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Más que un título, España defiende un estilo

EL PAÍS EL PAÍS 13/06/2014 José Sámano
Los jugadores españoles, en el entrenamiento de ayer. © ALEJANDRO RUESGA Los jugadores españoles, en el entrenamiento de ayer.

Los resultados son fugaces. Lo que conviene que prevalezca es la idea. España la tiene, con ella se ha hecho universal y es tan venerada por sus títulos como por su lírica. Por eso, a partir de hoy ante Holanda, en Brasil defenderá algo más que un título: el sustento de su encomiable propósito desde 2008. España podrá ganar o perder, pero lo segundo no debería suponer una catarsis, tan solo una desilusión. Pase lo que pase, el fútbol español debería mantener su etiqueta, fondo de armario tiene para ello, y no hay motivos para que a España se le mire con escepticismo, sean los resultados que sean. Conviene escuchar el mensaje de los más ilustres del fútbol español: “Ganaremos o moriremos con nuestro estilo, cambiar sería un error”, sostuvo ayer Xavi. A su lado, Casillas dio la receta: “Ideas claras, ambición y humildad”. “No le tengo miedo al futuro, lo que viene por detrás nos lo asegura”, enfatizó Vicente del Bosque. Estilo, idea, humildad. Esos son los preceptos que han fortalecido al campeón.

Del Bosque no ha desvelado si envidará con Diego Costa o camuflará a Cesc

Antes de que los marcadores dicten sentencia, a la mejor España de la historia le iría bien rebobinar. Como mínimo, hasta México 86. España acudió a aquel Mundial con una brillante generación de futbolistas abanderados por una quinta maravillosa, una vía perfecta para explorar un rasgo diferenciador que pusiera el sello a una selección sin estilo, cargada de pesadumbres históricas. El Buitre y sus compañeros ofrecían la posibilidad de que España por fin tuviera un catálogo que le sirviera de punto de partida. Una fatídica tanda de penaltis con Bélgica hizo que, en un país donde la selección era incapaz de vertebrar a los clubes, de nuevo, como siempre, sonaran los cañones. Otra vez los parias. Los resultados pueden ser tan corrosivos que, pese a los notables indicios de que sobre aquellos pilares podría construirse algo grande, nada se hizo porque la idea esponjara. Paradójico: deleitaba el Real Madrid, pero el traje no le cabía a España.

A la segunda oportunidad, tampoco. Llegados los noventa, con Johan Cruyff en plena arquitectura del dream team, otra marca a la que agarrarse, España, que entonces ni era Roja ni era nada, se decantó por la senda de Javier Clemente, que siempre consideró que la creatividad conspiraba contra la eficacia, así que el equipo se hizo de hormigón y fue inútil. Paradójico: el exitoso molde azulgrana, tan brillante como eficaz, no tenía lugar en España. No había forma de que la selección fuera permeable al auge de sus clubes.

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Hubo que esperar a 2008, cuando otra quinta, la de los bajitos, tuvo un flechazo tal que España pasó a ser una selección civil en la que los clubes por fin encontraron amparo. Hoy, La Roja es un equipo con un guion innegociable. A eso se aferra salga como salga de Brasil. Ello también formará una parte capital de su legado. Puede que la actual selección brasileña antinatura sea la excepción y lidere este Mundial con su nuevo bosquejo, pero cuando se ha estado ya en la cima no suele ser recomendable un cambio de ruta, por mucho que llegue un paréntesis sin éxitos. Hasta puede que confunda un imprevisto despegue. Holanda, rival de la Roja hoy, es un claro ejemplo.

Con una selección irreconocible como holandesa, la oranje logró un atajo hasta la final de Sudáfrica. Pareció un espejismo. Se olvidó de la patente que le hizo ser embriagadora y hoy anda algo extraviada, con Van Gaal a la búsqueda de cinco zagueros con los que taparse. Ha perdido de vista su academia de toda la vida desde los setenta y su fútbol se ha vuelto improductivo. Con todo, es el subcampeón y se ancla en gente como Sneijder, Robben y Van Persie, que en un buen día pueden tironear a cualquiera. El resto es un grupo tan juvenil que entre Casillas y Xavi suman más partidos internacionales que 17 de los reclutados por Van Gaal. Más contundente aún: 11 de los 23 españoles en Brasil han hecho bingo en Mundiales, Eurocopas y Champions.

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Del Bosque, en el entrenamiento de ayer. / ALEJANDRO RUESGA

España tendrá que tirar de experiencia para abrirse paso en la trinchera holandesa. Arrancar en los grandes campeonatos nunca resulta fácil y, de algún modo, cabe vislumbrar que Holanda se perfile como la Suiza que le hizo patinar en el estreno en Sudáfrica. Con la diferencia de que la contra de los de Van Gaal puede resultar mucho más dañina.

Frente a un adversario bajo techo, Del Bosque no dio pistas sobre el ataque español, donde hay más incógnitas. “Nos ha ido bien cuando hemos jugado con un delantero de referencia que con alguien que llegue entre líneas”, dijo el salmantino, del que se desconoce si envidará con Diego Costa o se inclinará por camuflar a Cesc o incluso Silva. Cuestiones de matiz para una selección que el propio técnico definió con “estable y madura”. Y en boca de todos, la idea, el estilo como eje sustancial de lo que hay en juego.

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