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Los temporales

Notodo Notodo 14/06/2016 Miguel Gabaldón

Un gurú de la autoayuda llega a las oficinas de una empresa de trabajo temporal para atajar ciertas tensiones que han desembocado en el desmayo de una de las trabajadoras.

La deplorable situación de muchos contratados, que acaban por eliminar su vida personal del mapa para dedicarse en cuerpo y alma a una trabajo que detestan, la inestabilidad psíquica de los más frágiles y su incapacidad para afrontar esta situación es sólo una pequeña parte de lo que refleja la autora Lucía Carballal en Los temporales, uno de los Escritos en la escena del CDN, dirigido por Víctor García Rodríguez que resulta una radiografía escalofriante de nuestra realidad laboral circundante a la par que un espectáculo fresco y difrutable hasta decir basta.


Carballal consigue retratar este ambiente oficinístico (cachondeándose con esa escenografía que intenta transformar el entorno de trabajo en un  paisaje de picnic) de una manera precisa y absolutamente reconocible. Y lo hace con mucha gracia y mala leche, pero también con ternura, ayudada por la eficacísima dirección de Víctor García Rodríguez (responsable, por ejemplo, de Nosotros no nos mataremos con pistolas) y unos intérpretes de diez.

El Samuel de David Boceta, ese sobrado terapeuta por cuyas venas corre el new age es grandísimo en su chulería coach. El empleado de prácticas jovecito y trepa de Nacho Sánchez (inolvidable en La piedra oscura) es perfecto, otro ejemplo diferente de presa del sistema. El sindicalista de Carlos Heredia resulta de una solidez sin fisuras y consigue resultar muy interesante. Pero, si todos están espléndidos, las que más destacan serían las féminas. Esa mujer más mayor, un poco madre de todos y aficionada al karaoke de Mamen García es una delicia: después de personajes como el de Éramos tres hermanas o Yernos que aman, la actriz sigue demostrando su enorme talento y capacidad de comerse las tablas (incluyendo una sorpresa para quedarse muerto).

Pero, con permiso de Mamen, quien me ha conquistado es Lorena López como esa Olivia, la empleada que sufre el desmayo y por la cual todo se desata. Una auténtica maravilla lo de esta chica, que consigue transmitir su ansiedad y fragilidad (y la mala leche, que una cosa no quita la otra) de una manera increíble y a flor de piel, sobre todo con la cercanía que transmite la sala de la Princesa. Para llevarse todos los premios habidos y por haber, de verdad, una bestia interpretativa para no perder de vista.

Los temporales consigue hacer reír, emociarte, pensar y disfrutar con un más que actual texto y unas interpretaciones enormes. Una auténtica gozada de función que pasa en un suspiro. Así que sin dudarlo: huid de la oficina e id a verla. Aunque más de uno puede que lo haga en orden inverso.

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