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Madina apócrifo

El Mundo El Mundo 16/06/2014 SANTIAGO GONZÁLEZ

La Secretaría del PSOE es uno de los más altos destinos a que puede aspirar un ser humano en esta vida, de ahí que yo me sienta un elegido, incluso antes de ser elegido. De momento, el fundamento de mi programa, la elección del secretario general por el voto directo de las bases, y no a través de delegados, ya es un hecho.

Esta es el arma secreta con la que voy a batir a mi alter ego en la izquierda, Pablo Iglesias. Convocar a 200.000 afiliados para elegir al secretario general por primera vez en 135 años es un cambio histórico: la democracia directa, asamblearia, en un partido de lucha y de gobierno. Frente a eso, Podemos no puede. Dicen algunos, como un antiguo secretario general de mi partido, que «si jugamos a Podemos, gana Podemos», pero eso es porque no han calibrado bien las circunstancias: Podemos está en el reino de la utopía y mi programa, en la república de la realidad.

Propongo el paso más grande que ha dado la democracia desde sus orígenes, pasar de ser representativa a participativa, vía referendos, y a la democracia directa, abstenerse intermediarios. Es el primer paso, un afiliado un voto, pero en el partido que más se parece a España, las conquistas democráticas no han de ser solo para el partido; tenemos que extenderlas como un derecho más, a todas las instituciones, a España entera.

Yo comprendo que esto va a dejar en mal lugar al modelo que siempre hemos tenido: la II República. Su llegada no fue el producto de la democracia participativa:no hubo un referéndum para elegir la forma del Estado. Tampoco sus dos presidentes fueron elegidos en democracia directa, sino a través de compromisarios. También entiendo, y esto es más duro, que los socialistas debemos hacer una autocrítica que yo, como aspirante, resumo en una promesa: jamás de los jamases haré pactos para suplantar al candidato a la Presidencia del Gobierno que los españoles y las españolas hayan elegido con su voto directo.

No siempre lo hemos hecho así. Hace cinco años, por ejemplo, mi amigo Patxi López accedió ilegítimamente al cargo de lehendakari, a pesar de que Ibarretxe había obtenido 81.500 votos más de los vascos y las vascas. Gracias al PP, ¡qué vergüenza!. El PSC aupó a Montilla a la Generalitat en noviembre de 2006, pese a que Artur Mas había sacado 140.000 votos más. En Galicia, mi compañero Pérez Touriño suplantó a Manuel Fraga, que estaba apoyado por 201.000 gallegos más.

En Cantabria, en 2003 y 2007, dimos la Presidencia al tercer y segundo candidato en número de votos. Quizá por eso nosotros pasamos de segundos a terceros. En Andalucía nos apoyamos en Izquierda Unida en marzo de 2012 para suplantar al candidato que había concitado una mayor preferencia de los andaluces. Lo mismo en Baleares en 2007.

En Madrid lo intentamos en 2003, cuando Simancas pactó con Fausto contra la candidata preferida de los madrileños. Y las madrileñas, claro. Menos mal que dos socialistas ejemplares, Tamayo y Sáez, abortaron aquello a tiempo. Y aún hay quien dice que yo era el candidato de Zapatero, hay que joderse.

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