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Los turcos seculares se sienten aislados

dw.com dw.com 21/07/2016 Diego Cupolo (J.A.G./JOV)
© 2016 DW.COM, Deutsche Welle

Silenciados por la represión tras el intento de golpe, los turcos seculares se sienten cada vez más privados de sus derechos.

Mientras los seguidores del presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, inundaban las calles durante todo el fin de semana pasado, la gran mayoría de los turcos seculares se quedaron en casa y permanecieron en silencio siguiendo el intento del golpe militar. La expulsión fallida del AKP, el Partido de la Justicia y el Desarrollo, fue un triunfo para la mayoría de los turcos musulmanes que apoyan a Erdogan no solo por ser un líder con inclinación islámica, sino que también con resistencia para permanecer en el poder.

Turquía tiene una larga historia de golpes militares que han expulsado líderes considerados como demasiado islámicos o demasiado de izquierdas, y el hecho que Erdogan sobreviviera al último intento es la justificación para aquellos que durante tiempo se sintieron reprimidos por la Constitución secular de la nación.

Sin embargo, la preocupación ha agobiado a los turcos seculares y a los más moderados, quienes ahora están contemplando su futuro en un país donde el partido AKP de Erdogan ha pasado a purgar a todos sus posibles oponentes, arrestando a varios miles de personas.

“Definitivamente me siento una minoria”, dijo Ugur Zaman, un camarero de 24 años en el distrito de Tunali de Ankara, un barrio céntrico conocido por sus bares y restaurantes que permanecen cerrados o vacíos durante el fin de semana. “Los seguidores de Erdogan se comportan como en una secta”, dijo Zaman a DW. “Ellos conocen su poder ahora y Erdogan los está animando”.

La única opción: irse

Zaman, que es homosexual y no practica ninguna religión, dijo que pasó el fin de semana hablando con sus amigos sobre que deberían hacer a continuación. Muchos han empezado a aplicar para programas de universidad en el extranjero, decidiendo que irse es su única opción por temor a que su país se convierta en un sistema menos secular y democrático de un solo partido en el gobierno.

“Solía pensar en que estábamos avanzando, pero eso fue hace 10 años”, dijo Zaman. “Turquía ha cambiado, hay menos libertad de expresión, no podemos protestar como solíamos hacerlo y ahora pienso más en mi seguridad que cualquier otra cosa”. Las personas que no necesariamente apoyan el partido en el poder el AKP, ni ninguna plataforma religiosa, se sienten cada vez más fuera de la política, viendo la evolución desde la marginación sin una voz real sobre el futuro del país.

Por ejemplo, Zaman se dio cuenta que varios proveedores de servicios de telefonía móvil como Turkish Telekom, proporcionaba llamadas gratuitas, mensajes de texto y paquetes de datos para sus clientes durante el fin de semana para ayudar a facilitar los mítines y las celebraciones después del golpe, mientras que en otros momentos de crisis como los ataques terroristas, normalmente se bloquean las páginas web de las redes sociales en todo el país.

Lo mismo pasa con las reuniones públicas. Durante el fin de semana, el transporte público fue gratuito para los habitantes de Estambul y Ankara para permitir el movimiento de masa de los seguidores de AKP, pero en los últimos años han sido prohibidos los desfiles del orgullo gay, mítines pacíficos y las protestas del Primero de Mayo. “Durante los dos últimos años anularon el desfile del orgullo gay en Estambul, pero cuando la gente quiere ondear una bandera del AKP, son libres de hacerlo siempre que quieran”, dijo Zaman.

‘Nueva Turquía'

A continuación del intento de golpe, Erdogan llamó a sus seguidores a llenar las calles, prometiendo una “Nueva Turquía” una vez que los adversarios fueran detenidos. Las escenas de multitudes atacando, a veces linchando, a los presuntos conspiradores del golpe han llenado los flujos de las redes sociales, y ha habido violencia directa en barrios de minorías, periodistas e incluso de los escaparates que no mostraban la bandera turca.

Ziya Turfan, propietario de La Bebe Angara Bar en Tunali, se aseguró de colgar una bandera delante de su tienda, pero lo hizo usando una que muestra la imagen Mustafa Kemal Atatürk, el presidente fundador de Turquía, que se distanció de la nación por su pasado islámico. Turfan, que se declara asimismo como un musulmán moderado, dijo que su acto fue su manera de apoyar la constitución secular de la nación.

“Erdogan no es nuestro enemigo, pero nos preocupa”, dijo Turfan. “Amo el Islam, pero no me gusta como esta siendo usado ahora. La religión es una arma muy peligrosa y por eso Ataturk separó el Islam desde el Estado”. Habiendo cerrado su bar durante el fin de semana para impedir posibles ataques, Turfan dijo que ahora no es capaz de pagar a sus trabajadores, sin mencionar que ha tenido que luchar con el descenso general del turismo en Turquía. Los precios del alcohol también han estado subiendo constantemente, con un incremento del 20 por ciento la semana pasada, teniendo como problemas para retener a sus clientes.

“El AKP es temporal, pero la República turca es permanente”, dijo Turfan a DW. “Nuestro país tendrá que pagar las consecuencias a largo plazo de las acciones que mantienen al AKP en el poder en el corto plazo”.

Hasan Topuz, un trabajador de 36 años de la tienda de vino Dubonnet, dijo que también se siente amenazado desde el intento de golpe de estado fallido. “Cerramos la tienda este fin de semana porque las personas islámicas con grandes barbas estuvieron andando alrededor del barrio”, dijo Topuz. “Estoy muy asustada”. Cilem, de 30 años y administrador de una escuela, que rechaza dar su apellido por motivos de seguridad, compartió el sentimiento después de ver a las multitudes violentas deambulando libremente sin la intervención policial.

“Normalmente la policía nos protege, pero ahora no sé si lo hará”, dijo a DW. “Hay muchos extranjeros en mi barrio, me da miedo andar en la calle porque puede haber un ataque terrorista”. Asegurando que no volverá si logra irse de Turquía, Zaman dijo que sus preocupaciones no están relacionadas con Erdogan, sino con sus seguidores, especialmente la “Juventud Musulmana” o adolescentes educados con planes de estudio islámicos implantados durante los últimos 10 años.

Incluso si derrocamos a Erdogan, tendremos que lidiar con la Juventud Musulmana”. "Y hay muchos de ellos, lo que significa que no hay esperanza para nosotros”.

Autor: Diego Cupolo (J.A.G./JOV)

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