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Madrastras, cómo ha cambiado el cuento

Logotipo de El Mundo El Mundo 30/09/2017 CARLOS ALCELAY

"Desde el primer día que fui al colegio a recoger a mi hijastro noté que no era bien recibida. Las profesoras me ponían muchas pegas para entregarme al niño si no estaba mi pareja o su madre biológica. Además, me parecía que los padres me miraban mal. Al cabo de unos meses, hubo una reunión escolar para establecer que a los alumnos únicamente los pudiera recoger un familiar directo. Eso lo hicieron solo por mí. Imagínate lo que sentí". Es la experiencia de la psicóloga y 'coach' Berta Capdevila, fundadora de la plataforma

SerMadrastra.com

y ahora también madre de un hijo, que recuerda con amargura esa primera etapa en la que tuvo que afrontar, sin saber muy bien cómo, una responsabilidad tan desconcertante como exigente. "Te ves fuera de lugar. No sabes cómo actuar. Por un lado estás involucrada porque debes asumir funciones parentales pero, por otro, te sientes rechazada", explica, "lo peor es que no cuentas con nadie que te aconseje. Hay muchos grupos de apoyo a la crianza, pero ninguno para las madrastras, por eso quise crear nuestra plataforma".

Suele decirse que la llegada de los hijos es una prueba de resistencia para las parejas. Probablemente los hijastros supongan un desafío aún mayor, en especial para las mujeres que pretenden encajar en una familia resquebrajada por una separación. "No creo que ningún hijo se lo ponga fácil a la nueva pareja de su padre. En mi caso fue muy duro y estuvo a punto de arruinar nuestra relación", afirma Yolanda A., que hoy, con 50 años y dos hijos propios, relata su experiencia con el orgullo de haber ganado aquella batalla: "El niño me odiaba. Me decía que su madre, quien los había abandonado un año antes, era más guapa y más lista. No soportaba estar conmigo. Si un desconocido me confundía con ella, él gritaba histérico que yo no era su madre. Necesité mucho tiempo y paciencia para pasar a ser solo la novia de papá. Al final me presentaba como su propia novia y aseguraba rotundo que se iba a casar conmigo".

© Proporcionado por elmundo.es

Sandra Ruiz González, psicopedagoga y especialista en psicología infantil, ha visto en su consulta a muchos niños y madrastras que han vivido ese mismo proceso de adaptación. Según su experiencia, es fundamental no precipitarse ni generar falsas expectativas. El deseo del padre de que se lleven bien desde el principio y el de la madrastra de establecer cuanto antes una relación amistosa hacen más probable el conflicto. "Se debe reconstituir la familia de forma paulatina porque el hijo seguramente siga elaborando el duelo de la separación de sus padres. Antes de conocer a otro adulto que entra en su vida, tendría que darse cuenta de que no hay vuelta atrás en la ruptura. Y el padre no debería presentarle a su nueva pareja hasta que la relación esté muy consolidada. Mientras que no sea así, es mejor ocultársela. En todo caso, nunca presentarla solo como una amiga, porque es posible que al conocer la verdad se sienta engañado y eso le genere más rechazo".

Una equivocación que a veces se comete es pensar que el afecto basta para generar vínculos con los hijastros:"No puede afrontarse esa situación pensando que todo va a resultar ideal porque si no es así, y eso suele ser lo habitual, ella sufrirá con la frustración y sentirá unas emociones negativas que la harán encontrarse muy mal", advierte Berta Capdevila.

Alguien debería habérselo dicho a Marta L. (37 años) cuando se encontró conviviendo con su pareja y dos hijos de 11 y 14 años, un núcleo familiar muy fuerte en el que no veía dónde encajaba: "Todo giraba en torno a los chicos. En cuanto ellos llegaban, yo casi dejaba de existir. Llegué a un punto en que me sentía celosa de lo que compartían con su padre y triste cuando ellos aparecían por casa. Creía que era una persona horrible por pensar esas cosas, incluso me afectó a la autoestima, pero luego he hablado con otras mujeres en mi situación y he visto que son sentimientos normales y que suelen superarse cuando te das cuenta de que no todo depende de ti".

La madre biológica resulta un elemento esencial en ese proceso, aceptando o saboteando la nueva relación.

"Existe un bagaje cultural por el cual se asume que lo natural es que la madre biológica recele de la mujer de su ex. Eso no es de recibo. La prioridad siempre debe ser el beneficio del menor y cualquier guerra es mala para ellos. La madre debe aceptar que la madrastra va a asumir algunas de sus funciones, porque ella también les va a dar de comer, va a llevarlos al colegio, los va a bañar y a consolarlos por las noches. Si va a hacer cosas tan importantes, lo correcto es facilitarle esa tarea por el bien de sus hijos", asegura Arantza Pérez Mijares, psicóloga especializada en parejas.

No fue así en el caso de Marta L. A sus inseguridades personales se sumó el rechazo de la madre biológica quien, según relata ella, ponía en cuestión su papel frente a los niños. De hecho, la relación de Marta con ellos sólo empezó a mejorar cuando la madre se mudó a otro país y su pareja asumió la custodia. Su caso contrasta con el de la estadounidense Audrey Nicole, una mujer anónima hasta que publicó en Facebook una carta de agradecimiento a la novia de su ex por la manera de cuidar a su hija de cuatro años: "¿Por qué hay madres celosas que actúan de forma tan odiosa? Nadie dijo que fuera fácil intentar ser la madre de un hijo que no es tuyo". Y concluía: "Un niño puede tener dos madres, cuantas más personas lo quieran, mejor". La carta de Audrey se hizo viral, lo que demuestra que este es un tema sensible en una sociedad donde las parejas tienen cada vez una vida más corta y los entramados familiares se vuelen diversos y complejos.

Para evitar problemas es esencial que el padre haga entender a su hijo que la madrastra no es una sustituta y que nunca tendrá que elegir entre dos bandos. "Pero también resulta importante que le deje claro que su nueva pareja va a tener responsabilidades y que a menudo delegará su autoridad en ella. Es tan perjudicial intentar que se lleven bien enseguida y obligar a que pasen mucho tiempo juntos como desentenderse de esa relación y dejar que ella construya sola el vínculo", apunta la psicóloga Sandra Ruiz.

Fabio R. tenía ocho años cuando sus padres se separaron y 11 cuando conoció a Claudia, la segunda mujer de su padre. Hoy, con 15, reconoce que no fue un drama, pero que le generó incertidumbres: "Pensaba algunas tonterías, como que a lo mejor ella me robaba el cariño de mi padre. Y como no me caía mal, me sentía culpable porque creía que estaba traicionando de alguna manera a mi madre. Luego te acostumbras y todo se vuelve... normal".

Por todo ello resulta imprescindible una buena comunicación para construir un entorno adecuado donde se intente evitar un cambio drástico en la vida de los hijos. Como explica Berta Capdevila, "los niños necesitan que sus rutinas no se modifiquen y mantener su intimidad con el padre. Pero, al mismo tiempo, para favorecer la integración de la madrastra en el núcleo familiar se deberían fomentar con ella nuevas actividades y costumbres comunes; generar una dinámica agradable. Quizá nunca se comparta un amor ideal, pero el objetivo es que todos se sientan a gusto. Y eso puede llevar años".

Capdevila sustenta sus opiniones en su condición de psicóloga, madrastra y también de hijastra afortunada. "Mi primera madrastra supo crear a mi alrededor una sensación de hogar en el que me sentía acogida. Nuestro vínculo llegó a ser tan estrecho que cuando mi padre se separó de ella, él y yo nos distanciamos. Mi segunda madrastra, actual pareja de mi padre, asumió el papel de aglutinante de la familia porque, en buena medida, ha sido ella quien ha logrado que nos sintamos de nuevo unidos. Soy una persona con suerte: tener una madre y dos madrastras ha enriquecido y mejorado mi vida", afirma. Parece que con la ruptura definitiva del modelo único de familia las madrastras han dejado de ser al fin las malas del cuento.

Hijastros de la fama

Tener una imagen pública y estar sometida al escrutinio de los medios hace mayor el desafío de encajar en un núcleo familiar estable. Isabel Preysler lo sabe bien. Nunca ha disfrutado de una buena relación con sus cuatro hijastros, hijos de Carlos Falcó y de

Miguel Boyer

. Y las diferencias con los de su actual pareja, Vargas Llosa, se han aireado en las portadas. Tampoco ha debido de ser fácil para Eva Longoria crear un vínculo con los tres hijos de su actual marido, José Bastón, como dejó traslucir en una entrevista al canal Extra TV: "Ya sabes que los niños son difíciles. No tengo hijos, pero sí hijastros. Me encanta ser su madrastra, pero es algo que te deja agotada". Salma Hayek parece que afrontó ese papel de manera más relajada tras casarse con François-Henri Pinault, que ya tenía tres hijos. "Como tiendo a respetar a sus madres y las reglas que ellas les imponen, mi trabajo consiste en crear un ambiente en el que se sientan en familia, seguros y mimados. Siempre pueden contar conmigo. Además, no suelo regañarles", explicó en la revista 'Psychologies'.

El caso de Gisele Bündchen es  peculiar. Poco después de comenzar su relación con el jugador de fútbol americano Tom Brady, ambos se enteraron de que él había dejado embarazada a su ex antes de romper. Ahora la modelo lo ve como una bendición: "Me siento feliz por tenerlo en mi vida. Tiene una madre, pero no deja de ser mi hijo por el hecho de que otra mujer lo haya parido". Lo que parece demostrar que la maternidad tiene más que ver con las emociones que con la biología.

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