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Luis Bárcenas se explica sobre el escenario

El Mundo El Mundo 16/06/2014 ESTHER ALVARADO

La idea es que no haya nada sagrado, más que la voluntad de la asamblea. Que ni el poder político ni el económico influya en sus contenidos, debates y programación cultural. Cuesta trabajo, porque hoy nada es gratis, por eso cumple siete meses abiertos y ahí siguen, al límite de la supervivencia.

Acogieron la presentación de la candidatura de Podemos pero, aunque muchos de los cooperativistas son simpatizantes, ya se han desvinculado de la formación de Pablo Iglesias. "Decidimos en asamblea que en Teatro del Barrio no se podían hacer actos de partidos políticos o sindicatos. Éste es lugar para movimientos sociales", explica Alberto San Juan, responsable de programación del espacio. Se significan sin pudor, eso sí: en la cantina del teatro luce pegada a la pared una gran bandera republicana.

En este ideario de trinchar el pavo de lo intocable lo que encaja como un guante es el teatro de contenido político; una llamada a abrir las orejas del espectador a realidades (o propuestas de realidades) que en la vorágine del día a día puede que le hayan pasado desapercibidas.

La primera producción que echaron a andar fue 'Autorretrato de un joven capitalista', en la que el propio San Juan explica cómo ha sido la vida en España desde 1968 (año de su nacimiento) hasta hoy. "Lo hicimos para comprender cómo hemos llegado hasta aquí", explica.

Luego llegó 'Marca España', una serie de escenas reales (la mayoría) e inventadas que se mezclan para crear "un fresco de la situación actual".

La tercera producción de Teatro del Barrio, que dirige el propio San Juan, es un claro ejemplo del objetivo que se plantearon cuando crearon este espacio "que tiene la voluntad de sumarse a las mareas ciudadanas". "'Ruz-Bárcenas' fue idea de Jordi Casanovas. En febrero me lo envió y lo hubiéramos estrenado antes, pero no quisimos hacerlo hasta tener el reparto ideal". A la sazón, Pedro Casablanc en el papel de Luis Bárcenas, y Manolo Solo en el del juez Pablo Ruz.

© Proporcionado por elmundo.es

La realidad transcrita

'Ruz-Bárcenas' es teatro sobre realidad transcrita y lo más parecido posible a lo que pudo suceder en aquel juzgado al que Bárcenas acudió por segunda vez para desdecirse de algunas de sus primeras declaraciones. Varios medios de comunicación, entre ellos EL MUNDO publicaron en PDF la transcripción de la declaración de aquel día. "Sobre ese texto, Jordi lo que ha hecho es sobre todo cortar algunos trozos muy largos y en casos muy excepcionales, alterar el orden. Pero no se ha añadido absolutamente nada a la declaración. Incluso el monólogo que tiene Bárcenas es la respuesta una pregunta que le hizo su propio abogado, Javier Gómez de Liaño, en esa comparecencia", asegura el director.

El resultado es un Manolo Solo sentado en su mesa rodeado de papeles y un Casablanc en su silla, frente a él, con un micrófono delante. Prácticamente no se mueven, el juego dramático se consigue con la contención de sus gestos, los silencios, la cadencia de las respuestas y las preguntas... Hasta provocar la risa en el espectador y, a veces, incluso la indignación y la sorpresa.

"La obra es posible porque los actores tienen que estar al mismo nivel de realismo del texto, y eso es muy difícil porque el texto es absolutamente real", añade San Juan. Estuvieron buscando la caracterización de Casablanc como Bárcenas, "pero nos dimos cuenta de que era inverosímil si Pedro se maquillaba. Sin estar caracterizado, hay un rito laico en el que entra la gente; el teatro es convención". Al final el actor sale a escena con un traje color crema, pero es su actitud la que hace que, en unos minutos, el espectador sienta que está ante la personalidad que caracteriza a Luis Bárcenas.

"Nos interesaba ver esa conversación porque es como una ventana que permite contemplar el paisaje completo: cómo funciona este sistema de connivencia del poder político y el económico. Hay algo de juicio popular; como ser testigos de lo que pasa de una manera más intensa. La gente se ríe porque flipa", resume el director.

"En la medida en que conozcamos la realidad que nos rodea podremos cambiarla". Alberto San Juan explica que con esa idea nació tanto Teatro del Barrio como la Universidad del Barrio: montar una cooperativa de consumo. Las decisiones del proyecto se toman en asamblea de socios, la idea es que el gobierno lo lleve la gente; hasta ahora se han celebrado asambleas informativas y el año que viene se eligirá un nuevo equipo que lleve el teatro. Se es socio aportando 100 euros en una cuota única que se devuelven cuando el socio abandone el proyecto. "Con esto se convierte en cooperativista del teatro y en miembro de la Asamblea", añade.

El día a día se financia con la taquilla del teatro, el bar y los talleres. "Se hace teatro, música, poesía... Y la Universidad del Barrio organiza debates políticos y sesiones que se graban. Mucha gente colabora desinteresadamente", añade San Juan, que no cobra nada por programar ni dirigir.

La idea que tienen para el teatro es seguir con esa línea en la que se juntan la dramaturgia y el periodismo. Lo siguiente será una serie titulada 'Informe teatral' (a la manera de 'Informe semanal') con cuatro capítulos: la historia de la banca privada en España; las constructoras, eléctricas y empresas del IBEX 35; los medios de comunicación y los partidos políticos y sindicatos. "Serán espectáculos cómicos. Es una respuesta al sistema y todos los partidos y organizaciones sindicales forman parte del sistema", responde Alberto San Juan a la pregunta de si se le dará la misma 'caña' a los escándalos del Partido Socialista, por ejemplo, que a los del Partido Popular. "Por supuesto -añade-. No hay nada sagrado en Teatro del Barrio".

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