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Mónica Naranjo: 'Cumplir 40 es un regalo'

Logotipo de El Mundo El Mundo 16/06/2014 DARÍO PRIETO

Hay quien lo oculta como el paso sin retorno hacia la vejez, pero Mónica Naranjo celebra orgullosa sus 40 años en este 2014 con un disco recopilatorio, '4.0', en el que 'aggiorna' sus grandes éxitos ('Sobreviviré', 'Desátame', 'Europa'), 'petándolos' de electrónica revolucionada. Una celebración con su correspondiente gira, que este viernes y sábado llega a Madrid (Teatro Circo Price)y el próximo día 26 a su Barcelona (Poble Español).

"Ocultarlo es un error, pero se hace. Tengo amigas que llevan cumpliendo 39 años desde hace 10", dice del miedo al 'paso del Ecuador' de la vida. "A ver, llegas a los 40, seas chico o chica, realizado, feliz, con tu familia, estando todos sanos, con la experiencia que te da aprender, sobre todo de lo malo... Coño, pues habrá que celebrarlo", suelta en uno de sus pasionales arrebatos. "Tengo una filosofía en la vida, y siempre se lo digo a mi hijo: si te levantas por la mañana y pones un pie tras otro va a ser un día estupendo, porque estás sano y hay que estar feliz". Ella, que ha conocido lo que es perder un ser querido, dice tenerlo claro: "Cumplir años es un regalo. Siempre".

Mónica, que ahora también ejerce de, asegura que echar la vista atrás, hacia los comienzos de esa chica de pelo bicolor y voz huracanada, "fue muy tierno: Me reencontré con la Mónica de 20 años, que era como son todos los chavales de esa edad, inocente y soñadora". Pero, es curioso, dice, "ya estaba preparada para lo que iba a venir. Fui una niña poco sociable y me vino muy bien irme a México y obligarme a tener amigos en una tierra donde la gente es más cariñosa".

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En México se hizo un nombre y a su regreso a España explotó como icono gay y de la nueva feminidad. "No me di cuenta del impacto que tuve en la gente, todo pasó muy rápido. Estamos hablando de algo no tan físico como subirte a un escenario y que todo el mundo cante tus canciones", evoca.

"Fueron 12 años de éxito tras éxito. Y cuando abandoné el mundo de la música, me encontraba en la cúspide. Y lo dejé por eso: no sabía vivir. Aparte, yo siempre había querido tener familia, y a ese ritmo tenía un divorcio y nada más, ni pareja ni familia ni nada", dice sobre su retirada en 2002. "Y luego, claro, el hastío por la industria", dice con una mueca de asco. "El rifirrafe, el juego psicológico, la presión por mantener una carrera que, en el fondo, no me arropaba cuando tenía frío".

"Cuando dejé el mundo de la música", recuerda, "nadie volvió a hablarme, el teléfono no sonaba y todos los amigos que tenía desaparecieron. Ya no interesaba. Fue una razón más para reforzar el paso que había dado. Menos mal que lo hice, porque mi vida estaba vacía. Durante aquellos siete años, no lo eché de menos ni un día. Además me enamoré, me casé, tuve un hijo... Fíjate lo que me hubiese perdido".

Pero desde que volvió, en 2008, un proyecto le ocupa la mayor parte del tiempo: "Llevo cinco años trabajando en un ópera rock y este recopilatorio ha sido desmelenarse. Justo antes de terminarla, hacer un inciso y celebrar los 40 años, coger lo que a mí me parece más significativo de mi discografía y producirlo otra vez como yo haría estas canciones en la actualidad, con todos los avances y toda la evolución tecnológica que ha habido", relata. "Ésta es la evolución natural de las canciones".

Una recuperación que, dice, le sirve para aprender: "Llevo 22 años haciendo música y no sé nada todavía, porque todo avanza con tanta rapidez que no llego".

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