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Los Catrambone, ricos y rescatadores de migrantes en el Mediterráneo

EL PAÍS EL PAÍS 08/06/2016

© El Pais “¿Por qué iba a llorar? ¡Se van a salvar vidas!”. Regina Catrambone despide a su marido, Christopher, y al resto de la tripulación del buque Phoenix a primera hora de la tarde desde un puerto cercano a La Valetta (Malta) y olvidado, con las pequeñas casas de piedra blanca carcomidas por la sal y el tiempo. El matrimonio italoamericano, conmovido por el drama de los cientos de miles de personas que arriesgan su vida para cruzar el Mediterráneo, decidió en 2013 remodelar uno de sus barcos y habilitarlo para el rescate de migrantes. Comenzaron por su cuenta porque querían aportar algo a esta crisis. Hoy “el sueño es una realidad”, explica Regina sonriente, y se han convertido en Moas (Migration Offshore Aid Station) una ONG dedicada exclusivamente a sacar personas del agua a tan sólo unas 30 millas de la costa libia.

“No podíamos quedarnos impasibles ante este drama”, explica Regina con un fuerte acento italiano. Ella, de gran carácter y desbordante de energía, es de Calabria y Christopher, empresario estadounidense embarcado ya en su enésima misión dirección al canal de Sicilia, una de las zonas más profundas del Mare Nostrum. Ambos invirtieron hace tres años su fortuna en el proyecto al que Gonzalo Calderón, de 44 años y madrileño, se incorporó como capitán. “Rescatar a gente, engancha”, sonríe desde cubierta pocas horas antes de zarpar para comenzar una nueva historia que cambiará la vida de cientos de personas, en su mayoría del África subsahariana. En lo que va de año, 48.000 personas han sido rescatadas, 2.809 han muerto en todo el Mediterráneo (2.427 en la parte central), según La Organización Internacional de las Migraciones y Acnur.

© El Pais El capitán Calderón, menudo y de pelo cano, era marino mercante y aprovechó esta oportunidad sin pensarlo. Ahora, admite, le costaría dejarlo: “Mientras el drama continúe, me quedo aquí trabajando”, asegura con los ojos desbordados de emoción aunque la voz aún firme, contenida. El capitán comanda a una tripulación perfectamente uniformada de blanco y azul marino y a un equipo de la Crocce Rossa (Cruz Roja italiana), de Emergency (una ONG sanitaria italiana) y a un par de técnicos de Schiebel, una empresa de Drones, la última incorporación al buque que centra las atenciones de todos.

Su uso [de estos aparatos no tripulados] equivale a la vigilancia de cinco barcos”, explica una portavoz de la organización. Moas, que primero estaba financiada por el matrimonio Catrambone y ahora cuenta con un presupuesto multimillonario que los dueños prefieren no desvelar, —aunque ronda los 600.000 euros al mes, explica un miembro del equipo— cuenta con dos minihelicópteros equipados con cámaras de alta definición que peinan 35 kilómetros en línea recta durante horas en alta mar.

“Son capaces de ver la expresión de la gente en las pateras. Y en directo podemos identificar y valorar desde el barco si están en una situación desesperada. Cuántas mujeres y niños hay, si hay embarazadas, si se están hundiendo…¡Es una excelente idea!”, explica. Drones de vigilancia en el barco Phoenix de MOAS en el puerto de La Valletta, Malta. Drones de vigilancia en el barco Phoenix de MOAS en el puerto de La Valletta, Malta. CLAUDIO ÁLVAREZ La del lunes fue la primera salida del verano del Phoenix, un barco lujoso en sus entrañas —con moqueta, cuadros de óleo, cristalería y paredes recubiertas de láminas de madera, algo inusual y que le da casi un punto perverso a una embarcación de rescate— que sin embargo acoge a casi 500 personas cada vez que sale a la zona SAR (búsqueda y rescate por sus siglas en inglés).

Mientras, en el pequeño puerto maltense marcado por el paso de árabes, griegos, romanos y británicos, otras tres ONG —Médicos sin Fronteras, Sea-Watch y Sea-Eye— aguardan el parte meteorológico para salir al rescate. A las once de la noche del lunes, tan solo seis horas después que el Phoenix, el Dignity (Dignidad), el buque propiedad de MSF España, zarpa dejando atrás las luces que iluminan las interminables murallas y fuertes maltesas. Desde el 23 de abril de este año, el Dignity ha devuelto la vida a unas 2.000 personas. Pero este verano, avanza la tripulación, con el cierre de la ruta desde Turquía a Grecia, se avecina largo y “mucho más duro que el anterior”. 

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