Al utilizar este servicio y el contenido relacionado, aceptas el uso de cookies para análisis, contenido personalizado y publicidad.
Estás usando una versión más antigua del explorador. Usa una versión compatible para obtener la mejor experiencia en MSN.

Los sindicatos y la Constitución

Logotipo de EL PAÍS EL PAÍS 01/10/2017 El País
Ambiente en Barcelona en la víspera del referéndum ilegal del 1-O © Claudio Álvarez Ambiente en Barcelona en la víspera del referéndum ilegal del 1-O

Llama la atención el estruendoso silencio de los Sindicatos de clase ante lo que en estas últimas fechas viene perpetrando el Gobierno de Cataluña; entre otras tropelías “derogar de facto” y, a través del Parlamento catalán, de “aquella forma” la Constitución Española, que, dicho sea de paso, es la que da carta de naturaleza a la Cámara catalana y al propio Gobierno catalán, a cuyo presidente corresponde la representación ordinaria del Estado en esa comunidad autónoma.

Creo que los sindicatos tienen mucho que decir al respecto. El artículo 7 de la Carta Magna “derogada” plasma de manera indeleble el papel de los Sindicatos como soporte esencial del Estado social y democrático de derecho. Y hay que resaltar que en diversas sentencias de los Tribunales se ha reconocido al Sindicato como “sujeto de relevancia constitucional”.

Al hilo de las elecciones a Cortes Generales del 15 de junio del 1977 pasamos del sindicato Vertical y del pago de la cuota sindical obligatoria, al reconocimiento de la libertad sindical.Y aquellas Cortes Generales, que no estaba previsto que fueran constituyentes, alumbraron la Constitución del 78 en la que se consagraban derechos imprescindibles para los ciudadanos y, particularmente, para los trabajadores. Por ello, los sindicatos defendimos el SÍ a la Constitución, porque era algo nuestro, por lo que habíamos luchado muchos años. Éramos conscientes de dónde veníamos, lo que logramos y lo que nos quedaba por conquistar.

Me atrevo a afirmar que hoy, si hubiera que reescribir el texto constitucional, no habría acuerdo para alumbrar un texto tan progresista en lo social como el de 1978. Es en el Título Preliminar de la Constitución, en su artículo 7, donde aparece la figura de los sindicatos de trabajadores “que contribuyen a la defensa y promoción de los intereses económicos y sociales que les son propios”. Intereses que se plasman a lo largo del texto constitucional. Les animo a repasar nueve artículos imprescindibles que me hubiera gustado reproducir aquí.

El Título I ‘De los Derechos y Deberes Fundamentales’, recoge seis de ellos: 28, 35, 37, 41, 47 y 50. Y el Título VII ‘Economía y Hacienda’, los otros tres: 128, 129 y 131. Por favor, léanlos con cariño y detenimiento, y saquen conclusiones de lo que se podía hacer y lo que se ha hecho. El cabal desarrollo de dichos artículos, sobre lo que mucho tienen que decir los sindicatos, daría un sesgo progresista y más equilibrado al actual texto constitucional. Lo que reconciliaría a los ciudadanos con su Carta Magna. No perdamos más tiempo y pongámonos a ello.

Porque hay que modificar la Constitución; ya habría que haberlo hecho. Y mientras se discute del más allá -modelo de Estado, Título VIII, etc.- harían bien nuestros representantes políticos en preocuparse del más acá y afanarse en poner música progresista a la letra de los artículos mencionados. Porque, si quieren, lo pueden hacer. Ello facilitaría las cosas para avanzar en la consecución del verdadero Estado social y democrático de Derecho que consagra nuestra Carta Magna, y de paso ir asentando modelo de Estado y reparto de competencias.

Es una exigencia que los sindicatos más representativos han de incorporarse a la comisión parlamentaria donde se aborde la reforma de la Constitución y su futuro desarrollo legislativo para, actuando en defensa y promoción de los intereses económicos y sociales de aquellos a los que representan, como consagra el artículo 7 de la Carta Magna, lograr que esta no se devalúe -ojo con las “reformas” a la española- y los cambios se realicen adecuadamente.

Sin perder de vista nuestras aspiraciones y objetivos finales, por favor, avancemos en el día a día. Rogando a nuestros representantes políticos y a nuestros gobernantes, que se apliquen en implementar la lectura más progresista de nuestra Constitución, que margen hay. Y así se evitarán fenómenos de desarraigo democrático e institucional entre los ciudadanos y se recuperará y fomentará la convivencia, en paz. Amén.

Alberto Pérez García, ha sido Secretario General de UGT-Vizcaya y de UGT-Euskadi, y Secretario de Organización de la Confederación Sindical UGT

Gestión anuncios
Gestión anuncios

Más de EL PAÍS

image beaconimage beaconimage beacon