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Los altos y bajos en la monarquía de Juan Carlos I

BBC Mundo BBC Mundo 02/06/2014 BBC Mundo

La historia de España le reservará un lugar como hombre clave de la transición hacia la democracia, a finales de los años 70. Pero también lo recordará como el padre de la primera integrante de la Casa Real imputada por un presunto delito de corrupción y maluso de fondos públicos.

El rey Juan Carlos I de España anunció, este lunes, su decisión de abdicar en favor de su hijo, el príncipe Felipe, tras casi cuatro décadas en el trono español.

BBC Mundo repasa aquí luces y sombras de su tiempo: algunos de los escándalos que salpicaron su reinado así como sus mayores logros históricos.

Las sombras

El perfil bajo de la familia real, respaldado en un tácito pacto de respeto a la privacidad por parte de algunos medios españoles, sucumbió durante los últimos años de Juan Carlos en el trono ante una seguidilla de escándalos, que tuvo su punto álgido en el proceso judicial contra Iñaki Urdangarin, yerno del rey y esposo de su hija menor, Cristina.

La misma infanta, séptima en la línea sucesoria al trono, se vio imputada en el llamado Caso Nóos y fue citada ante los tribunales, en febrero de 2014: la primera vez que un miembro de la familia real de España comparece como imputado en un juicio. Fue investigada en el juicio contra su esposo por supuesta malversación de 6,1 millones de euros (más de US$8 millones) de fondos públicos, además de delitos de evasión impositiva, fraude fiscal y falsificación de documentos.

En febrero de 2013, el exsocio de Urdangarin, Diego Torres, señaló que la infanta y la Casa Real sabían de los negocios turbios y habían protegido al yerno del rey. En el banquillo, ella se limitó a responder con evasivas: "no sé", "no recuerdo", "no me consta". "Yo confiaba en mi marido", señaló la infanta.

La indignación popular obligó al monarca a hablar del caso en su mensaje navideño de 2012: "La Justicia es igual para todos", señaló.

Yolanda Gómez, abogada experta en monarquía parlamentaria, señaló a BBC Mundo que, pese a ser una figura menor en el núcleo de la Corona, la imputación de Cristina de Borbón causó un deterioro grave en la imagen monárquica.

"El hecho de que una hija del rey de España tenga que apersonarse ante un juez para dar explicaciones de un asunto de carácter económico es una muy mala noticia para la más alta magistratura de la nación", comentó la abogada.

El 14 de abril de 2012, una foto y un viaje alimentaron una polémica que, según los analistas, causó otro daño irreparable en la imagen del rey español: Juan Carlos se dejó fotografiar, escopeta en mano, delante de un elefante muerto durante una jornada de cacería en Botsuana.

La imagen databa de 2006, pero salió a la luz después del traslado de urgencia del rey desde Botsuana a España para ser operado de una fractura de la cadera derecha, causada por una caída durante un safari.

La Casa Real había informado que el monarca se había accidentado durante un viaje de carácter privado, sobre los que nunca difunden detalles, pero la prensa española reveló que, tanto en 2012 como en el viaje de la foto infame, el rey estaba cazando elefantes. Un portavoz del gobierno de Botsuana confirmó la noticia, señalando que Juan Carlos contaba con un permiso para hacerlo.

Además de la indignación que generó entre los protectores de especies en peligro y defensores del medioambiente, el tour de caza fue criticado porque ocurrió en tiempos de crisis económica y con índices históricos de desempleo en la península ibérica. "Andar por ahí cazando elefantes no es un buen mensaje para compartir en tiempos de crisis", expresó el diputado Gaspar Llamazares.

"Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir", pidió disculpas el monarca, con ojos llorosos y apenas salió del hospital tras la cirugía.

Un segundo escándalo lo salpicó tras la difusión de su foto del safari: con los detalles del viaje se dio a conocer el nombre de una de sus colaboradoras más estrechas, Corinna zu Sayn-Wittgenstein.

De esta princesa alemana, de 50 años y hasta poco conocida, se dijo que mantenía una relación amorosa con Juan Carlos, después de que se confirmara que se hallaba con él en su gira africana.

Pero no fue la única: desde la cantante Paloma San Basilio a la actriz Sara Montiel, la lista de mujeres sobre las cuales se han cocinado rumores de amoríos reales es extensa.

En abril de 2012, el diario alemán Bild publicó fotos para sustentar los rumores de que Corinna viajaba con frecuencia acompañando al rey, aunque en entrevistas ella negó que fuera su amante. La Casa Real mantuvo el mutismo sobre este asunto.

"Con el tiempo, y después de tantos años en el trono, lo que vemos es un deterioro constante de su imagen personal, no sólo a partir de situaciones familiares complejas sino con situaciones económicas y personales no bien vistas por la gente", indicó a BBC Mundo Álvaro Soto Carmona, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad Autónoma de Madrid y autor de "La transición a la democracia. España 1975-1982".

Fue literalmente un escándalo que dejó la monarquía al desnudo: las fotos secretas de un hombre asoleándose sin ropa sobre la cubierta de un barco cerca de las costas de Málaga.

Las publicó la revista sensacionalista italiana Novella 2000, en 1995, asegurando que se trataba de Juan Carlos I, navegando en el yate Fortuna. La nota se refería a las partes privadas del rey como "las joyas más escondidas de la Corona española".

La Casa Real, según los registros de la época, indicó que el monarca debía tomar sol de cuerpo entero "por prescripción médica".

La prensa española no perdió oportunidad para hacer humor de esta filtración de imágenes: "Un culo heráldico siempre vende más en la prensa del corazón y de los culos que un culo republicano, socialista, rojo, hortera, democristiano o del Opus, por más que los democristianos y el Opus no tienen culo, que el culo es grave pecado", escribió el renombrado Francisco Umbral, por entonces columnista del diario "El Mundo".

Las luces

Juan Carlos I fue quien asumió la jefatura del Estado español por designación del general Francisco Franco, cuando agonizaba el régimen y su cabeza, en 1975. El nombramiento le hizo difícil conseguir en principio la legitimidad del pueblo y fue, durante décadas, uno de los argumentos que usaron los detractores del monarca en su contra.

Sin embargo, su papel en el proceso de transición política fue reconocido con el paso de los años. La desaparición de Franco abrió las puertas para que el monarca impulsara la implantación de un sistema democrático en el país.

"Venía con una importante dosis de herencia autoritaria y tuvo que ir desprendiéndose de toda esa herencia para consolidarse en la Corona, y supo hacerlo muy eficazmente y a tono con el proceso democrático", señaló el historiador Soto Carmona.

A la abdicación de su padre, Juan, en mayo de 1977, "lo que permitió a Juan Carlos conseguir legitimidad dinástica", según Soto Carmona, le siguieron hechos con carácter de hito, como la convocatoria a elecciones -las primeras desde la Guerra Civil- o la aprobación de la Constitución, que entró en vigor tras un referendo en 1978.

En particular, los historiadores destacan el rol de Juan Carlos ante un intento de golpe de Estado, el 23 de febrero de 1981: durante el llamado 23-F, un grupo de guardias civiles intentó tomar por la fuerza el Congreso de los Diputados.

Con una democracia débil y recién reinstalada, el rey salió a condenar públicamente a los golpistas por la televisión pública.

"La Corona no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático", subrayó frente a millones de españoles.

"Hoy somos todos monárquicos", respondió el histórico líder comunista Santiago Carrillo, en una declaración que reflejó la postura de muchos de sus compatriotas que, sin ser monárquicos, reconocieron el gesto real.

Otros, sin embargo, consideraron que el monarca se había excedido en sus funciones.

Dijo a BBC Mundo Javier Cercas, autor del libro "Anatomía de un instante" sobre el 23-F: "En los momentos del golpe, la posición del rey fue un mensaje claro a favor de la Constitución y de reforzar el proceso democratizador. Pero también puede argumentarse que cumplió misiones que no le correspondían, como forzar la dimisión de Adolfo Suárez", presidente del gobierno español entre 1976 y 1981, que renunció por presiones partidarias tras el distanciamiento del rey Juan Carlos, quien lo había designado al frente del gobierno.

Tras la noticia de su abdicación, la prensa española destacó el rol modernizador que tuvo Juan Carlos dentro de la tradición monárquica española.

"Al equilibrio hay que añadir la modernización de las formas de relación con la sociedad, como la apertura a las redes sociales, y la transparencia en el funcionamiento económico, exigiendo responsabilidades a quien no se comporta adecuadamente, también dentro de la propia familia del rey", escribió el diario "El País" en sus editoriales.

También se hicieron eco otros monarcas europeos, como el rey de Suecia, Carlos XVI Gustavo, quien consideró que su par español había "contribuido de forma positiva al desarrollo" de su país.

Los analistas destacan que el rey ayudó a redefinir el rol de las Fuerzas Armadas en un contexto democrático, con funciones institucionales y lejos del intervencionismo del pasado. Otros distinguen al rey por su cercanía con el pueblo español ante hechos de alto impacto social, como los atentados del 11-M o la catástrofe del buque petrolero Prestige.

Uno de los hechos más simbólicos en este sentido fue la difusión pública de las cuentas de la Casa Real, que se hizo por primera vez tras el escándalo de Urdangarin, seguida del anuncio de un recorte de 7% en el salario del rey.

Entre otros méritos del monarca se destaca su proyección internacional, un mérito que le reconocen tanto sus adeptos como muchos detractores.

A lo largo de casi cuatro décadas, el rey Borbón se convirtió en un embajador de hecho, con su rostro repetido en las "fotos de familia" de foros internacionales y reuniones de mandatarios. Su influencia, agregan grupos empresarios, ha sido clave para mejorar perspectivas de negocios en mercados globales.

"Ha sido un catalizador de la proyección al exterior, especialmente en el mundo árabe", indicó Soto Carmona, que destacó los vínculos "con el Magreb y con las monarquías del Golfo".

También América Latina fue destino frecuente de sus giras con valor diplomático, donde era asiduo concurrente a las cumbres iberoamericanas. Un rol en el que, en los últimos años, lo reemplazó el príncipe Felipe: por el mismo camino pero con mejor semblante, a juzgar por los índices de popularidad que dicen que el hijo tiene 66,4% de apoyo, frente a la popularidad en picada de su padre y antecesor en el trono.

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