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Maduro y la disidencia chavista

dw.com dw.com 13/06/2016 Evan Romero-Castillo (ER)
El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro. © 2016 DW.COM, Deutsche Welle El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

En Venezuela, una coincidencia de incidentes que involucran a “rebeldes” del chavismo no es percibida por ellos como fortuita, sino como resultado del empeño del Gobierno en enmudecer a quienes critican su gestión.

Las fricciones han vuelto a agudizarse entre los chavistas que asumen una postura crítica de cara al gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) y el presidente Nicolás Maduro. El pasado viernes (10.6.2016), agentes armados de la policía técnica judicial –conocida por sus siglas CICPC– allanaron la sede nacional de Marea Socialista (MS), una organización política que se autodefine como “chavista no madurista”. Sus representantes decidieron acudir este lunes (13.6.2016) a la Justicia para exigir que las autoridades investiguen lo ocurrido.

“Ese allanamiento tiene causas estrictamente políticas”, dijo Nicmer Evans, portavoz del grupo, desestimando las explicaciones ofrecidas por Douglas Rico, director del CICPC. Rico aseguró que el registro contaba con una orden legal, que su propósito era arrestar a una o varias personas acusadas de extorsión y que se ignoraba que la oficina perteneciera a MS. Evans respondió que ese operativo policial no era el único indicio de un posible ensañamiento de Maduro con quienes reprueban su manejo de la crisis venezolana.

El mismo día en que la sede de MS fue inspeccionada, los operadores de aporrea.org –uno de los órganos divulgativos independientes más importantes de la izquierda local– denunciaron ataques cibernéticos que dejaron al sitio web inactivo durante horas. Para Evans, la simultaneidad de esos sucesos no es fortuita, sino el resultado del empeño en enmudecer a quienes objetan el rumbo tomado por la “Revolución Bolivariana” con Maduro como timonel. El vocero de MS también involucró al antichavismo en esta trama.

“Madurismo”: síntomas de crisis interna

A ojos de Evans, el allanamiento pudo haber sido ordenado para castigarlo por haber declarado públicamente que Maduro y Henry Ramos Allup, secretario general del partido opositor Acción Democrática y presidente del Parlamento venezolano, buscaban pactar secretamente una transición gubernamental, cuyo éxito dependería de la postergación del plebiscito revocatorio hasta después del 10 de enero de 2017 y de la permanencia del PSUV en el poder hasta 2019. ¿Es esta una elucubración forzada, una teoría de conspiración?

“Lo único que puedo decir es que Ramos Allup no ha sido uno de los defensores más entusiastas del referendo. Sus razones debe tener… Yo las desconozco…”, concede Fernando Mires, profesor emérito de la Universidad de Oldenburg y conocedor del acontecer venezolano. “En todo caso, el allanamiento en cuestión es otro síntoma de la crisis interna del ‘madurismo'. Éste coincide con la rumorada emisión de una orden de arresto contra dos generales retirados que han criticado abiertamente la gestión de Maduro”, acota el catedrático.

Mires se refiere a una información que el diario El Nuevo Herald puso a circular el viernes (10.6.2016), citando siempre fuentes anónimas. Según el matutino de Miami, Maduro y el gobernador del estado Aragua, Tarek El Aissami, mandaron a detener al mayor general Clíver Alcalá y al exgobernador de Mérida Florencio Porras, quienes fueron camaradas de Hugo Chávez durante la intentona golpista del 4 de febrero de 1992. El Gobierno venezolano no se ha pronunciado formalmente sobre este asunto.

Un mensaje para la disidencia chavista

“Si lo de la orden de arresto fuera cierto, cabría pensar que se intenta amedrentar a todos los rebeldes del chavismo y que el PSUV se apresta a dar un salto cualitativo; un salto cuyo preludio ha sido la militarización absoluta del régimen”, comenta Mires, sugiriendo que, como movimiento político, MS no es tan insignificante como el PSUV lo ha querido hacer parecer. “Quizás no cuente con un gran número de militantes en este momento; pero eso no impide que pueda llegar a acumular capital simbólico”, opina el politólogo.

“Los activistas de Marea Socialista promueven el retorno a un chavismo puro, virginal e inmaculado que, por supuesto, nunca existió, pero que, a la larga, como idea, puede terminar atrayendo hasta a quienes todavía respaldan al PSUV y a Maduro”, agrega Mires. Jesús Azcargorta, autor del libro Los partidos monopólicos latinoamericanos, lo secunda. Su argumento: los partidos hegemónicos se esmeran en mantener la cohesión en sus filas porque saben que de los cismas surgen grupos capaces de disputarles la posición de mando.

“Cuando todo va bien, la cúpula del partido monopólico trata de fomentar la unidad interna echando mano a los símbolos; como el culto a las personalidades del Ché Guevara y de Camilo Cienfuegos en Cuba, por ejemplo. Cuando eso no basta o incluso es contraproducente –como en el caso de Venezuela, donde al Gobierno de Maduro se le reprocha el haberse apartado de la senda trazada por Hugo Chávez–, el partido hegemónico tiende a recurrir a la fuerza. El allanamiento de la sede de Marea Socialista puede interpretarse como un mensaje dirigido a quienes contrarían o piensan contrariar al liderazgo del PSUV”, añade Azcargorta.

Autor: Evan Romero-Castillo (ER)

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