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Los escraches, de "jarabe democrático" a "acciones fascistas"

ABC ABC 18/02/2016

La exdelegada de Gobierno, Cristina Cifuentes, durante el escrache que sufrió en 2012 © Diario ABC La exdelegada de Gobierno, Cristina Cifuentes, durante el escrache que sufrió en 2012 En vísperas de las elecciones municipales de 2011 que entregaron el poder efectivo al Partido Popular surgió el 15-M y, a lo largo del siguiente año, apareció con fuerza el concepto de «escrache» (de «escrachar», esto es, romper, destruir, aplastar) para definir lo que tradicionalmente era calificado como acoso a los políticos en el ámbito privado. Solo entre febrero y abril de 2013, hubo 112 «escraches», de los que 108 fueron contra el Partido Popular, según los datos del Ministerio del Interior.

Los grandes símbolos de la nueva izquierda fueron los primeros en dar por buenos los «escraches» contra políticos del Partido Popular y del PSOE. En un homenaje a Hugo Chávez el 6 de abril de 2013 en Madrid, Pablo Iglesias definía estas acciones como «jarabe democrático de los de abajo». Sabía de lo que hablaba. Adelantándose a todos, el líder de Podemos y su jefe de campaña, Iñigo Errejón, recibieron a Rosa Díez al grito de «Fuera fascistas de la Universidad» en una suerte de «escrache» organizada por estudiantes de la Facultad de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense, en 2010, cuando este concepto de persecución a los políticos sonaba todavía como algo propio de Argentina.

Colau, la activista que se forjó en los escraches

Un mes después del alegado de Iglesias a favor de estas acciones, la hoy alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, defendía en el programa «El Gran Debate» de Telecinco que se trataba de «protestas necesarias, que indican la vitalidad de una sociedad que se defiende ante una situación injusta. Hay que comprender, respetar y analizar. Son ejercicios del derecho de protesta. Los escraches es ir a protestar delante de los políticos, en sus domicilios, donde estén. Es algo correcto, está bien y es necesario». Sobre lo ocurrido a Javier Barbero guarda silencio.

La posición de la ahora alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, fue más allá. Encabezó muchas de las acciones que hicieron célebres a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. El mismo día que la propia portavoz de la PAH cobró relevancia pública fue por llamar «criminal» al representante de la banca en el Congreso de los Diputados. En un momento de su comparecencia anunció que los diputados que votasen en contra de una iniciativa legislativa popular serían «públicamente señalados allí donde vayan» (escrache), como medida de presión social. La alcaldesa sigue reivindicando hoy estas protestas como «acciones pacíficas» y defendiendo su legalidad, pese a lo cual el Código Penal, en su artículo 498, dispone que «los que emplearen fuerza, violencia, intimidación o amenaza grave para impedir a un miembro del Congreso de los Diputados, del Senado o de una Asamblea Legislativa de Comunidad Autónoma asistir a sus reuniones, o, por los mismos medios, coartaren la libre manifestación de sus opiniones o la emisión de su voto, serán castigados con la pena de prisión de tres a cinco años».

El «escrache» a Barbero cambia el paradigma

Los «escraches» eran acciones pacíficas para muchos hasta que este martes el delegado de Salud, Seguridad y Emergencias de Madrid, Javier Barbero, sufrió en sus carnes las agresivas protestas de 300 municipales fuera de servicio. El delegado municipal considera que el «acoso» del que fue víctima no fue un «escrache», sino un ataque a una persona que representa a una institución y que lo que le sucedió le recordaba, más bien, a actos de «grupos fascistas». En este sentido, la Asociación de Policía Municipal Unificada (APMU) ha denunciado que Barbero intenta así politizar unas protestas que son laborales y que «hemos hecho con corporaciones de todos los colores».

La respuesta de Javier Barbero contrasta con sus repetidas manifestaciones a favor de los «escraches» y su supuesta participación en uno de ellos. El pasado 5 de diciembre, llegó a la redacción de ABC una foto en la que, según fuentes policiales, se aprecia a Barbero participando en un escrache contra Alberto Ruiz-Gallardón, en la calle del Sacramento, cuando renovó su cargo de alcalde el 11 de junio de 2011. La respuesta del concejal no fue una negativa. Tampoco lo contrario. Pero sí alegó: «He participado activamente en numerosas protestas ciudadanas en el marco del movimiento 15-M».

También el líder de Podemos, Pablo Iglesias, ha expresado su completo rechazo a las protestas contra Barbero y todas las que puedan causar daño físico, distinguiéndolas de las que «se hacen en defensa de la libertad de expresión». Según el líder de Podemos, es preciso diferenciar entre los ejercicios de libertad de expresión y aquellas destinados a «la rendición de cuentas a la que están obligados todos los políticos, y eso está muy bien». Así las cosas, Iglesias ha recurrido a una de sus frases hechas favoritas para no dejar claro de qué tipo son las protestas contra Barbero: «La violencia no es que la gente proteste y manifieste sus opiniones, sino que haya familias que tienen que buscar la comida en la basura».

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