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Los 'royals' británicos conquistan París

El Mundo El Mundo 07/06/2014 JUAN MANUEL BELLVER

"Inglaterra será siempre la hermana de Francia", dijo este viernes por la noche François Hollande, parafraseando a Víctor Hugo, durante el discurso pronunciado en la cena de gala organizada en el Elíseo en honor a la reina Isabel II. Tras una larga jornada de actos conmemorativos del 70 Aniversario del Desembarco de Normandía, Hollande se despidió de la mayoría de los jefes de estado y de gobierno que habían venido a Francia para participar en dicha celebración y se concentró en su graciosa majestad.

© Proporcionado por elmundo.es

La presencia de la monarca británica, su esposo Felipe, su heredero Carlos, su nieto Guillermo y toda la familia real durante estos días en diversos eventos programados en las playas normandas ha dado un cariz de papel couché a la conmemoración, en medio de la tensión provocada por los desencuentros entre Barack Obama y Vladimir Putin con la crisis de Ucrania como telón de fondo.

Los elegantes trajes de cóctel, pamelas y sombreros exhibidos por Isabel II, Camilla Parker o Kate Middleton rivalizaban con los uniformes de gala que han lucido el Duque de Edimburgo, el Príncipe de Gales o el Duque de Cambridge, contagiando a otras damas de la realeza europea presentes en la comida del Château de Bénouville y en la posterior ceremonia de la Sword Beach en Ouistream cierto espíritu como de garden party jetsetter en Ascot. ¡Pero si hasta estaba Alberto II de Mónaco -sin la embarazada Charlene- en la mesa presidencial del almuerzo oficial!

En estas circunstancias, el premio al traje más floreado sería para la reina Matilde de Bélgica, en tanto que el atuendo más soso corrió a cargo de María Teresa, Gran Duquesa de Luxemburgo. Mientras que algunos soberanos vinieron con sus consortes, los jefes de estado y de gobierno lo hicieron solos, conscientes del clima de guerra fría que se palpaba en el ambiente.

Entre estos, el trofeo para el menos elegante recayó en Vladimir Putin, el único de los convocados que llegó a la cita dentro de un cochazo en mangas en camisa y se puso la chaqueta al salir del auto, ante la mirada incrédula de François Hollande, que había acudido a la puerta del castillo a recibirle. El líder de la Federación Rusa realizó la operación inversa al despedirse. Antes de subirse al vehículo oficial que había de llevarle al aeropuerto, se deshizo de la molesta chaqueta como si la limusina tuviera estropeado el aire acondicionado. O quizá es que estos rusos no toleran las temperaturas veraniegas que se alcanzaron en el litoral normando.

Por la noche, con menos dignatarios extranjeros y más glamour local, el dress code era de rigurosa etiqueta en la cena elísea en honor de la reina. Ya no había sombreritos, sino diademas, las señoras lucían traje largo y los caballeros gastaban esmoquin o terno oscuro. Entre los 240 invitados figuraban no pocos ministros del gobierno de Manuel Valls, empresarios de éxito como Bernard Arnault y celebrities galas de la talla de Carole Bouquet, Charlotte Gainsbourg, Jane Birkin, la tenista Marion Bartoli o el entrenador del Arsenal Arsène Wenger.

En el menú, creado por el chef de palacio Guillaume Gomez siguiendo las estrictas consignas de Buckingham, no debía haber platos pesados del tipo caracoles con ajo o ancas de rana y mucho menos carne de caballo, dado que los Windor son grandes amantes de la hípica y su majestad todavía monta a los 80 años. Por contra, Isabel II adora el foie gras, a pesar de que su primogénito Carlos lo considera maltrato a las pobres ánades. Un plato de cordero con verduras estacionales y una selección de cinco quesos precedieron a un postre creativo bautizado como "Sensación de verano". Todo ello, regado con Sauternes -para el foie y los quesos-, Burdeos tinto -con el cordero- y mucho champagne.

"Todavía recuerdo la primera vez que vine a este ciudad, en 1948", recordó la reina antes de pasar a la mesa. "Gran Bretaña y Francia están ligadas por experiencias comunes de luchas y reconciliaciones, unidas por una mezcla única de amistad, rivalidad, buen humor y admiración", ha añadido su majestad para luego brindar con Hollande en copas talladas. Este sábado, a primera hora, el presidente francés acompañará a su ilustre invitada a visitar el mercado de flores parisino: un lugar que le trae muy buenos recuerdos ya que lo descubrió hace décadas, con su marido, cuando estaba embarazada de su primer hijo.

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