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Lo inconcebible: la noche triste

El Mundo El Mundo 14/06/2014 INOCENCIO ARIAS

Un apostante visionario podría haberse hecho millonario ayer noche. Ni el mozalbete holandés más optimista ni el separatista español más deseoso de ver humillada a España podía imaginarse ni el resultado de anoche ni la forma en que se produjo. La lista de las campeonas del mundo que renquean en el partido que debutan del siguiente campeonato es amplia, solo tres de las últimas 10 o 12 ganaron el encuentro inicial, pero el correctivo que sufrió nuestra selección es insólito. Es probablemente el mayor de nuestra historia después del 1-6 padecido también en Brasil en 1950

Por no tener no tenemos ni siquiera el consuelo de los croatas ante Brasil. Los europeos, frente al anfitrión, fueron atracados por el árbitro japonés siguiendo la tradición de la FIFA de favorecer al equipo local para que la asistencia a los estadios no decaiga. En nuestro caso, y aunque el árbitro concedió un tercer gol cuando Casillas había sido cargado de modo irregular, no caben paliativos. Nos pintaron la cara contundente y sorpresivamente.

© Proporcionado por elmundo.es

No es la menor sorpresa para un aficionado español la manera en que cambió el encuentro a partir del gol de Van Persie. España estaba cada vez más entonada y hasta fluida, la superioridad de nuestra selección con su esquema habitual comenzaba a ser evidente, nos las prometíamos felices... El acrobático tanto del holandés ganándole la espalda a Ramos en el fatídico minuto 44 resultó una losa para los nuestros. Uno puede preguntase si el jarro de agua fría influyó decisivamente en el ánimo de los españoles o si haciendo abstracción de ello nuestra selección no tiene frescura física para resistir noventa minutos frente a un rival correoso. ¿Quién recuerda hoy, después del infausto segundo tiempo, a un jugador español que jugara bien?

El hecho es que todo se alteró dramáticamente. Y todo se cuestionará ahora, empezando por el esquema de juego. Los críticos agazapados dirán que si un equipo tiene 66% de posesión de la pelota, frente al 34% del rival, comete 5 faltas frente a 18 del contrincante, pero chuta menos a puerta y lo apabullan 1-5 algo está mal con el sistema de juego. Está por ver. Un supersticioso dirá que jugar en Brasil nos da mal fario y que la camiseta de ayer, esa blanca mustia, debería ser desterrada. En el 50 cuando se produjo el también traumático "maracanazo"de la final Brasil-Uruguay, la camisola tradicional de Brasil era blanca. La desterraron y nació la vistosa amarilla que conocemos que les ha dado cinco copas.

Las caras de millones de españoles, con ciertas excepciones, no tengo duda de que hubo gente que brindó con champán, se quedaron petrificadas. Vuelve el derrotismo. El rictus de algunos jugadores era dolorosamente elocuente, especialmente el de Casillas en una jornada de la que él daría de su peculio una cantidad similar a la de las jugosas primas prometidas con tal de que no se hubiera producido. Del Bosque tiene terapia mental por delante.

Hace casi 500 años, también en tierras americanas y también en el mes de junio, Hernán Cortés, sorprendido por los bravos aztecas, sufrió un descalabro que parecía fatídico: en su repliegue de la capital mejicana perdió 400 españoles y miles de sus aliados indios, él mismo estuvo a punto de perecer, salvándolo heroicamente Cristóbal de Olea. Fue "la noche triste". Sacaría fuerzas de flaqueza, reunió más aliados y arengó a sus hombres. Días más tarde ganaba una decisiva batalla y derribaba el imperio azteca.

Del Bosque cuenta con escasos días para estudiar como derribar el día 18 a unos enemigos también correosos y valientes como son los chilenos. Y que sabrán de memoria las tácticas de los españoles. Vencer a los iberoamericanos será un lenitivo para borrar, aunque sólo sea parcialmente, la noche muy triste -¿cuántos no logramos conciliar el sueño?- del día de San Antonio de 2014.

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