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Las urnas se revuelven contra una UE en piloto automático

La Vanguardia La Vanguardia 01/06/2014 Beatriz Navarro

Tras la clave nacional que impera cada cinco años en las elecciones al Parlamento Europeo -en realidad, la suma de 28 elecciones locales- surgen este año algunos mensajes innegablemente europeos, expresados en forma del respaldo a partidos alternativos, protesta, populistas antieuropeos y ultraderechistas (o una mezcla de todo lo anterior): hay un clamor por el cambio, un no rotundo a una Unión Europea en piloto automático incapaz de dar una respuesta a los 25.699.000 parados que deja tras de sí la crisis.

Por mucho que los resultados de unas elecciones europeas no sean totalmente extrapolables a unas nacionales, en las capitales se viven como la antesala de estas, y varios dirigentes sienten fuertemente la presión. François Hollande, que se ha encontrado con que el Front National de Marine Le Pen ha sido la fuerza más votada, llegó a la cumbre de esta semana en Bruselas avisando que "también Europa tiene un problema". Hollande reclamó un giro en la política económica europea. No estuvo solo, pero sus argumentos no conmovieron a Angela Merkel: los partidos de la coalición de Gobierno alemana han aguantado bien la prueba electoral y la canciller se mostró tibia a los llamamientos a un cambio de rumbo; más bien se aprecia un temor a que París se olvide de la agenda reformista y de recortes diseñada en los últimos meses.

El británico David Cameron, arrollado por el partido de Nigel Farage (UKIP), reclamó que Europa se aparte de allí donde no es necesaria y se concentre en producir "crecimiento y empleo". Ese fue el mantra que repitieron varios líderes europeos, en especial el italiano Matteo Renzi, cargado ahora de autoridad política (su partido frenó el ascenso del partido protesta de Beppe Grillo y fue el ganador de las elecciones europeas), y Mariano Rajoy, que pidió a las autoridades financieras europeas "una política más expansiva".

Las 'palabras mágicas' de Mario Draghi en julio del 2012 ("el BCE está preparado para hacer todo lo que sea necesario para preservar el euro y,créanme, será suficiente") devolvieron progresivamente la confianza en el euro y la calma a los mercados financieros. Queda por arreglar la economía real. No será fácil ponerse de acuerdo pero la discusión, al menos, ha comenzado. "Hay diferentes opiniones sobre cómo generar crecimiento", admitió Merkel al término de la cumbre de Bruselas.

Con Hollande noqueado, la esperanza de la periferia para pilotar un frente común que fuerce un cambio de rumbo se llama Matteo Renzi. "Estoy más interesado en hablar de las cosas que quedan por hacer, como crear empleo y gastar mejor el dinero europeo, que en discutir un nombramiento", dijo el primer ministro italiano el martes al final de una cumbre centrada en el relevo del presidente de la Comisión Europea. Italia asumirá en julio la presidencia rotatoria de la Unión y, aunque la responsabilidad que ha perdido relevancia desde la entrada en vigor del tratado de Lisboa, Renzi piensa utilizar como caja de resonancia para sus reclamaciones.

La urgencia del Gobierno italiano por un cambio en la política económica europea deriva tanto de la presión social como de sus finanzas. Se calcula que su deuda pública se disparará al 135% del PIB este año, mientras sus previsiones de crecimiento económico e inflación se han revisado a la baja. Italia, coinciden los analistas, necesita desesperadamente crecer e inflación. La presión para que el Banco Central Europeo tome medidas que alejen el peligro de la deflación (en abril se situó,de media, en el 0,7%) aumenta.

¿Lograrán los países del sur dar un golpe de timón a la política económica europea? La tensión entre sus aspiraciones y los límites que plantean los países del norte, aunque atenuadas, se escenificarán de nuevo como muy tarde en otoño, cuando la Comisión Europea dé su veredicto sobre los presupuestos nacionales para el 2015. ¿Aflojará la mano Bruselas una vez más?

Si, a diferencia de lo que hizo el año pasado, la Comisión Europea y el Eurogrupo se aferran al cumplimiento sin demora del límite del 3% de déficit público previsto en los tratados, varios países volverán a tener que aplicar la tijera. España, Francia, Irlanda y Portugal, entre otros, se verán obligados adoptar subidas fiscales o recortes del gasto público para cumplir con sus metas fiscales europeas. No están solos. Un país del ala dura de la UE, Finlandia, se ha sumado al grupo de países con problemas para cuadrar sus cuentas públicas. La coalición de gobierno se dispone a nombrar un nuevo ministro de Finanzas al ex líder sindicalista Antti Rinne, contrario a la política de austeridad a ultranza practicada (y predicada) hasta ahora por Helsinki.

"Sin una iniciativa europea de crecimiento será difícil cumplir los objetivos presupuestarios nacionales", advierten André Sapir y Guntram B. Wolff, investigadores del think tank bruselense Bruegel en su análisis post-electoral. "Los nuevos líderes de las instituciones europeas deberían desarrollar una estrategia convincente de crecimiento. Los jefes de Estado y de Gobierno deberían por tanto elegir a líderes capaces de ofrecer resultados, pero también darles un mandato muy claro para que se concentren en ese objetivo", afirman. La nueva Comisión Europea deberá de organizarse de forma diferente para coordinar las distintas iniciativas políticas.

Mientras tanto, de acuerdo con los cálculos de la Comisión Europea, la economía de los grandes países del norte, seguirá despegando a un ritmo más elevado que el sur. La brecha continental se agranda, no sin consecuencias sociales. El temor de estos países a una llegada masiva de parados de la periferia europea les ha llevado a adoptar medidas para restringir el acceso a las ayudas sociales. La propuesta del Gobierno francés de crear un presupuesto específico de la zona euro para financiar gastos derivados de un choque asimétrico (se puso como ejemplo el pago de parte del subsidio del paro cuando unos países sufren el problema mucho más que el resto) no ha tenido buena acogida en el norte. Tampoco han prosperado las propuestas para pactar algún tipo de alivio de la deuda europea, vía euroletras, fondos de amortización...

Así las cosas, el margen de maniobra de la UE es muy reducido. Los planes para implicar al Banco Europeo de Inversiones en nuevos proyectos para facilitar el crédito no despegan. Queda utilizar el nuevo presupuesto europeo (2014-2020) para tratar de dar un impulso común a la economía, reorientando el gasto hacia proyectos con valor añadido europeo y que puedan reactivar el crecimiento y el empleo. Su capacidad es limitada (el equivalente a algo menos de un 1% del PIB de la UE) pero puede hacer de palanca con el sector público y privado de los diferentes estados miembros.

La Unión ha reservado 5.580 millones de euros para mejorar las conexiones energéticas de Europa con el mundo y entre sus Estados miembros. España espera beneficiarse del impulso que la Unión Europea, ante la crisis de Ucrania, quiere dar a seguridad energética y ha presentado proyectos a la primera convocatoria de ayudas lanzada por la Comisión.

En materia de transportes, el programa Connecting Europe cuenta con 26.250 millones de euros para los próximos siete años (11.305 millones. para los países del Este). El corredor ferroviario mediterráneo figura por primera vez entre los proyectos prioritarios para la Unión, lo que le permitirá tener un acceso privilegiado a la financiación comunitaria, en especial en los tramos transfronterizos. Las ayudas a la mejora de la interoperabilidad ferroviaria pasan de un 20% a un 40%, lo que España espera aprovechar para seguir la transición del ancho de vía ibérico al europeo. El desafío de los gobiernos será poder movilizar recursos públicos suficientes para poder cofinanciar los proyectos. El nuevo presupuesto europeo también prevé una partida específica para impulsar las infraestructuras digitales en la UE, aunque muy modesta (1.140 millones de euros).

Sin un golpe de timón o un empujón de Bruselas, Frankfurt y Berlín, las posibilidades de reorientar la política económica con los recursos propios de la UE no están a la altura de los retos, económicos y sociales al que se enfrentan algunos países.

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