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'Los escándalos se olvidarán pronto'

El Mundo El Mundo 03/06/2014 EUGENIA COPPEL

El historiador Paul Preston (Liverpool, 1946) tuvo la oportunidad de entrevistarse con el Rey y se negó. Prefirió conservar su independencia como biógrafo. Desde esa posición de observador externo, el hispanista de la London School of Economics y autor de 'Juan Carlos, el rey de un pueblo' (Debate), considera que la decisión del Monarca es una apuesta a futuro y una buena oportunidad para el reinado del Príncipe.

¿La abdicación es positiva para la supervivencia de la Monarquía? Creo que la decisión del Rey se basa en una meditación profunda sobre la situación presente y futura de la Monarquía en España. Al estar en la cúpula del sistema político, la Monarquía se ha visto salpicada por los problemas económicos. La crisis ha llegado hasta la Casa Real. Y lo que más ha contribuido al desencanto ha sido la corrupción, que ya manchó a la Corona con el caso Urdangarin. El Rey ha abdicado para romper con el pasado y darle una larga estancia en el trono al Príncipe Felipe.

¿Cómo cree que se recordará en España el periodo 1976-2014 dentro de 30 años? El juicio de la historia será muy positivo, porque se centrará en el coraje y la astucia con los que el Rey actuó durante el primer año después de la muerte de Franco. Fue algo muy difícil, porque Franco le había entrenado para garantizar el futuro de la dictadura. Y Juan Carlos facilitó la negociación entre la izquierda moderada y la derecha progresista, para establecer la mecánica de la Transición. Durante la segunda mitad de 1970 actuó con mucho coraje, como el bombero de la democracia. Y después de 1982 tuvo un papel muy positivo como embajador del país, y fue un buen Jefe de Estado neutral. Los escándalos que han sucedido últimamente parecerán poco importantes en un futuro cercano.

¿La Transición fue una improvisación o un proyecto de modernización bien planeado? Había un deseo por acabar con la dictadura y la gran pregunta era cómo hacerlo. Pero no creo que nadie lo supiera en noviembre de 1975. Fue una cuestión que se fue elaborando gracias a la moderación de la izquierda, la inteligencia de ciertos elementos del régimen que fueron cambiando las leyes de Franco, y los juramentos que hizo el Rey. El proceso de democratización fue una obra de muchos, pero el papel del Rey fue fundamental.

¿Cree que la Monarquía sufre un déficit de legitimidad? La legitimidad popular la ha ido perdiendo en los últimos años. Pero tiene legitimidad constitucional, y de momento, con eso basta. Ahora la gran apuesta del Rey, con esta decisión, es que su hijo pueda llegar a tener la misma legitimidad que él tuvo. Va a ser difícil, porque al Príncipe le faltan algunas cosas que tiene el Rey. No tiene la aureola de heroísmo que ganó Don Juan Carlos durante la Transición. Es quizá más serio, menos afable. Todo dependerá de cómo toree los problemas inmediatos. Y el más grave, por supuesto, es la cuestión catalana.

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