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Los santos también cocinan

EL PAÍS EL PAÍS 31/05/2014 Rosa Solà

Fue escuchado en Valencia como violín solista del Conciertode Mendelssohn (junio de 2007), en una aplaudida actuación que continuó luego con el bonito gesto de sentarse en la última fila de los primeros violines para interpretar, junto a toda la orquesta, la Novena Sinfonía de Beethoven. Este viernes, sin embargo, Nikolaj Znaider cogió la batuta para dirigir un programa completo, mostrando así su otra vertiente interpretativa. Y lo cierto es que también dejó un grato sabor de boca. Su gestualidad, sobria y eficaz, logró unos resultados óptimos con la Orquesta de Valencia, especialmente en la Cuarta Sinfonía de Mahler.

Antes se había hecho un correctísimo Preludio del III acto de Maestros Cantores, y las Siete canciones tempranas de Alban Berg donde –ahí sí- la agrupación reveló una cierta inseguridad, lógica al ser la primera vez que las interpretaban. En ellas, la soprano sueca Klara Ek mostró un instrumento pequeño, especialmente en la zona más grave del registro, que resultaba tapada a pesar del cuidado de batuta e instrumentistas.

Nikolai Znaider

Dirigiendo a la orquesta de Valencia. Obras de Wagner, Berg y Mahler. Soprano: Klara Ek. Palau de la Música. Valencia, 30 de mayo de 2014.

A cambio lució sutileza y dulzura en una música que así lo pide. La tercera canción se bisó ante los aplausos del público. Luego, en el último movimiento de la Cuarta de Mahler, donde se canta un poema extraído de Des Knaben Wundenhorn, la voz de Klara Ek resultó más audible. Le faltó, sin embargo, el punto de mágico humor requerido por un texto que describe los deliciosos manjares recolectados y cocinados por los santos en el cielo.

Nicolai Znaider hizo que la Orquesta de Valencia consiguiera, a lo largo de toda la sinfonía, una transparencia y un ajuste muy superiores a lo habitual. Pero, además, el fraseo fue tan exquisitamente elástico que en muchos momentos apetecía ponerse a bailar. Los músicos estaban tocando con ganas y, como sucede casi siempre en tales casos, la respuesta y la comprensión del público se acrecentó a la par. Es verdad que la versión de Znaider orillaba un poco, aun sin escamotearlos, los elementos trágicos, asimismo presentes en la partitura, y que se decantó más hacia lo bucólico y risueño. Es esta una opción que la obra permite en mayor medida que otras sinfonías de Mahler y que, en cualquier caso, pareció lograr la aquiescencia absoluta del conjunto orquestal. Para acabarlo de redondear, se fueron desgranando unos solos individuales impecables, no sólo en cuanto a afinación y sonoridad, sino también en lo referente a la expresividad y la tensión. En definitiva: una velada redonda.

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