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Los retos del cuarto mandato de Angela Merkel

Logotipo de El Mundo El Mundo 25/09/2017 elmundo.es
La canciller alemana, Angela Merkel / REUTERS © REUTERS La canciller alemana, Angela Merkel / REUTERS

"Ustedes me conocen", dijo Merkel al lanzarse a su segunda reelección hace cuatro años. Con este lema podría haberse presentado también en esta ocasión, a sabiendas del fuerte apego de los alemanes a la continuidad. Doce años ininterrumpidos al frente del Gobierno alemán le han valido como aval a la canciller para afrontar una cuarta legislatura en el poder, a la espera de las negociaciones para formar el próximo Gobierno.

Los buenos datos económicos han sido la gran baza de campaña de la canciller, que presume de que Alemania hoy no tiene nada que ver con el país que encontró en 2005. En sus años de canciller se han paliado las desigualdades entre Este y Oeste, se han absorbido los costes de la llegada de 1,3 millones de refugiados y el trauma del desempleo, que se redujo de 11,5 al 5,7 por ciento actual, ha quedado atrás.

Además, el pasado año se logró un ligero superávit en las cuentas públicas. "Después de ser el enfermo de Europa (...) somos un país con la tasa de empleo más alta de nuestra historia y en Europa gozamos de gran reconocimiento", dijo Merkel en su última sesión en el Bundestag, el pasado 5 de septiembre.

Pero no todo es de color de rosa. En la última década se ha incrementado de forma significativa el número de trabajadores en riesgo de pobreza y ha repuntado la cifra de pluriempleados. Los minijobs, una fórmula heredada de la Agenda 2010 del ex canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, han influido positivamente en las estadísticas de empleo pero han hecho aumentar notablemente la precariedad.

Además de los 2,5 millones de parados oficiales que hay en Alemania existe alrededor de un millón de personas en situación de subempleo. Y el porcentaje de la población que está bajo el umbral de la pobreza se ha duplicado en la última década. En Alemania se considera que una persona es pobre cuando sus retribuciones mensuales son inferiores al 60 por ciento de los ingresos medios del país.

Logros: salario mínimo, matrimonio homosexual

La legislatura que toca a su fin también quedará marcada por leyes como las que introdujeron el salario mínimo interprofesional, la rebaja de la edad de jubilación para determinados colectivos o la introducción de la cuota femenina que obliga a las grandes empresas a que cuenten al menos con un 30 por ciento de mujeres en sus consejos de administración.

En materia social, la legalización del matrimonio homosexual fue una medida que no estaba contemplada en el programa de la CDU. En la votación de esta ley, la canciller votó "no", pero poco después, con la ley aprobada, aseguró sentirse contenta con la nueva situación.

Culminaba así el giro de su partido hacia postulados más cercanos a la socialdemocracia, con propuestas que Merkel asumió sin complejos en detrimento de su socio menor de Gobierno, el SPD, pero dejando libre un nuevo espacio político a la derecha de CDU. Los expertos coinciden en que parte del legado de Merkel es el ascenso de la derecha populista de Alternativa para Alemania (AfD), que ha capitalizado el voto más conservador y xenófobo.

Retos: refugiados, infraestructuras

Para no dar más alas a los extremistas, Merkel tendrá que esmerarse en materia de inmigración, otra de sus grandes tareas pendientes. La integración de los refugiados en la sociedad y el mercado laboral alemán se está demostrando lenta y compleja, y requerirá de mayor voluntad política para que deje de ser la mayor preocupación de los alemanes, tal y como reflejan las encuestas.

En los próximos años Merkel también tendrá que abordar los achaques de la potente industria automovilística, que emplea a más de 800.000 personas y lidera las exportaciones. Las automotrices se encuentran en una encrucijada debido al escándalo de las emisiones y las acusaciones de prácticas contrarias a la libre competencia, por un lado, y por la creciente presión de nuevas empresas en el sector como Tesla y Google, por el otro.

Además, Merkel deberá paliar la falta de inversiones en infraestructuras. En algunas regiones del país, como en el estado de Renania del Norte-Westfalia, los atascos en las carreteras son una constante y falta dinero para modernizar escuelas. También en el campo de las nuevas tecnologías Alemania ha ido perdiendo posiciones respecto a otras economías avanzadas. Según un ránking de digitalización del centro de estudios Acatech, Alemania ocupa el puesto decimoséptimo entre 35 naciones industrializadas. De no tomarse medidas pronto, el país podría convertirse en una economía "en vías de desarrollo" en el ámbito digital, según dijo la propia canciller.

También habrá que abordar otros temas, como el dedicar más recursos para la dependencia o un posible nuevo retraso de la edad de jubilación. A pesar de que Merkel ha reiterado que no subirá la edad de retiro más allá de los 67 años actuales, muchos expertos alertan de las dificultades para hacer frente a largo plazo al sistema de bienestar alemán. Los 20,5 millones de jubilados sumados a los cerca de seis millones de personas que perciben la ayuda social, ponen a prueba la sostenibilidad de la principal economía de Europa.

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