En aquella ocasión, de nuevo fueron determinantes las pesquisas que llevaron a cabo los integrantes de ACLU. A propósito de estos escándalos, la directora de campaña de Color del cambio, Brandi Collins, recuerda que las víctimas que suelen salir peor paradas “son las más débiles: los pobres, los negros...”. Su asociación y muchas otras lamentan que estos debates se desarrollen lejos del alcance de los afectados, es decir, sujetos que se mueven tranquilamente por la web sin reflexionar siquiera sobre esta situación y sobre los peligros a los que están expuestos.

Desde Facebook sostienen que obligan a los desarrolladores que quieren trabajar con su material a presentar declaraciones precisas, que son revisadas convenientemente. Y añaden que efectúan indagaciones más amplias cuando algún informe les alerta de una incompatibilidad. Estos factores, además, deben combinarse con la necesidad de que las redes se mantengan como servicios transparentes. Como señala el fundador del Centro para la justicia de los medios, Malkia A. Cyril, que también ejerce de director ejecutivo, las redes sociales no sólo están conectando a la gente. Ahora hacen mucho más que eso. Por ello, tienen el deber de proteger a sus consumidores, pero, en palabras de Cyril, “no están listas” para esta tarea.

Estos debates se desarrollan lejos del alcance de quienes navegan tranquilamente por la web sin reflexionar sobre los peligros a los que están expuestos

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