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Letizia, la Reina 'hipster' que ama a Los Planetas y a Miguel Noguera

El Mundo El Mundo 04/06/2014 QUICO ALSEDO

«Total, que me voy al Teatro Alfil, al espectáculo de Miguel Noguera, un tipo de lo más ácido, que se ríe de todo sin límites, y ¿a quién me encuentro en la cola? Pues a ella, otra vez. No daba crédito ¡Ya no sabía qué cara poner!».

Además de excelente periodista cultural, el gallego Iago Fernández va camino de convertirse en un género periodístico en sí mismo.

Por una curiosa vía: la de retratar, a base de varios encuentros completamente casuales, el lado -cómo decirlo- más macarra y hipster de Letizia Ortiz Rocasolano, la ex periodista que en menos de un mes se convertirá, muy probablemente, en reina de todos los españoles.

Sin quererlo, Fernández, editor en Madrid de la revista Vice (o sea, Vicio en inglés), ha recibido llamadas hasta de Latinoamérica para contar cómo se convirtió en improbable sosias (con piercing en la nariz y gafas de pasta) del mismísimo Jaime Peñafiel, después de trabar inesperada 'amistad' con Letizia en varias de esas tan comentadas escapadas de la princesa al Madrid más underground.

Andanzas conocidas muchas de ellas, algunas a conciertos de lo más comercial, de Hombres G a Luz Casal, por ejemplo. Otras, sin embargo, más escogidas, como a los festivales D-Code (en la Complutense, donde vio a los estadounidenses The Killers en 2012) o al Primavera Club (donde disfrutó de Los Planetas, símbolo del pop español alternativo de los años 90).

Los garitos más frecuentados

El bar José Alfredo, junto a la Gran Vía, o el Costello, en la calle Caballero de Gracia, son algunos de los garitos más frecuentados por la casi reina, que por lo demás no tiene problemas en mezclarse con sus futuros súbditos, incluso hasta llegar a departir con ellos, como demuestran las peripecias con su inesperado biógrafo de Vice, que cuenta así su fortuita historia.

«La primera vez fue en la sala La Riviera, en el concierto de [la banda californiana] Eels. Yo estaba con mi novia, Rocío, en la barra de atrás. Letizia estaba allí y la gente no dejaba de mirarla, pero nadie la abordaba. Un poco pensando en hacer algo para la revista, pensé: 'Voy a hablar con ella'. La abordé y en medio minuto ya le había dado la vuelta a la tortilla y me preguntaba ella a mí si me gustaba este disco o este otro. Estuvo encantadora, la verdad. Me preguntó por ejemplo si había leído el libro del líder del grupo [Cosas que los nietos deberían saber, una especie de biografía de Mark Oliver Everett]. Me lo recomendó vivamente y al contar luego la peripecia en la revista me llamó el editor español de Blackie Books, a quien casualmente conozco, para preguntarme: 'Tío, ¿pero esto es verdad?».

Letizia Ortiz, explica Fernández, no se contentó con enseñarle en su móvil las fotos que se acababa de hacer en el backstage con el grupo: «Cuando Rocío se nos acercó, Letizia le soltó: 'Yo a ti te conozco de algo, me suenas mucho'. Rocío es actriz, así que le dijo algunas de las películas en las que había trabajado... Y resulta que la había visto en Diamond Flash, de Carlos Vermut, una peli que más underground no puede ser... Y añadió: 'si es que me gustaste tanto que te busqué en Google'. Le digo: 'Pero, si esa peli no la ha visto ni la gente de mi oficina...'. Y contesta: 'Qué pasa, ¿que no puedo ver cine yo?'», dice Fernández, que llegó a hacerse una foto con la Princesa «pero me pidió, medio en broma medio en serio, que no la publicara».

Unos meses después, segundo encuentro, esta vez en los cines Renoir Princesa (los Príncipes de Asturias suelen acudir a salas de esta cadena de versión original en la Plaza de Los Cubos, junto a Princesa). «Iba a ver El lobo de Wall Street, la de Scorsese, ¿y a quién me encuentro en la cola de las palomitas? Nada, mandé a Rocío de avanzadilla y Letizia estuvo maja. Como yo había publicado aquel artículo en clave de humor sobre nuestro primer encuentro, ella le dejo caer: 'Oye, pero me dijo que no iba a publicar nada, ¿eh?'. Yo en principio no quería escribir nada, pero al ver que cuando lo contaba nadie me creía me di cuenta de que tenía cierto valor informativo».

El tercer encuentro fue el más singular: «Yo iba al Teatro Alfil en Malasaña a ver a Miguel Noguera, que hace una cosa bastante bestia que se llama ultrashow, y traca, allí me la encuentro. Me acerco y comenta: 'Parece que tenemos los mismos gustos'». Noguera es quizá el cómico español más extremo, vitriólico e inclasificable de la nueva generación, y no hace ascos a bromear con la violencia o con otras, digamos, zonas de sombra. «Después de cinco minutos hablando, me dice: 'Oye, te presento a Felipe'. Él llevaba todo el rato a mi lado y ni me había dado cuenta. Se sentaron en primera fila y después del espectáculo quisieron que Noguera se tomara una cerveza con ellos, pero a él le dio pudor e hizo lo de siempre: irse a un Vips a comer el plato de salmón. Miguel, al que conozco, alucinó con la situación: estuvieron hablando y Letizia conocía toda su obra, sus libros. Todo».

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