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Limitados a tres mandatos, los alcaldes lusos gastan menos y la participación electoral aumenta

Logotipo de El Mundo El Mundo 27/09/2017 AITOR HERNÁNDEZ-MORALES

El domingo se celebran las elecciones municipales en Portugal y todo el país se ha llenado de carteles con las caras sonrientes de los candidatos. En grandes ciudades como Lisboa y Oporto, como también en los pueblos más pequeños del interior luso, quienes pretenden asumir o mantener las alcaldías del país vecino recorren las calles pidiendo el voto de sus conciudadanos. En 41 municipios, sin embargo, quienes actualmente ostentan el bastón de mando no figuran en la propaganda electoral. Las figuras ausentes son las de los alcaldes que ya han cumplido su tercer mandato y que, por ley, no pueden volver a presentarse a la jefatura de la corporación municipal.

Junto a la ausencia de caras familiares en los carteles electorales, otra ausencia significante ha sido percibida en estos municipios: la de los gastos electoralistas típico en los años electorales. Según un estudio publicado por la Fundación Francisco Manuel dos Santos, en aquellos municipios donde los corregidores no pueden volver a presentarse como candidatos se ha registrado una caída notable en los gastos públicos que en aquellas ciudades y pueblos donde los jefes de la corporación sí pueden optar por otro mandato. A efectos prácticos, parece ser que los alcaldes que saben que su tiempo al frente del ayuntamiento llega a su fin gestionan los gastos municipales de otra manera, evitando grandes inversiones electoralistas al no ver la necesidad de seducir a los electores.

"Quienes están en su tercer -y legalmente último- mandato gastan menos", explica a EL MUNDO Francisco Veiga, profesor catedrático de Economía de la Universidad do Minho y autor del estudio junto a la economista Linda Veiga. "Esto se nota especialmente en el año anterior a las elecciones, cuando los alcaldes que optan por la reelección incrementan el gasto en obras públicas".

El gasto en obras públicas y la inauguración de infraestructuras municipales en el año previo a las elecciones es una estrategia clásica para ganar el voto local. En Lisboa las obras faraónicas realizadas por el actual alcalde, el socialista Fernando Medina, durante los últimos dos años han sido muy comentadas, como en su momento lo fueron las del alcalde Alberto Ruíz Gallardón, que embarcó en un maratón de inauguraciones de tramos de la M-30 en Madrid antes de las elecciones municipales de 2007.

Fue precisamente esta táctica la que inspiró la reforma de la Ley Electoral de 2011 en España, prohibiendo inauguraciones con actos oficiales durante los dos meses previos a la celebración de los comicios. Sin embargo, en muchos casos la limitación ha servido de poco, pues los alcaldes se han apresurado por inaugurar obras a veces incompletas justo dentro del margen aceptable, como se vio de nuevo con Gallardón en Madrid en 2011, cuando la "playa" de Madrid Río fue presentada al público antes de tiempo y sin acabar.

Una solución a la 'inauguromanía'

Según el estudio de los Veiga, los alcaldes que ven sus mandatos limitados por ley no sufren la inaugromanía de quienes optan por la reelección. A través del análisis de los gastos de los 308 municipios de Portugal entre septiembre de 2013 -justo antes de celebrarse las últimas elecciones municipales- y mayo de 2017, los economistas señalan que los alcaldes que se ven limitados por el número de mandatos servidos pasan de inaugurar rotondas, pabellones deportivos, piscinas municipales o centros de salud.

Por lo contrario, éstos se muestran más austeros en los gastos que realizan tanto en el año previo a las elecciones, como a lo largo del último mandato en el ayuntamiento. Abarcan menos grandes proyectos con financiación estatal, y también evitan llevar a cabo medidas más populistas que pueden gustar a sus electores, entre ellas la reducción de los impuestos locales.

"Al no necesitar ganarse el voto de los electores, estos alcaldes se saltan el 'clásico' del periodo electoral, cuando de pronto se inaugura de todo antes de los comicios".

"Ya no sienten la obligación de montar tanta producción, y como a nivel municipal las candidaturas son muy personalistas, los alcaldes salientes no se preocupan de sus posibles sucesores, ni del futuro de sus partidos en las alcaldías. Los partidos, por su parte, tampoco presionan a los alcaldes salientes, pues lo último que quieren es que se enfade y se declare independiente al último momento, abriendo una brecha a nivel local".

Aumento de participación electoral

© Proporcionado por elmundo.es

A diferencia de todos los otros países de la Unión Europea salvo Italia, Portugal limita a tres el número de mandatos que pueden servir los alcaldes y los presidentes de las juntas municipales. Hasta 2013 proliferaban los alcaldes "vitalicios", y en 31 municipios -el 10% de los 308 del país vecino- los alcaldes llevaban más de 20 años en el cargo. El caso más llamativo era, sin duda, el del semi-eterno jefe de la corporación municipal de Braga, Francisco Soares Mesquita Machado, que lideraba la ciudad ininterrumpidamente desde 1977, cuando se celebraron las primeras elecciones democráticas tras la Revolución de los Claveles. Con el objetivo de favorecer la renovación democrática, en 2005 la Asamblea de la República aprobó la ley que limita a tres el número de mandatos de sus alcaldes y los presidentes de las juntas municipales.

Su entrada en pleno efecto en las municipales de 2013 afectó a 160 alcaldes y 884 presidentes de juntas municipales, los cuales se vieron impedidos de presentarse a la reelección al haber completado el tercer mandato al frente de sus respectivas instituciones. El resultado fue la mayor renovación política de la historia de Portugal, en la que finalmente 208 municipios -más de dos tercios de la totalidad- cambiaron de alcalde. Las elecciones registraron un leve aumento de la participación electoral que Veiga achaca al interés público suscitado por la posibilidad de cambio.

"Notamos un aumento de un 1%, lo que no es enorme, pero sí llamativo. En Portugal ha caído la participación electoral desde la Revolución, y aunque sea poco, siempre es interesante ver qué hace que los electores se interesen de nuevo por quienes les representan a nivel municipal".

Analizando su impacto en Portugal, Veiga afirma que la ley que limita los mandatos de los alcaldes y presidentes de las juntas municipales parece haber sido positiva, "pues la disminución del electoralismo en la gestión de las cuentas municipales siempre es buena, y el aumento en la participación electoral implica que la gente se ve motivada por la promesa de regeneración democrática". No obstante, el economista señala que la fórmula que parece funcionar en Portugal no es necesariamente exportable a todos los países.

"Curiosamente, Brasil es uno de los pocos otros países que tienen este tipo de limitación de mandatos a nivel municipal, y ahí lo que se notó es que los alcaldes que no podían volver a presentarse resultaban ser más corruptos. Aprovechaban el último mandato para robar todo lo que podían".

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