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Los imputados de 'La Rueda de la SGAE': "Tú pon a tu madre y listo"

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 D. PRIETO / P. HERRAIZ / Q. ALSEDO MADRID

No se andaban con zarandajas. Los autores de la denominada Rueda de SGAE que se apropiaban de obras sin derechos de autor y las cobraban como si fueran suyas, actuaban conchabados con algunos directivos de televisiones, según se desprende de las escuchas del sumario que instruye el juez Ismael Moreno en la Audiencia Nacional, y a cuyo contenido ha tenido acceso este diario.

«Todas esas obras son antiguas», le dice Manuel Carrasco a Fernando Bermúdez, los dos principales imputados. «Son obras de 10 minutos. Se cambia la instrumentación y ya está. Le haces una intro, le cambias los instrumentos y ya está. Hay material para aburrir».

El mensaje, entre los dos principales acusados de quedarse con obras de dominio público, era evidente tal y como lo registró la Policía Nacional: nadie en la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) iba a darse cuenta de que aquellas obras habían sido creadas hace años. Así, estos dos autores vendían este material a las televisiones, y junto con ellas cobraban derechos de autor repartido por la SGAE.

Los expertos en derechos de autor no se ponen de acuerdo en si la práctica de la Rueda, que consistía en que las TV registraban obras que ellas mismas emitían para reducir su millonaria factura anual en derechos de autor, era legal o no -este diario ha informado, por ejemplo, de cómo ese mismo esquema se desarrolló durante décadas en las radios sin que las autoridades lo consideraran ilícito-. Pero de lo que no hay duda es de la ilicitud de apropiarse de obras sin autor conocido o cuyos derechos de autoría ya caducaron, justo la práctica que realizaban Carrasco y Bermúdez, los principales acusados.

Así, según un peritaje realizado por el experto Francisco Grau para la Policía, la madre de Carrasco, una señora sin conocimientos musicales, figura como coautora del Tango Op 165 de Isaac Albéniz, de un dueto de Johann Sebastian Bach, de una obra de Debussy y otra de Chopin. El propio Carrasco fue coautor, con Bach, de un concierto para violín en sol mayor. Un ciudadano danés que para ellos operaba como hombre de paja, Nils Peter Juliussen, cuñado de Carrasco, creó dos obras del mismísimo Schubert... Y así.

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«Ponemos la mitad a nombre tuyo y la otra mitad a nombre de la persona que está», se decían entre ellos Carrasco y Bermúdez, que en ocasiones dejaban el nombre del verdadero creador como coautor de la pieza. «Pon a tu madre y listo», le decía Bermúdez a Carrasco. «Ana tiene 300 obras y Gloria también, y a lo mejor son las mismas», decía Fernando Bermúdez, y se reía -tal y como recoge el informe policial-, acerca de las autorías de paja que ambos muñían para quedarse con obras y cobrarlas.

De igual modo, urdían parecida ingeniería con los nombres de las creaciones de las que se apropiaban. Tal y como reza el informe policial acerca de otra conversación entre Carrasco y Bermúdez: «Dudan cuántas más obras pueden dar a Antonio Blanco [empleado de SGAE que colaboraba con ellos y a quien presuntamente pagaban asignándole la autoría de temas que robaban]. Carrasco comenta que la de Luna clara de piano [sic], a la que hay que cambiar de nombre, se la pueden dar a Antonio. Dice Fernando [Bermúdez] riéndose que cómo se podría llamar a Luna clara. Dicen que tiene que ser un nombre que no tenga nada que ver. Dicen que lo mejor es que lo ponga Antonio [Blanco], porque 'llega un momento en que lo de los nombres supone un problema aquí'. Se ríen. Se despiden».

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