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Los ciudadanos cuestionan el funcionamiento de los partidos

EL PAÍS EL PAÍS 02/06/2014 Fernando Garea

En los últimos dos años había signos de crisis de los partidos tradicionales, hasta que las elecciones europeas del domingo la han certificado en las urnas con un castigo sin precedentes. En Galicia en 2012 ya irrumpió con éxito Alternativa Galega de Esquerda (AGE); en Cataluña, en 2011, la CUP. Y con diferencias notables, desde hace años, se han creado formaciones nuevas como UPyD y Ciudadanos con implantación creciente y cuestionando el modelo de partidos de la Transición.

Los signos que apuntaban esa tendencia estaban ahí, en datos como el aumento de los votos en blanco, del 1,39% al 2,29% en europeas; la baja participación, y también en resultados coincidentes de encuestas de los últimos años. Según Metroscopia, hasta el 93% asegura ahora que los partidos deberían introducir cambios profundos para prestar más atención a lo que piensa la gente.

Gabriel Elorriaga, diputado del PP, asegura que los resultados “se explican como un distanciamiento y un disgusto ciudadano con el funcionamiento de los partidos tradicionales”. En su opinión, “no hay una respuesta simple y unívoca y ni siquiera medidas como las primarias son la única solución, porque es la suma de muchos factores”. Elorriaga habla de “ejemplaridad” en ese funcionamiento, “en la forma de actuar frente a la corrupción y en cómo relacionarse con la ciudadanía”.

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En este momento, en el Congreso se discuten medidas contra la corrupción, a la espera de un acuerdo entre PP y PSOE que está bloqueado por la situación de los socialistas. Estas medidas no incluyen reformas en la ley de partidos para democratizar su funcionamiento, ni en la ley electoral.

Sin embargo, según el 86% de los ciudadanos deberían abordarse reformas del sistema electoral para mejorar la proporcionalidad; establecer listas abiertas, limitación de mandatos y elecciones primarias abiertas. Ninguna de estas demandas se estudian en esa reforma legal en trámite. Entre los votantes del PSOE esos porcentajes superan el 90%.

Jordi Sevilla, exministro del PSOE, forma parte de la plataforma Más Democracia, que en coincidencia con otras similares, presentó a los grupos en septiembre de 2013 una propuesta articulada de ley de partidos sobre la que no ha habido respuesta. En su opinión “es preciso actualizar esa reflexión, porque el resultado del 25-M es una llamada de atención a los dos grandes partidos que no se resuelve con un cambio de caras, sino con nuevos proyectos, programas y formas de actuar”.

El peligro, añade Sevilla, es que se olvide si acaba la crisis económica y no se tenga en cuenta la “exigencia democrática a los partidos para que actúen de otra manera. En ese caso, la desafección democrática irá a más, crecerán fenómenos antisistema y habrá más riesgo de que España sea ingobernable”.

Coincide con esta tesis, Belén Barreiro, doctora en Ciencia Política y Sociología, fundadora de MyWord, directora del Laboratorio Fundación Alternativas y expresidenta del CIS. “La crisis económica es la causante, pero la crisis política ha avanzado a una velocidad que no la parará la recuperación económica”.

Fernando Vallespín, catedrático y politólogo, escribía esta semana en EL PAÍS que “todo apunta a que estamos ante un fin de régimen, el que acabó asentándose después de la Transición, pero ignoramos qué lo pueda sustituir”.

El 67%, según Metroscopia, entiende que sería positivo que los resultados de las elecciones europeas se repitieran en generales para obligar a pactar a los partidos. Es decir, del sondeo y del 25-M se deduce un rechazo a las mayorías absolutas y. mucho más obvio, a la hegemonía de PP y PSOE.

Esa fragmentación del voto y de exigencia de política, se manifiesta también en que el 66% prefiere expresamente que haya pactos, sin mayorías absolutas.

Vallespín explica que ya hace 15 años en Alemania acabaron en las urnas lo que se llamó los “partidos de masas” y ahora en España se reproduce ese mismo proceso. Con retraso porque aquí los partidos nacionalistas eran las opciones bisagras, mientras que ahora el cambio es que aparecen otros partidos para cumplir esa función.

Entiende, no obstante, que el PP puede recuperar movilizando a sus abstencionistas, mientras que el PSOE lo tienen mucho más complicado por la aparición de nuevas opciones que buscan romper ese bipartidismo de la Transición.

“Sus programas pueden ser disparatados, pero no la crítica que hacen al modelo de partidos”, asegura Vallespín sobre Podemos.

En esta línea, Luis Arroyo, experto en comunicación, asegura que el resultado del 25-M es “una llamada de atención a los partidos”. Pide no obstante, que se diferencia porque “la democracia asamblearia no es viable, las experiencias son decepcionantes, pero los partidos deben aprender que deben renunciar a aparatos cerrados, en favor de medidas como primarias, limitación de mandatos y transparencia”.

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