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México 1970: Los cinco magníficos

El Mundo El Mundo 18/06/2014 PEDRO G. CUARTANGO

Jamás ha saltado a un campo de fútbol una delantera como la de Brasil: Jair, Gerson, Tostao, Pelé y Rivelino. Cinco genios que condujeron a la canarinha a ganar el Mundial de México en 1970 con una aplastante superioridad sobre sus rivales. Casi 44 años después, Brasil se enfrentó anoche con México, el país donde deslumbró con un juego basado en el virtuosismo de sus individualidades.

Si el Mundial de Inglaterra se había caracterizado por los errores arbitrales y la violencia en el terreno de juego, el de México transcurrió sin polémica sobre los colegiados y con un nivel de juego que rozó la excelencia.

La competición nos dejo vibrantes partidos que han pasado a la historia de este deporte. En concreto, la victoria de Brasil sobre Inglaterra en la fase clasificatoria, un encuentro celebrado con un calor asfixiante. Recuerdo a los británicos tomando pastillas de glucosa y agua al borde del campo para evitar la deshidratación.

En este match pudimos disfrutar de una parada legendaria de Gordon Banks, el meta inglés, a un soberbio cabezazo de Pelé, que impulsó con fuerza la pelota de arriba hacia abajo. Banks se estiró y sacó el balón con la mano en una acción prodigiosa. Pelé llego a decir que él había metido el gol, pero que Banks lo había parado. Y tenía razón.

El alto y sobrio Banks, apodado El Chino por sus rasgos, fue titular en la selección durante 10 años hasta que una lesión malogró su carrera. A mi juicio, ha sido uno de los cinco mejores porteros de la historia del fútbol. Pelé también fue el autor de otra brillante acción al disparar sobre la meta de Viktor, el meta checo, desde el medio del campo. El balón no entró pero nadie ha olvidado esa genialidad, al igual que permanece en el recuerdo de los aficionados al fútbol la épica prórroga entre Alemania e Italia en las semifinales. Beckenbauer, con el brazo entablillado, empujo a su equipo con un coraje increíble, pero Rivera marcó en los últimos instantes el gol de la victoria.

La final se celebró en el recién construido Estadio Azteca, con capacidad para 110.000 espectadores. Italia había llegado merecidamente a la cita con un plantel de buenos jugadores, entre los que destacaban Fachetti, Rosato, Cera, Mazzola, Boninsegna, Riva y el exquisito Rivera, con un excelso toque de balón. Durante la tarde había llovido intensamente, pero media hora antes escampó y salió un sol radiante que preludiaba el gran espectáculo que se iba a vivir bajo el arbitraje de Glöckner. Brasil empezó muy fuerte y Pelé marcó de un cabezazo en el minuto 18. Pero Italia no se desanimó y comenzó a contraatacar con peligro. Boninsegna empató al borde del descanso por un clamoroso error del portero Félix.

© Proporcionado por elmundo.es

Fue un espejismo porque en el segundo tiempo Brasil desató un auténtico vendaval de juego y goles con tantos de Jair, Gerson y Carlos Alberto. El mejor del encuentro fue, a mi juicio, Gerson, un interior calvo y con un poco de chepa del Sao Paulo, que parecía omnipresente en el campo.

Tras el feísmo y los malos modos que imperaron en Inglaterra, Brasil devolvió la grandeza al fútbol. Nunca lo olvidaremos.

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