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Los medios de la ultraderecha estadounidense impulsan una narrativa falsa sobre el independentismo catalán

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 04/10/2017 Nicolás Alonso
La web Infowars, propaga información falsa sobre el asunto catalán. © Infowars La web Infowars, propaga información falsa sobre el asunto catalán.

Comenzó con el Brexit, ocurrió en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, en las francesas y, recientemente, en el intento de referéndum en Cataluña. La era de la posverdad, en la que la manipulación de los hechos y la falta de rigor informativo es una constante, ha infectado con plenitud el debate en España sobre la independencia catalana. Más allá de las fuerzas cibernéticas impulsadas por Rusia, medios de la ultraderecha estadounidense como Breitbart o Infowars también se han metido en la trinchera del conflicto catalán con informaciones que tergiversan los hechos, seleccionan datos de forma torticera y exponen una narrativa favorable al independentismo catalán a sus millones de usuarios.

Estas plataformas resurgieron durante la campaña electoral estadounidense. Breitbart difundió numerosas teorías conspirativas falsas en contra de Hillary Clinton e Infowars propagó una historia falsa que vinculaba a la candidata demócrata con una red de pornografía infantil en una pizzería de Washington. Años atrás, el presentador estrella de esta última web, el radical Alex Jones, había defendido que la matanza de 2012 en la escuela elemental Sandy Hook que dejó 20 niños muertos era mentira. Una obra teatral interpretada por actores, dijo.

El referéndum del pasado domingo, que alcanzó un alto perfil internacional tras ocupar las portadas de numerosos diarios internacionales, también fue recogido por este tipo de publicaciones de la derecha radical.

“La Unión Europea ataca a los votantes catalanes maltratados por su ‘golpe de estado contra Europa’”, reza el titular de un artículo de Breitbart publicado este martes. El texto recoge declaraciones de altos cargos europeos, como el presidente de la Comisión, Jean-Claude Juncker, o el miembro del PP europeo Ramón Luis Valcárcel y cuestiona el apoyo total europeo al Gobierno español pese a los disturbios.

Denuncia también, citando el tuit de un locutor de radio, un doble rasero: acusa a la comunidad europea de tolerar la violencia en ciertos Estados mientras “interfiere” en otros como Polonia o Hungría. Pero omite datos de calado: que la votación había sido previamente suspendida por el Tribunal Constitucional, que se realizó sin garantías legales y que apenas contó con el 42% de participación, según los datos de los propios promotores. El periodista llega a argumentar que los supuestos favoritismos de la UE radican en la acogida de inmigrantes: los países que “se resisten a las medidas obligatorias” (como Polonia o Hungría) son “acosados” por las instituciones europeas, mientras que otros como España superan por muy poco el número mínimo pero reciben un buen trato de Bruselas.

“La UE ha roto su silencio sobre la violencia represiva en el referéndum de independencia [...], en el que se vio a la Policía Nacional española y la Guardia Civil irrumpiendo en colegios electorales, arrastrando a votantes por el pelo y confiscando urnas”, señala el texto, sin mencionar el hecho de que la consulta era ilegal dentro del marco constitucional español. 

El artículo también afirma que los manifestantes se limitaron a protestar pacíficamente y que fueron atizados con porras y sufrieron disparos con pelotas de goma, causando “unos 800 heridos”. Según los datos difundidos por la Generalitat, casi 900 personas fueron atendidas por los servicios sanitarios, cuatro de las cuales fueron ingresadas en hospitales, dos de ellas en estado leve.

En un vídeo publicado dos días antes del 1-O, Infowars aprovechó la investigación de este periódico sobre la interferencia de webs prorrusas de noticias falsas en Cataluña para volver a rechazar la demostrada influencia del Kremlin en los últimos acontecimientos políticos tanto en EE UU como en elecciones europeas. “La narrativa de ‘los rusos lo hicieron’ ha vuelto, ha reaparecido. Ahora lo vemos surgir en España”, comienza diciendo el presentador David Knight, defendiendo que los catalanes quieren su derecho al autogobierno, un derecho, que según dice, debería tener todo el mundo.

Knight no explica el modelo de las autonomías españolas ni el nivel de competencias del que ya dispone el Gobierno catalán, uno de los ejecutivos regionales más autónomos y robustos de Europa. España es, de hecho, el séptimo país de la OCDE según el baremo del poder fiscal descentralizado. Y en EE UU tampoco hay derecho de autodeterminación. “Pero ahora culpan a Rusia, diciendo que ellos fomentan el intento de ser independientes. Están desesperados. No saben qué hacer así que les vinculan a Rusia. Quizás ha sido Clinton quien haya determinado esto o sus aliados privados”, dice entre risas, leyendo un párrafo del artículo de este periódico.

“Cuando ahora un Gobierno quiere manipular a sus ciudadanos, recurren a Rusia. Miren, lo que quieren estos gobiernos es controlarles a ustedes y controlar el diálogo”, sostiene Knight. El presentador de Infowars contínua durante nueve minutos ignorando las investigaciones sobre los vínculos rusos en las redes sociales que han propagado bulos en favor de la causa independentista en las últimas semanas.

Desde la irrupción en la política de Donald Trump, estos espacios online atraviesan una luna de miel, entusiasmados por un presidente que con frecuencia ignora los hechos y difunde bulos. Incluso lograron colocar al agitador Steve Bannon, el que fue editor de Breitbart, como jefe de campaña del republicano y, una vez ganadas las elecciones, como uno de los asesores más cercanos al presidente hasta hace pocos meses. Desde el Despacho Oval, Bannon fue el estratega en jefe de la Administración y el artífice del discurso nacionalista y xenófobo de Trump.

Tras ser destituido por Trump, Bannon ha regresado a liderar Breitbart, lo que él mismo describió como su retorno a “sus armas” informativas. El radical, creyente en la supremacía blanca, afirmó que defendería su agenda anti-sistema en el espacio online. Tanto a su publicación como a otras similares se les ha asociado con cuentas de Twitter y Facebook prorrusas que a menudo les proporcionan contenido falso o distorsionante, convirtiéndolos en armas de propaganda para el Kremlin.

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