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Los círculos del descontento

EL PAÍS EL PAÍS 02/06/2014 Luis Gómez, Carmen Pérez-Lanzac

Miguel Urbán, séptimo de Podemos en las listas a las elecciones europeas, acudió hace unas semanas a Zaragoza a la presentación del nuevo partido, creado hace solo cuatro meses, en la capital aragonesa. Era el primero que se abría en la región. “Al día siguiente”, recuerda, “un hombre se me acercó y me dijo: ‘Hola, soy de Podemos Catalayud”. Acababa de generarse un nuevo círculo.

Podemos, la gran sorpresa de la noche electoral del pasado 25 de mayo (cinco escaños en el Parlamento Europeo, 1.245.948 votos, el 7,97% del total, tercera fuerza política en 23 de las 40 mayores ciudades) se organiza en 400 “círculos”, una cifra que podría haber crecido en las últimas 48 horas. Cada uno de ellos nace espontáneamente y puede reproducirse o disolverse al igual que una red de seguidores en Twitter o Facebook. “Internet forma parte de su ADN. Viven en las redes, pero estas no son solo un medio de propaganda, sino también de organización”, explica Mauro Fuentes, director de Social Ogilvi en España, una multinacional especializada en redes y posicionamiento.

Los círculos no requieren una cifra mínima de participantes. No hay afiliación ni se solicita el carné de identidad, solo el nombre y una dirección de correo electrónico. Las convocatorias, los actos, las reuniones se promueven a través de Internet. Es la red de contactos la que funciona. Cada cual convoca a sus contactos, y cada contacto decide si participa o no.

El círculo Podemos Complutense nació entre alumnos de esa universidad, como el Círculo Somosaguas, que nació en la Facultad de Ciencias Políticas. Este último tiene unos 20 componentes. Hay un círculo de psicoanalistas en Madrid, la mayoría de ellos argentinos, de número indefinido. El círculo Podemos de Lugo está formado por 12 amigos que se reunieron en un bar. Otros se anuncian en un perfil de Facebook, que es el canal por el cual todos reciben la autorización para formar el círculo.

Ninguno de ellos tiene sede. No hay domicilios, ni inmuebles, no hay espacio físico. Es la red quien les acoge, quien les conecta. Un miembro de un círculo puede ser militante de otro partido. Cada candidato de Podemos que se presentó a las primarias tenía que tener el aval de un círculo y cada círculo solo podía presentar a un máximo de tres candidatos. De ese proceso, elaborado al completo en la red, resultó una lista de 150 personas con un único requisito, paridad absoluta: un hombre, una mujer. La lista de 150 pasó a ser votada por todos los círculos y de ese proceso resultó un listado definitivo de 64 personas, 32 hombres y 32 mujeres. El programa electoral fue sometido al mismo escrutinio: cada círculo podía incorporar enmiendas que luego se votaban.

Algunos grupos han nacido de forma natural en asambleas de barrio, un proceso que comenzó tras el 15-M en muchos lugares de España, como el círculo del distrito de Salamanca de Madrid, y luego se han ido ampliando. “Nosotros abrimos el grupo en Facebook, pero en estos momentos somos solo el 5% del grupo”, explica Iván Vázquez, uno de sus miembros.

Otros se han creado de forma más organizada. El de la localidad madrileña de Rivas Vaciamadrid, bastión de IU, partido que había ganado todas las elecciones desde 1991, surgió a finales de enero. El local de Izquierda Anticapitalista en el municipio recibió una llamada de Podemos. “Nosotros éramos un núcleo de personas de izquierdas que antes participamos en el movimiento antiglobalización, en el movimiento contra la guerra, en el 15-M, en el Frente Cívico de Julio Anguita”, explica Javier Navascués, jubilado de 65 años, número 59 de la lista de candidatos de Podemos de un total de 64. “Les dijimos que sí, que nos dieran una charla sobre el proyecto y vinieron tres expertos”.

Uno de ellos era Juan Carlos Monedero, profesor en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense. Es compañero de Pablo Iglesias, aunque mientras este último es interino y no llega ni a mileurista, Monedero es funcionario. De 51 años, el exasesor de Hugo Chávez y de Gaspar Llamazares, admirador del filósofo marxista Antonio Gramsci y orador locuaz, es uno de los tres fundadores de Podemos (junto a Iglesias y Carolina Bescansa, también profesora de Políticas en la Complutense, que desde el 15-M le daba vueltas a cómo canalizar el descontento de la gente en una opción política). Los tres, junto a un núcleo reducido de colaboradores, son los que fijaron las reglas del juego del nuevo partido y sus círculos.

Tras escucharlos, en Rivas decidieron crear el grupo. “Con las semanas”, explica Navascués, “se nos fue uniendo mucha gente que estaba apartada de cualquier militancia y que no había estado antes interesada en la política”. Gente que conocía a Iglesias por la televisión (por su programa La Tuerka, de Tele K —de Vallecas— y por sus colaboraciones como tertuliano en Intereconomía, La Sexta y Cuatro). Curiosamente, fue Intereconomía la cadena que lanzó a la fama a Pablo Iglesias, que recibió el 25 de abril de 2013 una llamada de un directivo de la cadena para incorporarse como tertuliano a El Gato al Agua, el programa más de derechas de la noche. Luego llegaría Telecinco, incluso la primera de TVE, y el resto: Iglesias ha llegado a aparecer en siete programas de televisión por semana.

El miércoles pasado, 100 personas se reunían en el salón de actos de la Casa de las Asociaciones de Rivas: los miembros del círculo Podemos nacido en enero. Sonríen y aplauden por ser la localidad que más proporción de votos ha logrado para el partido (21,13%), que se ha convertido en la primera opción política. La mayoría de los asistentes peina canas. La media de edad ronda los 40. “Seguramente porque con la edad nos vamos haciendo más prácticos”, dice uno de ellos. A los de Rivas les acompañan simpatizantes de pueblos vecinos que han decidido apuntarse al proyecto. Los de Arganda del Rey están a punto de independizarse, los de Mejorada piden ayuda para crear su propio círculo. Nacerán nuevos grupos en los próximos días.

Una mujer toma la palabra en la asamblea y cuenta su caso: “He llegado al fondo, no tengo nada que perder, y voy a ayudar así, empujando”. Un hombre habla después y dice algo que ronda la mente de muchos de los votantes del nuevo partido: “Deberíamos imponer a los políticos de Rivas que cuenten con nosotros, en estos momentos somos la opción mayoritaria”. Sus palabras quedan flotando. Una mujer coge el micrófono con ganas: “Trabajo en el Congreso de los Diputados. Una diputada hoy nos ha llamado antisistema. Mi titular de estos días es que los diputados son los nuevos indignados”. La asamblea rompe en aplausos.

Íñigo Errejón (30 años) ha sido el jefe de campaña de Podemos. Es experto en discurso político. “Después del 15-M había mucho magma por debajo, mucho descontento, mucho activismo, muchos colectivos que no sabían hacer campañas convencionales, pero sí sabían hacerlas en redes. Había un gran espacio desatendido”. Errejón cita experiencias en Latinoamérica, en este caso Ecuador, donde ha trabajado como asesor e investigador, en el que se incorporó al juego político a gente que estaba fuera. Errejón resume lo sucedido en dos ideas: discurso exitoso y visibilidad mediática.

A unos pasos del salón de actos de Rivas, tres mujeres de avanzada edad caminan por un paseo bordeado de lavanda de color morado, el mismo tono que tiñe las circunferencias que forman el logo de Podemos, “figuras geométricas sin jerarquía”, según uno de los encargados de prensa del partido, un estudiante de Traducción de 24 años. Hablan del éxito de Podemos y del rostro que lidera a la formación, el “coletilla”, dicen ellas. “A mí me gusta el chico”, señala Carmen García, de 73 años. “Le veo en La Sexta y en Cuatro. Es savia nueva”.

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