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Llega el Sármata, el nuevo Satán: Rusia prepara su misil nuclear más descomunal

El Confidencial El Confidencial 29/08/2016 Pepe Cervera

Durante la Guerra Fría la lógica de la rivalidad entre superpotencias era sencilla, aunque brutal: la llamada MAD ('Mutual Assured Destruction', destrucción mutua asegurada). En esencia: tú no me vas a disparar porque si lo haces está garantizado que te machacaré, provocándote tantas bajas y daños que no te merecerá la pena. Para garantizar ese aseguramiento se creó la llamada Tríada Nuclear de bombarderos, submarinos y misiles, diseñada para que fuese imposible conseguir eliminar la capacidad de represalia mediante un ataque sorpresa.

Dentro de esa tríada las armas más potentes y temibles eran los ICBM (InterContinental Ballistic Missile, misil balístico intercontinental). Encerrados en silos blindados dispersos en zonas poco pobladas, capaces de alcanzar el territorio enemigo en menos de media hora y (casi) imposibles de interceptar o destruir en tierra los ICBMs cargaban cabezas nucleares enormes diseñadas para arrasar ciudades de un solo golpe. Hoy los misiles diseñados en los años 70 empiezan a alcanzar el final de su vida operativa, y Rusia trabaja en un reemplazo llamado RS-28 Sármata para sustituir a sus ya vetustos R-36, apodados SS-18 ’Satán’ por la OTAN, espina dorsal de su disuasión ICBM.

Se sabe relativamente poco sobre los detalles del futuro RS-28, excepto que será grande, muy grande: más de 100 toneladas, y que la primera fase (de dos supuestas) irá propulsada por un nuevo módulo motor desarrollado a partir del  RD-274 formado por cuatro motores RD-263 de combustible líquido. Precisamente el motor individual PC-99, versión avanzada del RD-236 fue probado este mismo mes con pleno éxito, y según el ministerio de defensa ruso ya hay misiles experimentales construidos esperando la producción en serie de los motores.

La carga útil de la actual configuración se ha anunciado que supera las 10 toneladas. La potencia del nuevo módulo y el aligeramiento de la estructura del nuevo misil le permitirá alcanzar EEUU tanto en una trayectoria sobre el Polo Norte como sobre el Polo Sur. Esta característica está diseñada para complicar cualquier posible defensa contra misiles balísticos que pudiese desplegar EEUU, al forzar su despliegue en dos direcciones opuestas, y elimina el obstáculo del Escudo Antimisiles europeo.

Un misil a 7.000 km/h

Como sus predecesores, el Sármata alcanzará hasta 20 Mach en la fase de reentrada (casi 7.000 km/h) y tendrá un alcance superior a las 6.000 millas náuticas (más de 10.000 km). Será dirigido por una combinación de guía inercial, sistema de posicionamiento global GLONASS y astronavegación, y se espera que esté disponible para ser desplegado a partir de 2020-2021, con cierto retraso respecto a la fecha inicialmente prevista de 2018. Uno de los lugares de despliegue ya confirmados es el polígono de Dombarovsky, en la Rusia meridional cerca de la frontera con Kazajstán, que el país ha utilizado también como cosmódromo para reemplazar el de Baikonur y que cuenta con más de 60 silos que albergan misiles ‘Satán’.

El misil balístico intercontinental ruso Yars RS-24. (Foto: Reuters) © Proporcionado por El Confidencial El misil balístico intercontinental ruso Yars RS-24. (Foto: Reuters)

La gran carga útil del nuevo misil le permitiría en teoría transportar hasta una cabeza nuclear de 50 megatones como el descomunal Zar de las Bombas detonado en 1961 por la Unión Soviética. Pero en realidad esta capacidad se empleará o bien para 10 cabezas nucleares de entrada independiente (MIRV) de gran potencia o 15 de menor potencia, en ambos casos incluyendo numerosos sistemas de señuelos y contramedidas. El misil, como el resto de los de su clase que ha diseñado recientemente Rusia (RS-24 Yars, R-30 Bulava), pretende disponer de todo un arsenal de despiste y confusión para degradar cualquier posible sistema de defensa antimisiles que pueda desplegar EEUU. Y además lo convertirá en un efectivo lanzador espacial.

Al fin y al cabo el perfil de misión de un misil balístico intercontinental no es muy diferente de un lanzamiento espacial: las ojivas llegan casi a entrar en órbita en el tramo más alto de su lanzamiento, antes de la reentrada. En algunos tipos de misión, como podrían ser los ataques por encima del Polo Sur desde Rusia, los MIRV llegarían a entrar en órbita baja para después abandonarla al acercase a la zona del objetivo. De este tipo de misión a la puesta en órbita de satélites no hay una gran distancia.

Se ha especulado con que el Sármata pueda ir equipado con MIRV maniobrables capaces de cambiar de trayectoria a velocidades hipersónicas, además de con avanzados sistemas de navegación y control autónomos que permitan a las cabezas nucleares detectar y esquivar posibles defensas durante la reentrada. Esto haría de estos misiles un oponente formidable, capaz en teoría de despegar desde sus silos reforzados, atacar territorio de EEUU desde un ángulo inesperado y derrotar sus sistemas de defensa antimisil balístico. Dado que con su capacidad de carga cada misil tendría una potencia destructiva aterradora (entre 10 y 15 ataques nucleares independientes) desde luego que conseguiría su misión disuasoria. Porque si su antecesor ‘Satán’ ya daba miedo, los futuros Sármata aterran.

Prueba de un misil SS-18 'Satán', al predecesor del Sármata. © Externa Prueba de un misil SS-18 'Satán', al predecesor del Sármata.
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