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Los peces del rugby

EL PAÍS EL PAÍS 07/06/2014 Daniele Belmiro

Todo se hace a pulmón, en una piscina de cinco metros de profundidad. Los jugadores inmersos no pueden irse de su posición hasta que los que están respirando en la superficie bajen a relevarles. Esther Pariente, capitana del equipo femenino del Club Osos de Madrid, detalla los obstáculos que encuentra un principiante en el rugby subacuático: “Bajas y hay 12 personas en el agua peleándose por una bola. Lo más difícil es ver el juego, donde tienes que estar, cuando tienes que bajar... Luego ya es ir cogiendo el manejo del balón, para que no te lo roben, aguantarlo cuando vienen dos o tres atacantes, e ir a por el gol”.

¿Qué tienen en común el rugby subacuático y el rugby tradicional? “Puedes placar al contrario” –es decir, detener un ataque con las manos, agarrando al adversario para forzarle a abandonar el balón–, señala Félix Muñoz, de 55 años, jugador y secretario del club Los Osos. La capitana de este club, sin embargo, no identifica ninguna afinidad entre los dos deportes: “No son parecidos. Se llaman igual y hay que transportar una bola. No veo más similitudes”. Según Pariente, aunque el rugby subacuático mezcle características de otras disciplinas como el hockey subacuático, el balonmano, el rugby o el buceo, no se puede comparar realmente con ningún otro deporte, puesto que es el único en el que tanto el balón como los jugadores pueden moverse en tres dimensiones.

El juego consiste en marcar gol en la portería contraria, una canasta de metal colocada en la parte inferior que está protegida por un portero y un guarda. Hay dos equipos, cada uno con seis jugadores en el agua y seis en el banquillo, que se reparten en tres posiciones: dos porteros, dos guardas (defensa), y dos medios (ataque). Siempre hay un portero respirando y otro abajo; éste no puede subir hasta que el de la superficie baje a hacerle relevo. Lo mismo pasa con los guardas, que no pueden irse de su posición hasta que su relevo llegue al fondo. Las jugadas duran de 10 a 40 segundos de media. “No es cuestión de que tengas una gran capacidad de apnea, sino que estés bien coordinado con tu compañero, que sepáis el tiempo que aguanta el otro para que ninguno de los dos se ahogue”, opina Pariente.

En el rugby subacuático tanto el balón como los jugadores pueden moverse en tres dimensiones.

Durante el entrenamiento de los Osos de Madrid todo parece indicar que allí no hay más que afición. El equipo es todo menos homogéneo: son hombres y mujeres de entre 20 y 55 años que tienen diferentes oficios. No llevan uniformes y tampoco suelen acudir todos a la vez: esta noche hay 15 jugadores (de un equipo de casi 30), en la piscina del Club Las Encinas de Boadilla del Monte. “Es algo que la gente hace después de estudiar o trabajar, no hay nadie que se dedique profesionalmente a esto”, explica Pariente. Pero los Osos sí afirman estar bastante comprometidos. Tanto que las chicas acaban de salir campeonas de España.

En la Liga Nacional de Rugby Subacuático, cuya segunda ronda se celebró el pasado tres de mayo en Valladolid, compiten los tres únicos clubes españoles: Los Osos de Madrid, el Pirañas de Peñafiel y el BCN Rugby Dubaquatic. Aun no se han celebrado la tercera y última vuelta, pero por la puntuación ya se conocen los campeones (salvo que no se presenten al último partido): el Pirañas en la modalidad masculina y los Osos –o más bien las “Osas”– en la femenina. Los vencedores ganan el derecho a participar en la Champions Cup, campeonato internacional que se celebrará el próximo noviembre en Berlín. “Lo tenemos súper complicado, van todos los equipos nórdicos, que son los mejores del mundo. Vamos a ir a jugar, a disfrutar y a aprender", incide Pariente.

El rugby subacuático tiene gran tradición en Alemania, donde nació hace 50 años, y ya cuenta con cerca de 70 clubes en este país. Según Rüdiger Hüls, el presidente de la comisión de rugby en la Confederación Mundial de Actividades Subacuáticas, los otros países en los que este deporte está más desarrollado son Finlandia, Noruega y Suecia. En los últimos años viene, además, ganando fuerza en Colombia, el segundo país con más jugadores (550) tras Alemania (1450), y el país Latinoamericano es donde se celebrará el próximo campeonato mundial en el verano de 2015.

En España, donde está disciplina llegó hace nueve años por iniciativa de jóvenes colombianos, apenas se conoce. “En otros países el deporte, fuera de lo que es el fútbol y dos más, se toma más en serio que en España. El día que haya más recursos, que los deportistas tengan más posibilidades para viajes y tecnificación, pues podrán aspirar a algo más. Mientras tanto no deja de ser una actividad de ocio”, señala Víctor Alegría, de 45 años, presidente de la Federación Madrileña de Actividades Subacuáticas (FMDAS) y entrenador suplente de Los Osos.

Los países donde este deporte está más desarrollado son Alemania, Finlandia, Noruega y Suecia

FMDAS recibe una subvención de 20.000 euros anuales de la Consejería de Deportes de la Comunidad de Madrid para repartir entre sus varias disciplinas, según Alegría. Gracias a ello, el equipo madrileño de rugby subacuático puede organizar campeonatos, dice, pero no mucho más: los jugadores tienen que costear el uniforme, la equipación y los viajes. Sin embargo, el suplente subraya que uno de sus mayores problemas es encontrar instalaciones para que los deportistas puedan entrenar: “Hay una serie de instituciones no aportan ninguna ayuda e, inclusive, entorpecen, algo que no tiene mucho sentido en los tiempos que corremos y con instalaciones públicas deficitarias y desaprovechadas”.

Los impedimentos se deben, según Alegría, a “normas ilógicas”, y cita como ejemplo el caso de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), donde “a dos atletas de hockey subacuático, clasificados como ‘deportistas de alto rendimiento’ por el Consejo Superior de Deportes y estudiantes en esta universidad, se les impedía entrenar con aletas en la piscina, porque estas están prohibidas por norma”.

Aunque este es un deporte que se practica de modo amateur en todo el mundo, hay países en los que los equipos reciben apoyo financiero del gobierno o de las federaciones nacionales de deportes acuáticos, según Hüls. Es el caso de los nórdicos, por ejemplo, dónde “en el mejor de los escenarios, costean la organización de los campeonatos internacionales y la preparación de los atletas”. Mientras tanto, contrapone, hay países en los que los jugadores tienen que costearse el traslado y la preparación para dichos torneos. Este último es el caso de España.

Javier Vásquez, miembro del comité técnico de la Federación Española de Actividades Subacuáticas (FEDAS), explica que el CSD “no puede financiar deportes como el rugby”, ya que trabajan con base en “un catálogo de actividades definidas de acuerdo con los resultados y la importancia social que tienen”. Ahora mismo, FEDAS prioriza disciplinas como la natación con aletas, la fotografía, el vídeo y la pesca subacuáticos. Vásquez destaca que su Federación “hace un esfuerzo para ayudar a las disciplinas minoritarias, aunque estas no estén otorgadas por el comité”, pero afirma no disponer de cifras.

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