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Lo nunca visto

Notodo Notodo 15/03/2016 Irene Galicia
Imagen principal del artículo "Lo nunca visto" © La Fábrica 2014 @ Imagen principal del artículo "Lo nunca visto"

¿Es posible el arte después de Auschwitz? Todos conocemos la frase de Adorno acerca de la poesía después de Auschwitz. No hace falta citarla ni parafrasearla. Si entramos en el discurso acerca del arte y su fin, casi no se puede evitar dar con el veredicto de Adorno. Ya es un tópico. Tendríamos que terminar de producir cultura, nos dice, porque es una basura, porque es una cultura post Auschwitz, porque viene demasiado tarde para rescatar algo. No era posible representar el dolor, sino que la única salida era hacer del dolor la obra artística.

La Segunda Guerra Mundial provocó tal cantidad de muertos que los historiadores no pueden dar una cifra concreta. Muchas ciudades, consideradas antes un lugar seguro, fueron destrozadas por los bombardeos. También fue aniquilada la idea de que el mundo progresa y mejora constantemente y la bomba atómica demostró la precariedad de la vida humana. Este trauma tuvo sus consecuencias en la política, en la economía, en la filosofía y por supuesto, en el arte.

Esta exposición nos guía a través del poder interpretativo de la guerra, haciendo hincapié en el contraste entre la proliferación de obras tras las vanguardias y el fracaso de cualquier exaltación retrospectiva. La glorificación de la libertad y el dolor de tener que paralizar ese sueño compartido por todos los seres humanos convive en muchas y magníficas pinturas cuya principal característica es una tendencia subversiva, que les lleva a rechazar las normas de estilo establecidas o incluso a incumplirlas por principio. A estos propósitos, ya existentes en desde las vanguardias, se les uniría tras la guerra la pérdida total y definitiva de los valores hegemónicos del mundo moderno.

Lo nunca visto es un recordatorio de cómo el arte retrocedió hasta un estado primitivo en el que las normas impuestas por el hombre ya no importaban, un testimonio de los grandes cambios que sufrió nuestra manera de pensar y percibir el mundo. Tras el conflicto, el arte vio nacer una pintura radicalmente diferente, que cuestionaba los métodos utilizados hasta entonces. El informalismo comenzó a usar nuevos materiales como arena yeso, cartón, papeles, trapos, o tejidos con espátulas y paletas o con las propias manos. Pero la exposición no se limita a analizar la pintura sino también la fotografía -por supuesto bajo el asesoramiento del experto Horacio Fernández-, que encuentra su aliado en el fotolibro, estableciendo una relación entre pintura y fotografía pues sus postulados son paralelos a los de la pintura, así como la conexión entre la abstracción europea de postguerra y los artistas de la Subjektive Fotografie alemana.

La visita podría concluir con una pregunta que parte del veredicto adorniano: ¿Es posible representar por medio de obras de arte ese horror sin traicionarlo, sin estetizarlo? Las vanguardias del siglo XX afrontaron el golpe de las grandes guerras tanto a nivel formal como en la afirmación de la capacidad del arte para forjar la conciencia intelectual. Decía Kandinsky que cada arte es hijo de su época y esta muestra de imágenes doloridas, sin duda lo confirma.

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