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Louboutin desata la polémica con una macabra campaña

EL PAÍS EL PAÍS 24/05/2014 Brenda Otero
Louboutin desata la polémica con una macabra campaña © REUTERS Louboutin desata la polémica con una macabra campaña

Si por él fuera, Christian Louboutin no diseñaría para mujeres de carne y hueso. A pesar de dedicarse a sostener la anatomía femenina, el zapatero francés no muestra demasiado interés en su bienestar. Ha afirmado que rechaza rotundamente la idea de que el calzado tenga que ser cómodo y que la mera mención de la palabra le hace pensar en una mujer “hinchada” y en la cama. “No es mi trabajo hacer algo confortable. Mi prioridad es el diseño, la belleza, lo sexi”, dijo en una entrevista. En otra ocasión, aseguró que crea pensando en los hombres, no en las mujeres.

Pese a todo, el diseñador ha ejercido una gran influencia en sus más de dos décadas en el negocio. Tiene 40 tiendas por todo el mundo, fabrica 850.000 pares de zapatos al año y entre sus clientas están Angelina Jolie, Beyoncé y Victoria Beckham. Sus suelas rojas son su seña de identidad y para protegerla lleva a cabo exhaustivas campañas de detección de mercancías falsas y hace un par de años denunció sin éxito a a Yves Saint Laurent por pintar de ese color las suelas de unos modelos. Las mujeres siguen comprando sus zapatos, aunque el diseñador sea uno de los responsables de que las alzas hayan crecido hasta unos niveles insostenibles y de poner de moda un tipo de zapato con plataforma exagerada y tacón de aguja, que hasta hacía poco estaban confinados a sex shops y locales de strip tease.

La moda, en definitiva, está acostumbrada a las provocaciones del parisiense. Sin embargo, hasta en un mundo que está de vuelta de todo, el calendario de presentación para su colección del próximo otoño-invierno ha puesto los pelos de punta a más de uno. El almanaque, difundido esta semana, muestra las creaciones de Louboutin en miembros amputados y empaquetados como productos de lujo. Como si el zapatero por fin se hubiera librado de esas mujeres que caminan, trabajan y sienten dolor. Para algunos profesionales, como Kate Finnigan de The Telegraph, el zapatero ha ido demasiado lejos: “En cuanto lo abrí pensé: puaj”, relata la periodista. “La objetificación de mujeres en calendarios siempre me ha hecho sentir incómoda, pero esto es otro nivel”.

Louboutin, que ha preferido no pronunciarse sobre el asunto, no está aislado en su macabra representación de las mujeres. Como apuntaba el diario The Guardian, existe una inquietante tendencia en anunciar ropa con imágenes de mujeres aparentemente muertas o víctimas de violencia. Miley Cyrus volvió a situarse en el centro de la polémica al debutar como imagen de Marc Jacobs. Y no sólo porque el fotógrtafo habitual de Jacobs, el alemán Jurgen Teller, se negó a retratar a Cyrus; en la publicidad para la marca la cantante aparecía en una playa junto a una modelo con apariencia de cadáver. Otras marcas como Jimmy Choo, Superette y Kate Spade han recurrido a la misma estética de la violencia o la muerte como recurso visual, que también ha llegado hasta la televisión y las publicaciones impresas. Una de las pruebas en el concurso de modelos de la televisión estadounidense America’s Next Top Model, capitaneado por Tyra Banks, consistía en pedir a las concursantes que posaran como si estuvieran muertas, el Vogue Italia difundió una sesión de fotos basada en la violencia doméstica y la publicación Vice tuvo que pedir disculpas después de publicar un fotorreportaje recreando los suicidios de escritoras como Virginia Woolf y Sylvia Plath. Demasiados ejemplos para tratarse de una coincidencia.

La artista Yolanda Domínguez, cuyo trabajo denuncia la violencia de género en las imágenes publicitarias, considera que en la fotografía de moda existe una voluntad de llamar la atención a toda costa, que se traduce en una propensión a la violencia visual: “La campaña de Louboutin es un ejemplo extremo de cosificación de la mujer. Hay una violencia implícita brutal. Es increíble que el mundo de la moda, una industria que trabaja con la mujer, la maltrate así. Aunque nos hayamos acostumbrado a ellas, las imágenes llevan una carga simbólica que no puede ser ignorada. Las empresas tienen que entender que las estéticas no son inofensivas y el consumidor ha de aprender a decodificar y asumir que no todo vale”.

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