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"Londres copió los JJ.OO. de Barcelona y fueron un éxito"

La Vanguardia La Vanguardia 12/06/2014 Lluís Amiguet

Antes que de Juegos Olímpicos, hablemos de la genética y el metabolismo de las ciudades: su carácter y cómo evoluciona y se transmite de generación en generación e impregna a quien vive en ellas.


Ahora Londres es muy trendy.
El dinero le llega de todas partes. Pero también cuando la economía va mal, algunas ciudades resisten por su carácter. Barcelona ha brillado pese a la crisis catalana y española: sus infraestructuras, sus valores, su marca, han triunfado en plena recesión.

¿Usted es de Londres?
¡De eso quería yo hablar! Yo soy de Londres más que inglés. Porque nací en Londres, sí, pero mi madre era italiana y a las tres semanas nos fuimos a Roma, donde crecí. Mi mujer es rusoarmenia y mi hija vive en Nueva York: somos una típica familia londinense.

¿El carácter está en la mezcla?
Está en ser una ciudad elegida por muchos a quienes integran y dan la bienvenida otros muchos que la eligieron antes y la hicieron mejor con su esfuerzo, porque una identidad sólo tiene futuro si sabe abrirse a la diversidad. Londres brilla porque esa apertura a la diversidad hoy está en sus genes.


¿Y Barcelona?
También puedes ser barcelonés más allá de cualquier nacionalidad o pasaporte. Barcelona hará barcelonés a cualquiera que la haga su ciudad y cumpla con sus obligaciones: te dará una identidad que acabarás amando.

Puedes tener varias y amarlas a todas.
Pero las de Londres y Barcelona comparten la genética de la tolerancia, el civismo y el respeto a la diversidad; por eso fue muy fácil copiarles a ustedes los JJ.OO.


Concrete qué tenemos en común.
En las dos ciudades los JJ.OO. no fueron logro de un partido ni de una ideología ni de un alcalde sino de mucha gente diferente con ideas diferentes, pero remando en una dirección. En Londres, además, hubo no uno sino dos alcaldes olímpicos: Ken y Boris...

...Ken Livingstone y Boris Johnson.
El alcalde de Londres es el único político británico a quien llamamos por su nombre de pila. A ustedes lo primero que les copiamos fue hacer de los JJ.OO. excusa para corregir defectos: en Barcelona, eso suponía reabrirla al mar; en Londres, superar la desigualdad entre el este pobre y el oeste rico.


¿Cómo de grande era la brecha social?
Entre el opulento Kensington y el humilde Stratford hay siete paradas de metro y siete años de esperanza de vida. En el oeste tienen una expectativa de 80 y en el este, 73.

¿Puede el urbanismo corregir algo así?
Debe intentarlo: copiamos de Barcelona su estilo de intervenir con cirugía urbanística precisa para reincorporar a la trama de la ciudad áreas degradadas. En Barcelona, la degradada área industrial del Poblenou; en Londres, las chatarrerías de Stratford. Y estoy aquí para colaborar en el nuevo Pla Director Urbanístic Metropolità (PDM).


¿Qué queda hoy en su área olímpica?
Hospitales, escuelas y vivienda, vivienda, vivienda. Sólo hemos mantenido y abierto a los ciudadanos la piscina olímpica, porque no teníamos ninguna, y el velódromo, porque hay afición al ciclismo. En el edificio olímpico de prensa, hoy hay un vivero de empresas: 6.000 nuevos empleos y cerca un centro comercial que generó otros 10.000.


Debíamos copiar cómo calibra usted el éxito por el número de empleos creados.
Ayuda mucho la ingente inversión extranjera que nos llega. Nosotros sufrimos un crash inmobiliario, como aquí, en el 2008, pero después se recuperó y ahora no paran de subir los precios. Es preocupante.

Mejor que preocuparse del paro.
También Londres sufrió años grises cuando el thatcherismo desmontó la industria y se disparó la conflictividad social.

¿Por qué les va tan bien ahora?
Porque, tras el 11-S, hubo ocho fondos soberanos de países musulmanes que se vinieron a la City de Londres. No sólo árabes, sino también de Malasia o Indonesia. Después, también llegaron capitales indios y las incipientes fortunas del este de Europa.

Aquí algo llega, pero mucho menos.
Londres les ofrecía prosperidad, pero sobre todo tolerancia, cultura abierta con un idioma universal, centros educativos de prestigio para quienes querían invertir en el capital intelectual de sus hijos...

Todo carísimo.
Pero también museos gratis y un transporte público eficiente.

Y caro.
La tasa de 14 euros al día por entrar en coche a la ciudad ha sacado de las calles el 20 por ciento de coches que colapsaban el centro y ha disparado el ridículo auge de la bici.


¿Por qué es ridículo ir en bicicleta?
Porque nuestro clima es horrible y a menudo hay que pedalear bajo el temporal.

Yo lo consideraría un éxito.
Lo es, pero los éxitos no son casualidad, sino consecuencia de buena planificación con la complicidad de todos y para eso hace falta una autoridad única para toda el área metropolitana, como nos repetía Maragall.

Pues a él se la quitaron.
Y la Thatcher a nosotros, pero Blair la restableció y no nos ha ido nada mal.

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